Más que una serie de encuentros invernales, la iniciativa propone una forma distinta de vivir la nieve privilegiando el ascenso por medios propios, extender la vida útil del equipamiento y fortalecer una comunidad que entiende la montaña como un espacio para aprender, compartir y cuidar el entorno.

Durante décadas, el acceso a la nieve estuvo asociado casi exclusivamente a los centros de esquí y los andariveles. Hoy, esa imagen comienza a convivir con otra. Esquiadores, splitboarders, montañistas y personas que recién se acercan a los deportes invernales descubren que el ascenso también forma parte de la experiencia. No se trata únicamente de llegar al descenso, sino de recorrer la montaña a otro ritmo, leer el terreno, compartir conocimientos y comprender que el paisaje también exige respeto.

Sobre esa idea se construye el Poder Humano Snow Tour de Patagonia, un encuentro itinerante que reúne a la comunidad de montaña en torno a tres principios que hoy cobran cada vez más relevancia: subir por los propios medios, extender la vida útil del equipamiento y promover una cultura de montaña basada en el aprendizaje, el respeto por el entorno y el intercambio de experiencias entre quienes comparten la nieve.

«La montaña es como un templo, un santuario donde uno va a pasarlo bien».

El tour busca convertirse en un espacio de encuentro. La invitación es a detenerse a conversar, reparar una chaqueta antes que reemplazarla, aprender sobre seguridad en avalanchas o compartir una jornada en la montaña con personas de distintos niveles de experiencia. La idea es que el conocimiento circule de manera tan natural como las historias que nacen en cada temporada de invierno.

«Estamos muy emocionados de poder lanzar este tour, que se siente como la consolidación de muchos años apoyando eventos y comunidades invernales. Este es un espacio para gente de montaña y también para quienes recién se están iniciando en los deportes de nieve. Queremos vivir el invierno desde la comunidad, compartiendo experiencias y aprendiendo unos de otros», explica Serkan Devlen, coordinador de Deporte e Impacto de Patagonia Chile.

Esa mirada encuentra eco en quienes viven la montaña durante toda la temporada. Para la campeona nacional de freeride Sofía Clement, uno de los mayores valores de este tipo de encuentros es que permiten fortalecer una comunidad que, aunque crece cada año, mantiene un fuerte sentido de pertenencia.

La deportista cuenta que «me encanta que sea un tour. Yo soy de Antillanca y siempre he sentido que la familia montaña está descentralizada, así que es muy bonito que existan distintas instancias y que además sean abiertas para la comunidad. Es una forma de volver a ver a esas personas que no veía hace un año. Es como si las hubiera visto ayer; uno va acumulando historias con ellas temporada tras temporada».

Un sentido de comunidad 

El sentido de comunidad que describe Sofía Clement va mucho más allá del invierno. Piensa que el desafío no pasa únicamente por promover disciplinas como el randonnée o el splitboard, sino por construir una cultura de montaña que acompañe cualquier actividad realizada en la naturaleza.

«Aquí no hay nadie mejor que otro; estamos para aprender, apoyarnos y hacernos amigos».

«Hay que promover una cultura de montaña en todo sentido, no solo del invierno. Me pasó hace poco que volví al cerro Manquehue después de varios años y me dio mucha alegría ver a tanta gente disfrutando la montaña, pero también encontré basura y personas haciendo fogatas donde no correspondía. La montaña es de todos, pero eso también implica aprender a cuidarla», sostiene con convicción. 

Mismo motivo por el que el crecimiento de los deportes de nieve en Chile ha abierto nuevas oportunidades para quienes buscan una relación distinta con el entorno. El ascenso por medios propios, que hace algunos años era una práctica reservada para pequeños grupos de montañistas, hoy convoca a personas con distintos niveles de experiencia. 

Ese cambio también ha puesto sobre la mesa la importancia de la formación. Aprender a interpretar las condiciones de la nieve, conocer los riesgos de avalanchas, planificar una salida o elegir el equipo adecuado son conocimientos que se transmiten mejor cuando la comunidad comparte tiempo en terreno.

Por eso el Snow Tour incorpora clínicas de seguridad, jornadas de randonnée y espacios de conversación donde las preguntas tienen tanto valor como la experiencia acumulada. «A quien tiene interés en los deportes de nieve, pero todavía no se atreve, le diría que le mande nomás, pero que vaya de a poco, con un buen profesor y disfrutando el proceso. Estamos aquí para jugar, para pasarlo bien, no para traumarse el primer día», comenta Clement.

«Hay que promover una cultura de montaña en todo sentido, no solo del invierno».

El otro gran eje del encuentro, que apunta directamente a crear comunidad, es la idea que durante años fue perdiendo espacio en el mundo del equipamiento técnico: reparar antes que reemplazar. La iniciativa Worn Wear, impulsada por Patagonia en distintos países, propone extender la vida útil de la ropa y del equipo outdoor mediante reparaciones gratuitas y el cuidado de las prendas. La lógica es simple: un cierre arreglado, una costura reforzada o un parche bien puesto pueden alargar por años la vida de una chaqueta que todavía tiene muchas montañas por recorrer.

Ese gesto también habla de una manera distinta de relacionarse con la naturaleza. Reducir el consumo, aprovechar mejor los recursos y cuidar el equipo forman parte de una cultura que entiende que la montaña no comienza cuando uno se pone los esquís, sino mucho antes. Cada reparación evita que una prenda termine convertida en residuo y recuerda que la sustentabilidad también puede construirse desde acciones cotidianas.

Para Sofía Clement, el valor de estos encuentros termina apareciendo en cosas mucho más simples que una bajada o una fotografía en la nieve. «Al final todos subimos a la montaña porque queremos pasarlo bien. Hay gente que lo hace de distintas formas, pero lo importante es compartir, generar comunidad y hacer todas las preguntas que uno tenga. Aquí no hay nadie mejor que otro; estamos para aprender, apoyarnos y, ojalá, hacernos amigos», reflexiona. 

Quizás ahí esté el cambio más profundo que vive hoy la cultura de montaña. El invierno ya no se entiende solamente como una temporada para deslizarse por la nieve. También es una oportunidad para reencontrarse con personas que comparten una misma pasión, descubrir nuevos territorios con mayor conciencia y recordar que las mejores jornadas no siempre se miden por la cantidad de descensos. 

A veces basta una conversación en un refugio, una salida compartida o una chaqueta reparada para entender que la montaña sigue siendo, ante todo, un espacio donde las experiencias se construyen en comunidad.

Deja una respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí