jueves, agosto 27, 2026
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CordillerAmar: la belleza del territorio chileno en voz de mujeres

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El documental de Sofía Alessandri cruza territorio, mujeres y proceso para alejarse del registro superficial del deporte, poniendo el foco en lo que no suele verse: la construcción detrás de cada recorrido, la relación con el paisaje y una mirada más cercana sobre quienes lo habitan.

“Veía muchos videos de lugares increíbles de Chile hechos por extranjeros. Empezamos a conocer nuestro propio país a través de otras miradas, y eso no me hacía sentido”. Desde esa incomodidad, relatada por Sofía Alessandri, parte “CordillerAmar”; como una necesidad de cambiar el punto de vista con un registro audiovisual que se instala en esa pregunta de fondo, quién cuenta el territorio y desde dónde, y construye su relato desde ahí.

“La idea era mostrar lugares poco visibles, espacios que no aparecen en redes o que la gente no imagina que se pueden recorrer en bicicleta. Tenía muchas ganas de ir al norte, a zonas más áridas, más abiertas, que también permiten contar otras historias”, sostiene.

Línea de freeride que queríamos probar, en la costa, cerca de Bahía Inglesa. Foto Sherpa.

La decisión no es solo estética. También define el tipo de relato. El norte aparece como un espacio abierto, menos intervenido, donde todavía hay margen para descubrir sin repetir imágenes. Más que acumular locaciones, la película busca desplazar la mirada hacia lugares que no están en el circuito habitual.

El segundo eje entra desde otro lugar, pero sostiene la misma lógica. “Quería trabajar con mujeres que me inspiran, pero mostrarlas desde un lugar más humano”. No hay intención de construir figuras lejanas. El foco está en lo que normalmente queda fuera. “Muchas veces vemos a deportistas muy pro y parece que todo les resulta fácil, pero no es así. También tienen miedo, también pasan por momentos difíciles”, resalta Alessandri.

“En redes vemos el momento en que todo sale bien, pero no se ve lo que hay detrás. Y ese proceso muchas veces es lo más importante”. Esa idea ordena el tono de la película. No se trata de negar el resultado, sino de poner atención en lo que lo sostiene. El error, la repetición, la duda. Elementos que no suelen aparecer, pero que definen la experiencia.

Sofía Alessandri, Renata Wiese, Valentina Benavides, Paula Jara y Sofía Dorado. Foto Gabriel Torres.

“A veces da más miedo no intentarlo. Quedarse con la duda de qué habría pasado”. El miedo aparece como parte del recorrido, no como un freno. La película lo integra sin exagerarlo. Lo deja operar como un elemento más dentro del proceso, sin convertirlo en épica ni en obstáculo definitivo.

Explica que “lo que buscaba era que, si una mujer ve esto, sienta ese impulso de intentarlo. Que entienda que no es la única que siente miedo o frustración. La identificación no se construye desde ahí, sino desde la cercanía. No es solo para quienes andan en bicicleta, también para cualquiera que esté enfrentando algo desafiante”.

Lo que el deporte no muestra: proceso, miedo y decisiones

Sofía Alessandri piensa que “lo interesante es mostrar lo que hay detrás de ser deportista. El proceso, las decisiones, lo que no se ve”. En esa definición se marca una distancia con el registro más habitual del deporte. La película no se centra en explicar ni en destacar logros, sino en abrir el espacio que normalmente queda fuera de cuadro.

“El rodaje fue un desafío grande. Era la primera vez que hacía algo así. Éramos un equipo chico, cuatro personas como máximo, y tuve que hacerme cargo de toda la logística: tiempos, comida, traslados. Me costó soltarme y disfrutar, porque estaba muy pendiente de que todo funcionara”, cuenta. 

“La elección fue bastante natural. Son mujeres que admiro, que me inspiran, que siento que tienen algo que enseñar. Mujeres fuertes, atrevidas, con una forma de vivir el deporte que va más allá de lo técnico”. El rodaje replica, en cierta medida, la misma lógica del relato. Equipo reducido, decisiones en terreno, poco margen para delegar. Esa tensión también forma parte de la película, aunque no se subraye.

