domingo, julio 12, 2026
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Florencia Rodríguez: La pista como prioridad en la era del contenido

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Mientras la industria empuja hacia la exposición, la rider chilena ordena su carrera desde el rendimiento y proyecta su salto al circuito mundial que podría fortalecerse a partir de este año.

“Para mí el rendimiento es lo más importante. Todo parte por ahí. Mi foco está en entrenar, en competir y en seguir creciendo como deportista. No busco ser influencer porque no es lo que me mueve. Lo que realmente me importa son las carreras y poder andar siempre en bici”. Con esa definición inicial, Florencia Rodriguez fija una jerarquía que no se ajusta a la tendencia dominante, donde muchos perfiles construyen visibilidad antes que resultados.

Esa claridad no implica desconocer el contexto en el que compite. Las redes sociales forman parte del deporte actual y tienen incidencia directa en la relación con marcas y audiencias. “Entiendo que hoy el contenido es parte importante del deporte, sería ingenuo ignorarlo. Pero lo uso como una herramienta, no como un fin. Me interesa mostrar el proceso detrás del alto rendimiento: los viajes, la preparación, las lesiones, la evolución. Siempre tratando de que sume a mi carrera, no que la desvíe”.

UCI MTB World Series Mont-Sainte-Anne Canadá 2025 .Foto Thomas – @thomaaaaas__

En ese cruce aparece una tensión que ya es estructural. “Las redes son necesarias porque conectan directamente a los deportistas con las marcas y la audiencia. Pero también cambian las reglas del juego. Muchas veces las marcas priorizan visibilidad y alcance, incluso por sobre lo deportivo, y eso obliga a adaptarse”. La adaptación, en su caso, tiene límites claros. “El desafío es encontrar un equilibrio real, entender el valor del contenido sin perder de vista que somos deportistas. Nuestro trabajo es rendir en la pista”.

En descenso, esa exigencia se cruza con otra capa. “Es un deporte que históricamente se ha entendido como masculino, y eso hace que tengamos que demostrar constantemente que pertenecemos a este espacio”. La validación no es puntual, es continua. “No basta con competir bien. Como mujer, muchas veces también tienes que construir una imagen y una presencia que sea atractiva para las marcas en un entorno donde el contenido pesa mucho. Es una exigencia adicional que no siempre se ve, pero que está”.

Su relación con la competencia no ha cambiado con el tiempo. “Las carreras han estado conmigo desde que tengo memoria. Empecé a los cinco años y llevo más de 14 años compitiendo. Me sigue gustando igual que el primer día”. Lo que sí ha cambiado es la profundidad del enfoque. “Me motiva el proceso. La posibilidad de mejorar constantemente, de llevar mi nivel al máximo, de entender mejor lo que hago. No es solo competir por competir, es competir para crecer”.

Presentación equipo Chilean Racing Project 2026. Foto Domingo Farías – Estudio Creativo La Rued

Ese crecimiento tiene un siguiente paso definido. “Quiero competir afuera, medirme con las mejores del mundo porque sé que puedo estar a ese nivel. No lo veo como algo lejano, sino como una etapa necesaria para seguir avanzando”. La proyección no se formula como aspiración, sino como planificación. “Siempre he querido construir una carrera en el deporte, poder vivir de esto. Todas mis decisiones están alineadas con eso”.

Cuando habla de identidad, evita las etiquetas amplias y la define desde la práctica. “Me considero una deportista resiliente, enfocada en el alto rendimiento y con una visión profesional a largo plazo. Para mí se trata de seguir adelante incluso cuando las cosas no salen bien, de entrenar, competir y progresar constantemente. No rendirme”.

El crecimiento de la escena femenina es algo que ha vivido en primera persona. “En mi primera carrera en 2023 éramos no más de 12 o 13 mujeres. Hoy vas a cualquier carrera y ves muchas más. El nivel también ha subido mucho, sobre todo en las más chicas, que están andando fuerte y haciendo cosas cada vez más técnicas”. Ese avance no es solo numérico. “Se siente en la pista. Cada carrera exige más”.

Campeonato Nacional DHI 2026. Foto Anand Carrasco – Bike & Destroy Media

La relación con marcas se construye desde esa misma lógica de continuidad. “Siempre he buscado ser parte de proyectos vinculados al deporte, pero lo más importante es construir relaciones a largo plazo. Este es un deporte caro y hay que estar constantemente buscando apoyo, pero no se trata solo de exposición. Se trata de generar algo que se sostenga en el tiempo”.

Esa idea vuelve a aparecer cuando aborda la exposición. “Es un equilibrio constante. Hay momentos donde el foco es completamente entrenar y competir, y otros donde puedo dedicar más tiempo al contenido. Pero el rendimiento es lo que sostiene todo. El contenido tiene que adaptarse a eso, no al revés”. En esa definición también marca una diferencia dentro de la escena. “Tengo claro mi foco: estar al más alto nivel. No estoy tratando de ser influencer, sino de construir una carrera deportiva. El contenido es complementario”.

El siguiente paso traslada ese enfoque a un contexto más exigente. “Este año voy a competir en Europa, en la Copa del Mundo y en el Mundial. La idea es empezar a alinear mi nivel con el europeo, aprender cómo se compite allá y medirme con las mejores. 2026 es un año de aprendizaje, pero lo quiero aprovechar al máximo”.

Fox US Open Killington Mountain USA 2025. Foto Ben Wilson – Ben Wilson Photo

Para sostener ese proceso se integra a una estructura que le permita concentrarse en lo deportivo. “Me sumo a Chilean Racing Project, un equipo que va a competir en la Copa del Mundo y que me va a acompañar durante todo este proceso. Para mí es clave porque me permite estar enfocada al cien por ciento en cada carrera”.

