miércoles, agosto 26, 2026
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NOBU Hotel Los Cabos: donde el tiempo se mide distinto

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Entre piscinas infinitas, gastronomía japonesa de autor y una atmósfera de lujo minimalista frente al Pacífico, este resort se ha convertido en uno de los refugios más exclusivos de México. Un lugar pensado para desconectarse, bajar el ritmo y vivir Los Cabos desde una mirada sofisticada, serena y profundamente sensorial.

Hay hoteles que se sienten diseñados para dormir bien. Y hay otros -muy pocos- que parecen creados para conectarse consigo mismo desde el primer minuto. NOBU Hotel Los Cabos pertenece a esta segunda categoría: un refugio minimalista frente al Pacífico, donde el lujo no necesita exagerar para hacerse notar.

Llegar ya es parte de la experiencia. El resort está dentro de la exclusiva comunidad de Diamante, lejos del ruido más turístico de Cabo San Lucas. Ese aislamiento juega a su favor: aquí el protagonista no es el caos playero, sino el silencio, el sonido del mar y una estética que mezcla Japón y Baja California con una elegancia casi cinematográfica.

Desde los pasillos de piedra y madera clara hasta las piscinas infinitas que parecen fundirse con el océano; todo tiene una lógica zen. El diseño sigue la filosofía clásica de NOBU: líneas limpias, tonos neutros y espacios amplios, donde el lujo se siente más emocional que ostentoso. Las habitaciones mantienen esa misma idea, con enormes camas, duchas tipo lluvia, bañeras japonesas y terrazas privadas, que invitan a quedarse horas viendo el atardecer.

Pero sería imposible hablar de este hotel sin mencionar la comida. Porque en NOBU Hotel Los Cabos, comer no es un complemento del viaje: es el viaje en sí mismo. El restaurante principal del hotel gira en torno al universo culinario del chef Nobu Matsuhisa y logra algo difícil en los resorts de lujo: que los huéspedes realmente esperen la hora de la cena. El famoso black cod miso, los sashimis delicados y los cócteles de inspiración japonesa aparecen en mesas iluminadas tenuemente, con una atmósfera sofisticada pero relajada.

La experiencia gastronómica se complementa con otros espacios dentro del complejo: cocina mexicana contemporánea, steakhouse y bares junto a la piscina, donde el día puede pasar fácilmente entre margaritas, música suave y largas conversaciones frente al mar. Muchos viajeros coinciden en que uno de los mayores aciertos del hotel es precisamente que no se necesitas salir del resort para sentir que el viaje está completo.

Y aunque el ADN del lugar es claramente sofisticado, no cae en la frialdad. El servicio mantiene esa hospitalidad japonesa detallista que caracteriza a la marca, con pequeños gestos que elevan la estadía: atención personalizada, rituales de spa y experiencias privadas que van desde liberación de tortugas hasta avistamiento de ballenas en temporada.

“Se trata de una propuesta exclusiva, donde se siente la invitación a la desconexión desde el primer momento. Un ambiente premium, entre diseño minimalista y gastronomía de alto nivel. Un lugar donde podemos pensar con tranquilidad, contemplar el paisaje y conversar con los nuestros”, señaló Leonel Reyes, director para América Latina de la cadena detrás de esta propiedad.    

NOBU Hotel Los Cabos es un resort que apuesta más por la contemplación que por la fiesta. Un lugar donde el tiempo se mide distinto: entre un café mirando el océano, una tarde completa en la piscina y una cena que se alarga mucho más de lo planeado. Un hotel que entiende que el verdadero lujo, hoy, quizás sea simplemente desconectarse del mundo por unos días.

Muna Restaurant: una joya gastronómica

Muna es otro de los restaurantes que se pueden encontrar dentro de NOBU Hotel Los Cabos. Se trata de un espacio concebido para explorar una visión contemporánea de la alta cocina, donde la experiencia gastronómica nace del respeto al producto y de la conexión con el entorno. 

Su nombre, de origen árabe, significa “deseos” y evoca una propuesta creada para despertar los sentidos, con un menú que se inspira en los sabores del Mediterráneo y abraza las culturas que rodean esta región. 

Un imperdible para quienes aman la alta cocina con productos locales.

Big Wave Risk Assessment Group: Seguridad para desafiar gigantes

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El BWRAG reúne a algunos de los surfistas y rescatistas más experimentados del mundo para compartir protocolos, técnicas y conocimientos que hoy forman parte de la evolución del surf de olas grandes. En Chile, Punta de Lobos se ha consolidado como uno de los escenarios donde esa cultura de seguridad encuentra su mejor expresión.

Cuando las olas superan los siete metros, el margen para improvisar prácticamente desaparece. Cada decisión, cada maniobra y cada integrante del equipo cumplen un rol específico. En el surf de olas grandes, la diferencia entre una buena sesión y una emergencia muchas veces no depende únicamente del talento sobre la tabla, sino de la preparación que existe antes de entrar al mar.

Durante décadas, el relato del big wave estuvo asociado casi exclusivamente a la valentía. La experiencia se adquiría enfrentando condiciones extremas y aprendiendo, muchas veces, después de un accidente. Esa realidad comenzó a cambiar a medida que el deporte evolucionó y entendió que desafiar olas gigantes también exige planificación, protocolos y trabajo en equipo.