La elección de protagonistas, como señala, no responde a un criterio amplio ni representativo. Es una selección cercana, basada en experiencia directa. Eso le da coherencia al relato y evita forzar discursos que no le pertenecen.

Sofía Alessandri probando una de las líneas de la zona costera. Foto Sherpa

“Es impresionante cómo ha crecido el deporte outdoor en Chile. Cada vez hay más instancias donde se muestra el país y lo que se puede hacer acá”. El documental se inserta en un contexto que está en expansión, pero que todavía tiene espacio para desarrollarse. “Chile tiene un potencial enorme que sigue estando subvalorado. Afuera lo ven clarísimo”.

“Todavía hay mucho espacio para crear y para que las marcas entiendan lo que hay detrás del contenido audiovisual. No es solo exposición, también aporta al país y a cómo se posiciona el deporte”. La película no se plantea como respuesta a eso, pero sí dialoga con esa necesidad de construir contenido con mayor profundidad.

“Me gustaría volver a hacerlo. Ya haber pasado por una primera experiencia cambia todo”. La proyección no está definida en términos concretos, pero sí en intención. “No me interesa solo mostrar gente andando en bici. Quiero que lo que haga tenga sentido, que genere algo en quien lo ve, que se sienta cercano”.

Renata Wiese probando una línea que estuvimos construyendo toda la mañana. Foto Sherpa

“CordillerAmar” no se presenta como cierre ni como síntesis. Funciona más bien como un punto de partida. Una forma de mirar el territorio y el deporte desde un lugar menos evidente, donde lo importante no es solo lo que se muestra, sino cómo y desde dónde se decide contar. 

Protagonistas: Renata Wiese, Valentina Benavides, Paula Jara,  Sofía Dorado y Sofía Alessandri y el Filmmaker, Gabriel Torres.

Pedro Burns: competir contra uno mismo en el filo del descenso

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El rider chileno convierte un incidente en Valparaíso en evidencia de vigencia, madurez y una forma distinta de entender el alto rendimiento: menos obsesión por el resultado, más control sobre el proceso.

En la mitad de una bajada que venía sólida, con línea limpia y tiempo competitivo, Pedro Burns se encontró con una barricada en plena pista del Red Bull Valparaíso Cerro Abajo 2026. Bandera roja. Carrera detenida. “No lo podía creer, venía haciendo una bajada muy buena, ya prácticamente llegando a la meta, con una línea que me tenía convencido”, recuerda. La frustración fue inmediata, pero breve. “Había sido mucho tiempo de preparación para que se frenara así, por algo que no dependía de mí, pero decidí dar vuelta la página al tiro. Me enfoqué en mantenerme en ese estado mental competitivo y pensé que incluso podía hacerlo mejor”.

EWS Madeira, Portugal. Me metí 20 en esa fecha Foto @mdelormephoto

Lo que siguió fue un ejercicio de control invisible para el público. Burns no solo tuvo que recomponer la bajada, sino también disputar su contexto. Le informaron que debía largar al final, con el cuerpo frío y el evento prácticamente cerrado. “Ahí sí fue un bajón importante, porque implicaba esperar mucho rato, enfriarse, volver a activar todo y salir cuando ya se había terminado el show. Sentí que se me desarmaba el escenario”, explica. Aun así, decidió sostenerse en movimiento. “Me mantuve arriba de la bici, tratando de no perder esa sensación, porque sabía que si me salía de ahí iba a ser mucho más difícil volver”.

La situación cambió cuando insistió en salir antes; una decisión que no fue automática.“Yo quería largar al tiro, porque estaba caliente, estaba conectado, ya había hecho todo el trabajo previo y no quería perder eso”, dice. La autorización llegó y, con ella, un empoderamiento interno. “Me empoderé en que esta segunda bajada iba a ser mejor, que todo lo que había pasado tenía sentido si lograba usarlo a mi favor”.

