miércoles, agosto 26, 2026
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Premios HD Sports Bike 2026: celebrar a quienes hacen crecer al ciclismo chileno

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La Revista HD Sports reunió a deportistas, entrenadores, organizaciones, realizadores audiovisuales y proyectos comunitarios que hoy impulsan el desarrollo del ciclismo en Chile. La ceremonia volvió a poner el foco en las personas que están ampliando los límites de este deporte desde distintos ámbitos.

Durante años, hablar de ciclismo en Chile consistía en enfocarse principalmente en competencias y resultados. Hoy el escenario es mucho más amplio; el deporte también se construye desde las escuelas que forman a las nuevas generaciones, los bike parks que abren espacios para la práctica, las organizaciones que recuperan senderos, los proyectos audiovisuales que acercan nuevas historias y las iniciativas sociales que utilizan la bicicleta como una herramienta para transformar vidas.

Esa diversidad volvió a reunirse en una nueva edición de los Premios HD Sports Bike 2026, una ceremonia realizada en Mall Sport que convocó a deportistas, entrenadores, realizadores audiovisuales, representantes de marcas y amantes del ciclismo de montaña en una celebración que también marcó el lanzamiento oficial de la edición de otoño de Revista HD Sports.

Lejos de transformarse en una premiación centrada exclusivamente en los podios, el encuentro volvió a poner en valor el trabajo silencioso de quienes, muchas veces lejos de la competencia, han contribuido al crecimiento del ciclismo nacional durante los últimos años: «Como plataforma buscamos integrar y visibilizar a deportistas que buscan generar cambios en la vida de las personas en torno al deporte. No reconocemos a los mejores ni a los más rápidos; reconocemos el compromiso y sus propósitos», planteó Hernán Román, director de Revista HD Sports.

Esa mirada quedó reflejada en una premiación donde convivieron referentes de disciplinas tan diversas como el downhill, el enduro, el gravel, el cross country, el freestyle y la ruta junto a entrenadores, organizaciones, proyectos comunitarios y realizadores audiovisuales. Más que distinguir una temporada deportiva, la ceremonia buscó representar el momento que vive el ciclismo chileno, donde cada vez más actores participan en la construcción de una comunidad que trasciende las carreras.

El crecimiento de las escuelas de formación, la consolidación de los bike parks, el desarrollo de eventos especializados y la aparición de nuevas plataformas audiovisuales han ampliado el ecosistema del ciclismo de montaña. Hoy el deporte también se explica desde quienes enseñan a pedalear por primera vez, recuperan senderos, organizan encuentros o cuentan historias capaces de inspirar a nuevos ciclistas.

Ese vínculo entre deporte y relato volvió a ocupar un lugar importante durante la jornada a través de la muestra de cine outdoor, donde el público pudo recorrer distintas formas de entender la bicicleta más allá de la competencia. Expediciones, proyectos personales y documentales mostraron cómo el ciclismo también puede convertirse en una herramienta para explorar territorios, construir comunidad y generar impacto social.

Cuando la bicicleta se convierte en una herramienta de cambio

Uno de los momentos más significativos de la noche llegó con la exhibición del documental Fireflies Patagonia: 10 años, una producción que resume una década de un proyecto que ha utilizado la bicicleta para recorrer algunos de los territorios más aislados del país, vinculando el ciclismo con una causa solidaria en beneficio de niños y niñas con cáncer a través de la Fundación Vivir + feliz

La presentación marcó además el inicio de una alianza entre Revista HD Sports y Fireflies Patagonia, una colaboración que buscará dar visibilidad a historias donde el deporte trasciende la competencia y se transforma en una herramienta para conectar comunidades, impulsar proyectos sociales y generar un impacto concreto en la vida de las personas.

Para Polo Luisetti, fundador de Fireflies Patagonia, el proyecto ha crecido mucho más allá de una travesía sobre dos ruedas. «Esta es una alianza que va a durar muchos años. Fireflies es un movimiento, una comunidad que ha ido creciendo con el tiempo. También es una forma de conocer un Chile que pocos tienen la oportunidad de recorrer, un Chile remoto, profundo, que muchas veces permanece invisible. Nosotros llegamos a esos lugares en bicicleta y trabajamos junto a las escuelas, llevando bibliotecas, conectividad a internet y distintas iniciativas que buscan aportar donde más se necesita», sostuvo. 

Más que recorrer kilómetros, Fireflies ha construido una red de colaboración donde deportistas, empresas y organizaciones trabajan en torno a un mismo propósito. Esa mirada, donde la bicicleta sirve como un puente para acercar realidades y movilizar voluntades, dialoga directamente con el espíritu que dio origen a los Premios HD Sports Bike y con la convicción de que el deporte también puede convertirse en una herramienta para generar cambios positivos en la sociedad.

Los reconocimientos entregados durante la ceremonia reflejaron precisamente esa diversidad. Entrenadores que forman nuevas generaciones, atletas con proyección internacional, jóvenes promesas, referentes históricos y organizaciones que fortalecen el desarrollo del ciclismo compartieron un mismo escenario, mostrando que el crecimiento del deporte depende del trabajo colectivo de personas provenientes de distintos ámbitos.

La jornada volvió a convertirse en un espacio de encuentro para una comunidad que sigue expandiéndose. Entre conversaciones, proyectos y nuevas colaboraciones, quedó la sensación de que el ciclismo chileno atraviesa una etapa donde la bicicleta ya no es solamente una herramienta para competir, sino también una forma de educar, explorar, inspirar y generar impacto.

