jueves, agosto 27, 2026
Publicidad

Destacados

Inicio Destacados Página 6

Benjamín Corral: el descenso como punto de partida

0

Entre lesión, rendimiento y proyección internacional, el rider chileno reconfigura su carrera en un deporte donde el margen siempre es mínimo.

Antes de competir, el vínculo con la bicicleta ya estaba instalado. No como disciplina, sino como práctica constante, como una forma de moverse y entender el entorno desde chico. “Desde muy pequeño ando en bicicleta, es mi pasión. Inicié en el BMX freestyle a los 4 años y en paralelo siempre salía con mi familia al cerro. A los 10 años me motivé a comenzar en el mountain bike junto a mi hermano, con quien nos fuimos metiendo cada vez más en este mundo hasta conseguir una bicicleta de enduro para llegar a esas bajadas en el Panul y Peñalolén”, explica Benjamín Corral. Ese inicio no responde a una estructura formal, sino a un acceso natural al deporte.

Con el tiempo, esa práctica se vuelve competitiva, pero sin cerrar del todo el camino. “En 2016 comencé a competir en enduro y participé en varios campeonatos nacionales hasta 2024, logrando títulos en distintas categorías. También tuve la oportunidad de correr Copas del Mundo, donde destacó un tercer lugar Sub 21 en Crans-Montana”, detalla, marcando una progresión que convive todavía con la exploración.

“Para rendir a nivel competitivo se necesita mucho esfuerzo, tanto arriba como abajo de la bicicleta”.

El descenso aparece después, condicionado por factores que no siempre se consideran. “Siempre me llamó la atención, pero era difícil entrar, principalmente por no contar con camioneta, que es clave para practicar. Con el tiempo me fui enamorando del descenso, especialmente en el bike park de Chillán. Ahí entendí que esto era lo que realmente me apasionaba: conocer pistas nuevas, compartir con amigos y llevarme al límite”, explica . La decisión no es solo deportiva, también es logística.

Ese proceso se interrumpe de forma abrupta. “Un gran punto de quiebre fue un accidente de tránsito. Un auto no respetó un disco Pare y me chocó mientras iba en motocicleta. Sufrí una triple fractura expuesta, la amputación de un gemelo y una reconstrucción completa del tobillo”, relata. La pausa no es solo física, también instala una duda que atraviesa el proceso.

En ese contexto, la recuperación se convierte en parte de la carrera. “Estuve un mes hospitalizado y varios meses sin saber si volvería a andar en bicicleta. Fue un momento muy duro, pero también me entregó madurez y aprendizajes que hoy aplico en mi vida y en mi carrera deportiva”, explica, integrando esa experiencia dentro de su desarrollo como rider.

Lo que exige competir: más que velocidad y técnica

Esa experiencia también amplía la forma en que entiende el rendimiento. “Para poder rendir a nivel competitivo se necesita mucho esfuerzo, tanto arriba como abajo de la bicicleta. Hay que prepararse físicamente, entrenar técnica, entender el seteo y la mecánica, y además contar con respaldo económico”, plantea dejando en claro que el rendimiento no se limita a lo que ocurre en la bajada.

“Siempre me llamó la atención el descenso, pero era difícil entrar, principalmente por no contar con camioneta, que es clave para practicar este deporte”.

Ahí aparece también una dimensión que suele quedar fuera. “El apoyo de marcas y equipos es fundamental para potenciar el ciclismo. También es clave que nosotros como deportistas entendamos el marketing deportivo, sepamos proponer proyectos y darle valor a lo que hacemos”, agrega.

Su rutina actual responde a esa lógica más amplia. “Además de estudiar Kinesiología, realizo tres sesiones de preparación física a la semana y trato de andar en bicicleta al menos cuatro veces. Combino enduro en e-bike y entrenamientos específicos de descenso, porque eso me permite trabajar de manera integral”, detalla. 

El acceso al deporte, sin embargo, sigue marcando diferencias. “Se puede empezar de buena forma si se hace progresivo. Hoy hay más opciones de bicicletas, pero sigue siendo un deporte caro y de alto riesgo, por lo que avanzar con calma es clave para evitar lesiones”, explica, situando el punto de partida en una lógica más realista.

Las referencias aparecen como guía, pero también como espejo para Benjamín:“ Admiro a Amaury Pierron por su capacidad de volver después de lesiones y mantenerse en el más alto nivel”, dice. A nivel local, el vínculo es más cercano. “Pedro Burns logró resultados importantes y apoyo internacional, algo que muchos buscamos”. 

“Estuve varios meses sin saber si volvería a andar en bicicleta, fue un momento muy duro pero también me entregó madurez y aprendizajes”.

El 2024 se instala como un año de consolidación dentro de ese proceso. “Fue el año en que destapé como rider de descenso, gané varias competencias y clasifiqué a la final de la Copa del Mundo en Andorra”, recuerda, integrando resultados dentro de una progresión más larga.

Aun así, el vínculo con la bicicleta no se reduce a competir. “Lo que más me importa es disfrutar la adrenalina de cada bajada, conocer lugares y compartir con personas increíbles. Pero siendo honesto, cuando compito quiero ser el más rápido”, dice, manteniendo esa doble dimensión dentro de su forma de entender el deporte.

Esa misma lógica aparece cuando proyecta lo que viene: “Siento que mi carrera recién comienza. Terminando mi carrera universitaria, quiero dedicar el 100% a buscar mi mejor versión como rider y desarrollar proyectos personales junto a marcas”, explica.

En ese recorrido, el descenso no aparece como una meta final ni como un punto de llegada definitivo para Benjamín Corral. Se instala más bien como el espacio donde se cruzan todas las variables que han ido moldeando su carrera: el entorno, las condiciones, la lesión, el aprendizaje y la proyección.

Agustín Errázuriz: disciplina, proceso y el camino chileno hacia el PGA Tour

0

Campeón del Abierto de Chile 2023 y formado en el competitivo circuito universitario estadounidense, el golfista nacional construye su carrera desde una convicción silenciosa basada en la idea de que el alto rendimiento no depende solo del talento, sino de la capacidad de sostener un proyecto de vida completo alrededor del deporte.

El golf pocas veces entrega certezas inmediatas. Es un deporte donde el progreso suele medirse en años más que en temporadas, y donde la diferencia entre promesa y profesional se construye lejos de los focos. En ese tránsito aparece Agustín Errázuriz, uno de los nombres que comienza a consolidar el recambio de este deporte en Chile desde una lógica menos explosiva y más estructural donde lo principal es la disciplina, la paciencia y el trabajo sostenido.

A sus 26 años, el profesional chileno ha ido trazando una progresión consistente dentro del circuito internacional. Tras graduarse en Lynn University, en Estados Unidos, uno de los espacios más competitivos del golf universitario, dio el salto al profesionalismo en 2021, iniciando un proceso orientado a instalarse en los circuitos mayores del continente.

El punto de inflexión llegó en 2023, cuando se coronó campeón del Abierto de Chile con una actuación dominante, superando a figuras consolidadas como Joaquín Niemann y Mito Pereira. El triunfo no solo significó el mayor logro de su carrera hasta ahora, sino también su irrupción definitiva dentro del alto rendimiento nacional y la confirmación de una nueva generación competitiva del golf chileno.

Desde entonces, Errázuriz ha mantenido presencia en torneos del PGA Tour Latinoamérica y competencias internacionales, consolidando resultados y acumulando experiencia en escenarios de alta exigencia. Su evolución responde a un modelo cada vez más común en el golf moderno: equipos multidisciplinarios, planificación física y mental, y una comprensión del deporte como proyecto integral más que como rendimiento aislado.

Lejos de las narrativas inmediatas del éxito, su carrera se sostiene en una idea que atraviesa toda su trayectoria: entender que competir no es únicamente jugar bien una semana, sino construir durante años las condiciones para llegar —paso a paso— al máximo objetivo declarado por el propio jugador: alcanzar el PGA Tour y posicionar nuevamente a Chile dentro de la élite del golf mundial.

¿En qué momento de tu vida entendiste que la disciplina no era solo entrenar más, sino una forma de ordenar todo tu proyecto personal y deportivo?

Me di cuenta de que la disciplina no era solo entrenar más, sino ordenar completamente mi vida en torno al golf: el trabajo físico, la nutrición, la preparación mental y también los tiempos fuera de la cancha. Ese cambio llegó en 2021, cuando me hice profesional y comencé a formar un equipo de trabajo. Con los años se fueron integrando más especialistas y entendí que el alto rendimiento depende de sostener procesos con paciencia y constancia. Ahí comprendí que la disciplina era el eje de todo.

Si miras tu historia en retrospectiva, ¿cuáles fueron los primeros sacrificios reales que te hicieron notar que el golf podía ser un camino de largo plazo?