Un relato que pone los pelos de punta, pero que no termina ahí. Esa lectura, salida de las entrañas, se tradujo en la pista. Mejor tiempo parcial, ritmo alto y un noveno lugar en un evento internacional. Pero lo que subraya no es el resultado, sino la ejecución. “Crucé la meta con una satisfacción muy profunda, de haberlo dado todo, de haber respondido bien en un momento complejo. Para mí eso tiene mucho valor”, señala.

Entrenamientos previos a Red Bull Valparaíso Cerro Abajo 2023. Foto @barraphoto

La reconstrucción mental de esa bajada no fue lineal, ni menos fortuita. Hubo tensión, frustración, momentos de desorden. Pero también una decisión sostenida de no perder el eje. “Había hecho un trabajo mental antes de la carrera y traté de no salirme de ahí. Obviamente hubo altos y bajos, pero el foco era mantenerme dentro de esa lógica competitiva”, explica. En ese proceso aparece una de sus principales herramientas: “Siempre he sentido que lo mental es una de mis fortalezas, y en una situación así se puso a prueba”.

Esa misma lógica se extiende a su forma de competir. Él no desconoce al rival, pero lo relativiza. “Claro que uno compite contra otros, están las ganas de ganar, de meterse en el podio, pero mi motivación principal es superarme a mí mismo”, afirma. En su lectura, el resultado es consecuencia. “Si uno está bien, si está subiendo el nivel, ganarle a otros llega solo. Para mí lo importante es ese proceso”, recalca. 

Pedro Burns competitors perform during Red Bull Valparaiso Cerro Abajo, Valparaiso, Chile on February 12, 2023

El episodio en Valparaíso también funciona como una señal de su momento deportivo. Tras un par de temporadas marcadas por dificultades personales, Burns vuelve a instalarse en la discusión competitiva. “Estoy en un muy buen nivel, me siento fuerte, vigente”, dice. No lo atribuye a un punto específico, sino a una continuidad. “Vengo haciendo las cosas bien, entrenando con sentido, y eso se está reflejando en carrera”.

La cabeza primero: control, presión y permanencia

El recorrido reciente de Pedro Burns incluye un sexto lugar en Génova y presencia constante en escenarios exigentes. Más que resultados aislados, lo que destaca es la consistencia. “Más allá de un puesto puntual, lo importante es sentirse competitivo, saber que estás ahí, que puedes pelear”, sostiene.

El recorrido reciente de Pedro Burns incluye un sexto lugar en Génova y presencia constante en escenarios exigentes.

Cuenta que han sido años de mucho aprendizaje, con altos y bajos, pero sobre todo de acumulación de experiencia: “Estoy profundamente agradecido por todo lo que he vivido, por las oportunidades, pero también por mi propio esfuerzo, porque sé que nada de esto ha sido casual”.

Ese presente convive con un cambio de enfoque. Tras años en el circuito mundial de enduro, decidió cerrar ese ciclo y concentrarse en el descenso, especialmente en el formato urbano. “Sentí que cumplí una etapa y que necesitaba moverme hacia algo que hoy me hace más sentido”, explica. El cambio no es sólo disciplinar, señala que también tiene que ver con “cómo estoy parado en la vida”.

“Hay sacrificios importantes: viajes largos, distancia de la familia, entrenamientos exigentes, disciplina diaria. Desde afuera, muchas veces se ve como una vida ideal el hecho de viajar, competir, estar en equipos internacionales, y claro, tiene mucho de eso, pero también hay una cara mucho más dura”, resalta. 

Retata que no es un camino para cualquiera. Por eso valora su recorrido: “Hoy me siento con más herramientas, más madurez y una mirada más completa de lo que implica realmente este deporte”. Ahí aparece un giro más profundo. Experiencias personales recientes modificaron su forma de relacionarse con la competencia. 

El rol de referente en la escena chilena introduce otra capa de exigencia. Burns no lo esquiva porque para él “pesa bastante”.

“Actualmente mi prioridad es dar lo mejor de mí, pero también disfrutar, sentir que estoy bien con lo que hago”, dice. El resultado pierde centralidad, sin desaparecer. “Quiero seguir rompiendo mis propios límites, pero desde un lugar más consciente. Competir en lo que realmente me motiva, vivir bien del deporte y sostener un equilibrio. Al final, mi objetivo es simple: cuando termine mi carrera, poder mirar hacia atrás y tener la tranquilidad de haberlo dado todo”.

¿Cuánto pesa el rol de referente dentro del circuito nacional?

El rol de referente en la escena chilena introduce otra capa de exigencia. Burns no lo esquiva porque para él “pesa bastante”. “Siempre he dicho que buenos pilotos hay muchos, pero corredores completos hay pocos, porque lo mental marca una diferencia enorme. Andar bien en la bici es una cosa; rendir cuando importa, cuando hay presión, es otra completamente distinta”. 

“También lo he dicho antes: ganar una carrera puede ser relativamente ‘fácil’, pero sostenerse en el tiempo es lo difícil. Ganar cuando hay expectativas, cuando eres favorito, cuando todos quieren ganarte, ahí es donde realmente se ve a los campeones”, profundiza.

El paso por circuitos internacionales reforzó esa lectura y reconoce el privilegio, pero también complejiza la narrativa.

Su trayectoria se sostiene, en parte, en esa capacidad. Más de una década compitiendo en la punta, atravesando cambios generacionales sin perder vigencia. “Hoy tengo 28 años, ya no soy un cabro chico de 20, pero sigo compitiendo con los más jóvenes y sigo estando ahí”, dice. La dificultad, insiste, no está en llegar, sino en mantenerse. “Ganar una vez es una cosa, defender ese lugar es otra completamente distinta”.

El paso por circuitos internacionales reforzó esa lectura y reconoce el privilegio, pero también complejiza la narrativa. “Desde afuera se ve increíble, viajar, competir, estar en equipos, pero hay una exigencia muy grande detrás. Sacrificios, distancia, presión constante.No es fácil, no es para cualquiera, explica.

Esa experiencia también le permite mirar el contexto chileno con mayor claridad. Valora el nivel local, pero identifica límites estructurales. “En Sudamérica somos competitivos, pero cuando miras Europa o Norteamérica hay una diferencia importante”, señala. Para él, la clave está en la exposición, porque “hay que salir, medirse con los mejores, esa es la única forma de subir”.

En lo personal, su horizonte es claro, aunque menos rígido que antes y reitera que “quiero seguir siendo competitivo, seguir mejorando.

A eso se suma un factor menos visible y lamentablemente una realidad transversal en el deporte nacional: la precariedad del sistema. “En Chile el deportista tiene que hacer de todo, no solo entrenar. Tienes que ser tu propio manager, tu propia marca, y eso es muy demandante. Por eso instala un llamado. El crecimiento del deporte no depende solo de los riders, también necesita apoyo real”.

En lo personal, su horizonte es claro, aunque menos rígido que antes y reitera que “quiero seguir siendo competitivo, seguir mejorando, pero desde un lugar donde esté bien, donde sea sostenible para mí. La ambición se mantiene, pero cambia de forma. “Mi objetivo es llegar lo más lejos posible, pero disfrutando el camino”.

Esa idea condensa su carrera, pero no como una suma de resultados ni como una línea ascendente sin fisuras. Más bien como un proceso continuo de ajuste, de lectura y de decisiones tomadas en movimiento. Burns no compite únicamente por ganar; compite para sostener un nivel, una forma de estar en la pista y también fuera de ella. Hay ahí una búsqueda más silenciosa, menos visible, que tiene que ver con no traicionarse en medio de la presión, con responder incluso cuando el escenario se pone cuesta arriba.