«Hemos podido conectar a la comunidad y tomar conciencia de la importancia de la seguridad oceánica en la práctica del deporte».

En ese proceso, el Big Wave Risk Assessment Group (BWRAG) se ha convertido en uno de los principales referentes internacionales. El programa reúne a surfistas, rescatistas y especialistas en seguridad oceánica para compartir procedimientos que hoy forman parte de la práctica habitual del surf de olas grandes en distintos rincones del mundo.

Chile ocupa un lugar privilegiado dentro de ese escenario. Punta de Lobos, reconocida como una de las rompientes más importantes del planeta, ofrece las condiciones ideales para combinar formación teórica con entrenamiento en el mar. No es casualidad que surfistas provenientes de distintas regiones del país y del extranjero se reúnan periódicamente en este lugar para intercambiar conocimientos y fortalecer una cultura donde la seguridad ocupa un lugar tan relevante como el rendimiento deportivo.

Una nueva cultura para enfrentar el océano

El BWRAG es liderado por algunos de los nombres más respetados del circuito internacional, entre ellos Greg Long, Paige Alms, Kohl Christensen, Patricio Mekis y Ramón Navarro. Más allá de sus logros deportivos, todos comparten una convicción: la experiencia solo cobra verdadero sentido cuando se transmite a quienes vienen detrás.

El programa aborda aspectos que rara vez aparecen en las fotografías de una sesión de olas grandes. Evaluación de riesgos, lectura de las condiciones del mar, coordinación de equipos de rescate, comunicación entre surfistas y conductores de motos de agua, primeros auxilios y toma de decisiones bajo presión forman parte de una preparación que hoy resulta inseparable del alto rendimiento.

Más de 80 surfistas participaron en una de las jornadas desarrolladas en Chile, reflejando el creciente interés por incorporar estándares internacionales de seguridad en una disciplina donde el aprendizaje colectivo puede marcar la diferencia.

«Tenemos gente que vino desde Arica, también del centro y sur del país, que se congregó acá en Punta de Lobos para escuchar y aprender de quienes llevan años trabajando para mejorar las condiciones de seguridad en la práctica del surf de olas grandes», comenta Ramón Navarro, surfista profesional y embajador global de medio ambiente y surf de Patagonia.

Para Navarro, uno de los principales aportes de este tipo de encuentros es fortalecer el sentido de comunidad. «Hemos podido conectar a la comunidad y tomar conciencia de la importancia de la seguridad oceánica en la práctica del deporte», señala.

Buena parte del prestigio del BWRAG también radica en las historias de quienes lo lideran. Greg Long y Kohl Christensen sobrevivieron a accidentes que estuvieron cerca de costarles la vida. Lejos de alejarlos del océano, esas experiencias transformaron su manera de entender el deporte y los llevaron a impulsar una nueva cultura donde la preparación es tan importante como la técnica.

Hoy ambos recorren distintos destinos compartiendo ese aprendizaje con nuevas generaciones de surfistas, convencidos de que el conocimiento acumulado puede evitar que otros enfrenten las mismas situaciones.

La profesionalización del surf de olas grandes también ha impulsado una profunda evolución en el equipamiento. Chalecos inflables accionados mediante cartuchos de CO₂, capaces de devolver rápidamente al surfista a la superficie después de una caída profunda, y trajes de impacto con paneles de protección forman parte del equipamiento habitual para quienes desafían algunas de las olas más grandes del planeta.

«Trabajamos constantemente para desarrollar el equipamiento adecuado que permita a los surfistas empujar los límites del deporte y regresar a casa sanos y salvos», explica Tania Garimani, directora de Estrategia para Latinoamérica de Patagonia y miembro del directorio de Parque Punta de Lobos.

S26 Punta de Lobos + Buchupureo Press Trip, Psi 2.0, new u-zip wetsuits and new conservacion!! Ramon Navarro, Inti Navarro, Greg Long, Paige Alms, Perla Rojas, Pato Mekis, Jonathan Franklin, Jamie Brisick, Kohl Christensen, Patcha Light, Paulina Reyes, María Ignacian Olave, Carolina Butrich, Mateo Rojas, Mateo Rojas, Fernando Cataldo, Bwrag crew Tasha & Kaipo, and Patagonia Crew in Chile for a winter solstice trip.

Las imágenes de surfistas descendiendo enormes paredes de agua suelen concentrar toda la atención. Sin embargo, detrás de cada sesión existe un trabajo que rara vez se ve: análisis de mareas, evaluación de las condiciones, coordinación de equipos de apoyo y protocolos preparados para responder cuando el océano impone sus propias reglas.

Ese cambio resume buena parte de la evolución que ha vivido el surf de olas grandes durante los últimos años. La búsqueda de olas cada vez más desafiantes ha ido de la mano con una comunidad que entiende que asumir riesgos también implica prepararse para enfrentarlos.

Hoy, la seguridad dejó de ser un complemento. Es parte del entrenamiento, del rendimiento y de la cultura que sostiene a una disciplina que continúa empujando sus propios límites sin perder de vista que, frente al océano, la mejor maniobra siempre comienza antes de remar hacia la primera ola.