Lo entendí desde muy joven, cuando competía en etapa juvenil y empecé a notar que para avanzar había que sacrificar muchas cosas: tiempo con amigos, momentos familiares y experiencias propias de la edad. Cuando decidí hacerme profesional ya sabía que ese sería el camino. El golf exige renuncias constantes, pero también te demuestra que, si uno trabaja con convicción y claridad, es posible progresar.

¿Cómo recuerdas tu llegada a Estados Unidos para estudiar y competir, y qué impacto tuvo en tu formación?

Estados Unidos fue una experiencia increíble y muy determinante para mi madurez personal y deportiva. Competir ahí significa enfrentarse permanentemente con algunos de los mejores jugadores del mundo, en un nivel de exigencia muy alto. Ese entorno me preparó para el profesionalismo y me obligó a crecer rápido. El proceso previo a entrar a la universidad fue clave, porque ahí sentí que realmente estaba dando el salto hacia el alto rendimiento.

¿De qué manera el golf te abrió oportunidades en educación y cómo influyó eso en tu proyección profesional?

Al principio fue desafiante, porque siempre tuve un foco muy fuerte en el deporte más que en lo académico. Sin embargo, estudiar en Estados Unidos me obligó a organizarme mejor y compatibilizar ambas exigencias. Aprendí a administrar el tiempo para rendir en clases y mantener el nivel competitivo, entendiendo que la formación académica también entrega herramientas importantes para proyectar la carrera deportiva a largo plazo.

¿Cómo lograste equilibrar exigencia académica y alto rendimiento sin perder foco ni motivación?

Fue un proceso de adaptación. Tuve que aprender a estructurar bien mis tiempos para poder entrenar y estudiar al mismo nivel de exigencia. Con el tiempo entendí que ambas cosas podían complementarse y que la organización diaria era fundamental para mantener el foco y la motivación.

En tu rutina diaria, ¿qué hábitos explican tu constancia y evolución como deportista?

La clave ha sido trabajar todos los días de la misma manera, sin perder el foco en el objetivo a largo plazo. La motivación viene de querer mejorar constantemente y de tener claridad sobre el futuro que estoy buscando. También ha sido fundamental desarrollar paciencia, aprender a enfrentar los momentos difíciles y entender que los malos períodos son parte del proceso. No rendirse ha sido una de las mayores enseñanzas.

El Abierto de Chile 2023 marcó un punto alto en tu carrera: ¿qué historia personal hay detrás de ese campeonato?

Ese resultado fue consecuencia de un proceso largo de trabajo y aprendizaje. Hubo mucha preparación previa, confianza en el equipo y la capacidad de mantener la calma en momentos importantes del torneo. Más que un logro puntual, fue la confirmación de que el trabajo sostenido y la paciencia terminan dando resultados.

¿Cómo ha sido la influencia de Eduardo Miquel en tu carrera y qué significa trabajar con un entrenador de su trayectoria?

Con Eduardo entreno desde 2013 y siempre mantuvimos contacto, pero hoy que es oficialmente mi entrenador la diferencia ha sido enorme. Es alguien con mucha experiencia, que está pendiente no solo de mi juego, sino también de cómo estoy a nivel personal. Conversamos mucho y eso genera una confianza muy fuerte. Trabajar con un entrenador que ha formado a jugadores como Joaquín Niemann eleva el estándar y ha sido un apoyo clave en esta etapa de mi carrera.

Mirando hacia adelante, ¿cuáles son hoy tus principales desafíos deportivos?

Mi gran objetivo es llegar al PGA Tour. Es un sueño claro, pero entiendo que debe construirse paso a paso. Este es un proceso largo que requiere tiempo, aprendizaje y constancia. Por eso creo que la disciplina y la paciencia serán fundamentales para seguir avanzando y enfrentar los desafíos que vienen.

Pensando en jóvenes deportistas que sueñan con estudiar y competir al mismo tiempo, ¿qué aprendizaje destacarías de tu propia historia?

Les diría que se atrevan a intentarlo, especialmente si tienen la posibilidad de estudiar y competir en Estados Unidos. El nivel competitivo es muy alto y permite crecer mucho, tanto deportiva como personalmente. Ahí uno aprende disciplina, organización y cómo prepararse para una carrera profesional. Si tienen un sueño, lo importante es trabajar por él y aprovechar esas oportunidades.

Fotos: Onlygolf