Una instancia donde los más experimentados compartieron experiencias con los jóvenes y representantes de distintas organizaciones comenzaban a imaginar futuras colaboraciones. Quizás esa sea la imagen que mejor resume el espíritu de los Premios HD Sports Bike 2026: una comunidad que sigue creciendo porque entiende que el desarrollo del ciclismo también se construye lejos de los podios y los cronómetros.

 

La Parva: donde la montaña se convierte en maestra

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Después de más de tres décadas formando esquiadores y snowboarders, la Escuela de Ski y Snowboard de La Parva ha visto cambiar la tecnología, los equipos y las disciplinas. Sin embargo, su mayor desafío sigue siendo el mismo: enseñar a disfrutar la montaña con seguridad y formar personas que quieran volver a ella.

Hay quienes recuerdan haber aprendido a esquiar sujetándose de una cuerda mientras un instructor intentaba mantener el equilibrio de todo un grupo. Hoy esa imagen pertenece al pasado. Las cintas transportadoras reemplazaron los antiguos sistemas de arrastre, los equipos son más livianos y estables, y la comunicación entre profesores y alumnos se apoya en celulares e intercomunicadores. La experiencia cambió, pero la esencia de la enseñanza sigue siendo la misma.

Durante más de 30 años, la Escuela de Ski y Snowboard de La Parva ha acompañado esa evolución desde la primera línea. Ha visto pasar generaciones completas de familias que vuelven invierno tras invierno y que, muchas veces, llegan con la expectativa de continuar una tradición iniciada por padres o abuelos. Esa continuidad ha convertido a la escuela en uno de los espacios formativos más emblemáticos de la cordillera central.

«La seguridad es lo primero. Queremos que cada alumno aprenda de manera segura, que lo pase bien y que se vaya con la mejor experiencia posible».

José González, encargado de Marketing de La Parva y con más de tres décadas vinculado a la escuela sostiene que «la forma de enseñar no ha cambiado tanto. Lo que sí cambió fue todo lo que nos ayuda a enseñar mejor. Los equipos son cada vez más modernos y facilitan el aprendizaje. 

“Antes trabajábamos con una cuerda; después llegaron unas manillas que tampoco eran ideales. Hoy contamos con un Magic Carpet que hace todo mucho más cómodo para los alumnos y los instructores.También la tecnología nos permite complementar la experiencia, aunque la técnica sigue siendo prácticamente la misma», explica.  

La evolución de la enseñanza no pasa únicamente por la infraestructura. También responde a una comprensión más amplia de lo que necesita cada persona cuando llega por primera vez a la nieve. Niños, adolescentes y adultos enfrentan desafíos distintos y requieren metodologías adaptadas a sus propios ritmos de aprendizaje.

Enseñar mucho más que una técnica

En La Parva, los más pequeños comienzan su proceso en la Mini Escuela, un espacio diseñado para que el juego y la confianza sean parte del aprendizaje. Los adultos, en cambio, encuentran programas privados y colectivos que responden a objetivos diferentes, pero con una misma prioridad.

«La montaña enseña rigurosidad y compañerismo».

«La seguridad es lo primero. Queremos que cada alumno aprenda de manera segura, que lo pase bien y que se vaya con la mejor experiencia posible de nuestra escuela», afirma José González. Este principio también determina la progresión técnica. Antes de pensar en giros más rápidos o pendientes más exigentes, cada alumno debe desenvolverse en un terreno acorde con su nivel. La idea no es acelerar el aprendizaje, sino construir confianza paso a paso para que el dominio de la montaña llegue de forma natural.

La propia evolución del ski y el snowboard también ha transformado el trabajo de los instructores. Si hace algunos años la mayor parte de las clases se concentraban en el ski alpino, hoy las solicitudes incluyen disciplinas como freeride, freestyle, telemark, randonnée o splitboard. La enseñanza se diversificó junto con los intereses de quienes llegan a la montaña.

«Hoy muchas personas buscan aprender fuera de pista o desarrollar nuevas habilidades. Por eso hemos ampliado nuestra oferta y nuestros instructores deben mantenerse permanentemente capacitados. Enseñar ski implica una gran responsabilidad técnica y de seguridad, por lo que la formación continua es fundamental», destaca.

«Queremos que descubran que la montaña también puede convertirse en un lugar donde aprender, compartir y disfrutar». 

Pero más allá de la técnica, José González cree que la montaña entrega aprendizajes que permanecen mucho después de terminar una temporada. La planificación, el respeto por el entorno y el compañerismo aparecen de manera natural cuando se comparte un espacio donde las decisiones tienen consecuencias.

Plantea que «la montaña enseña rigurosidad y compañerismo. En media y alta montaña nunca es recomendable estar solo. Cada decisión debe planificarse con respeto por el entorno, porque de eso depende nuestra seguridad y la de quienes nos acompañan. 

Paradójicamente, el principal desafío de la enseñanza ya no está sobre la nieve. Para González, hoy las escuelas compiten con un escenario completamente distinto: el tiempo que niños y jóvenes dedican a las pantallas.

Concluye que «nuestro gran desafío es ofrecerles una manera diferente de relacionarse con el medio ambiente y con el deporte. Queremos que descubran que la montaña también puede convertirse en un lugar donde aprender, compartir y disfrutar». 

Mientras imagina una escuela con más instructores, nuevas sedes y herramientas tecnológicas que faciliten el aprendizaje, González cree que el verdadero crecimiento no dependerá únicamente de la infraestructura. 

El futuro también estará marcado por la capacidad de acercar la montaña a personas que nunca antes pensaron que ese espacio podía pertenecerles. Porque aprender a esquiar no consiste solamente en dominar una técnica. También significa descubrir una forma distinta de habitar la cordillera y regresar a ella, temporada tras temporada.