No hay un relato de irrupción ni una construcción forzada de personaje. Lo que aparece es una línea de trabajo clara, sostenida en el tiempo y poco permeable a la presión externa. En un entorno que empuja hacia la visibilidad, Florencia Rodríguez mantiene el mismo eje: competir mejor. Todo lo demás, si tiene que venir, viene después.

Bike Like a Woman: pedaleando juntas para quedarse en la montaña

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Después de convertirse en las primeras chilenas en llegar en bicicleta al campamento base del Everest, Camila Forti y Jacinta Correa siguen empujando una idea más simple que épica: que más mujeres sientan que también hay espacio para ellas en la montaña.

A más de 5.300 metros de altura, después de días pedaleando y avanzando por uno de los entornos más exigentes del planeta, la llegada al campamento base del Everest marcó un hito para el ciclismo outdoor chileno. Pero para Camila Forti y Jacinta Correa, el sentido del proyecto nunca estuvo solo en alcanzar ese punto. La experiencia terminó funcionando también como una forma de abrir una conversación sobre acceso, comunidad y presencia femenina en espacios donde históricamente las mujeres han sido minoría.

“Bike Like a Woman nace desde la necesidad de generar un espacio seguro, cercano y motivador para que más mujeres se atrevan a entrar al mundo del ciclismo. Muchas veces existe el interés, pero falta ese empujón inicial, ese ‘sí se puede’. Nosotras mismas no somos las más expertas, pero aun así decidimos hacerlo, y en ese proceso entendimos que atreverse es más importante que saberlo todo desde el principio”, explica Camila Forti . La lógica del proyecto se instala justamente ahí, en bajar la barrera de entrada antes que construir una imagen de rendimiento inaccesible.

Las vistas eran impresionantes. Rodeadas de 8 miles y montañas con mucha historia. Foto @matiasdonosophoto

Porque muchas veces el problema no pasa por la capacidad física. “Las principales barreras no son solo técnicas, también son sociales y culturales. El miedo a no estar al nivel, la falta de conocimiento, la inseguridad en espacios públicos o la sensación de que este sigue siendo un deporte muy masculino. Al principio, en muchas salidas, era común encontrarse casi solo con hombres y eso puede ser intimidante para quienes están partiendo”, sostiene.

Ese escenario empieza a cambiar, aunque lentamente. Y parte importante de ese cambio ocurre cuando las experiencias dejan de mostrarse como algo lejano. “Cuando compartimos el proyecto del Everest, muchas mujeres comenzaron a escribirnos para decirnos que se sentían identificadas o inspiradas. Ahí entendimos que construir comunidad también es mostrar procesos reales, no solo resultados. Mostrar que no hay que ser experta para empezar”, comenta Camila, poniendo en manifiesto que la expedición terminó generando algo más amplio que un logro deportivo.

De la hazaña a la experiencia compartida

En ese proceso, el acompañamiento aparece como un elemento central. No desde la instrucción más rígida, sino que desde la experiencia compartida. “Muchas veces el primer paso no ocurre por falta de capacidad, sino por falta de apoyo. Tener a alguien al lado que te espere, que entienda tus tiempos y te haga sentir segura cambia completamente la experiencia”, explica evidenciando que la progresión técnica llega después. Antes aparece la confianza.

A 2 días de llegar a nuestro objetivo, cada vez más cerca del Base Camp. Foto @matiasdonosophoto

Ahí es donde el grupo deja de ser solo compañía. “Andar en grupo transforma completamente la experiencia. Se comparten los desafíos, los avances y también los miedos. Con el tiempo se generan vínculos muy reales y muchas veces terminas formando tu propio grupo de amigas de la bici. Ahí deja de ser solamente una actividad y se convierte en una forma de vivir”, enfatiza.

Jacinta Correa, por su parte, aterriza esa experiencia en el tipo de ciclismo que practican. “Si o si te tiene que gustar estar muchas horas en el cerro y disfrutar de una subida larga y técnica. Hay que ser un poco masoquista”, comenta entre risas. La frase baja el tono épico que muchas veces rodea este tipo de proyectos y lo devuelve a algo más cotidiano, más reconocible para quienes viven el outdoor desde la experiencia y no desde la vitrina.

Ese vínculo con la montaña también les ha permitido ver cómo cambia la escena local. “Cada vez se ven más bicicletas en cerros como el Plomo o el Pintor, donde antes era muy raro encontrar gente andando. La comunidad se ha ido agrandando mucho”, plantea Jacinta. El crecimiento no solo se percibe en eventos o redes sociales, también en la ocupación del territorio.

Katmandú, la capital de Nepal y nuestro primer destino antes de partir a Lukla. Foto @matiasdonosophoto

En ese contexto, hacer espacio para más mujeres deja de ser una consigna abstracta. “En deportes donde la exigencia física es alta, normalmente se ven muchos hombres. Con la Cami estábamos acostumbradas a hacer estas aventuras rodeadas de hombres. Entonces poder hacer este proyecto como dupla femenina también puede inspirar a otras mujeres a atreverse y entender que el big MTB es un espacio donde también podemos disfrutar”, plantea. 

Esa relación con el deporte también define la forma en que se posicionan frente a la competencia. “Estamos lejos del ámbito competitivo. Nos gusta estar literalmente en la punta del cerro, sin competir por tiempo ni velocidad. Hacemos esto porque nos gusta, no por querer ganarle a alguien”, explica Jacinta, evidenciando que el valor de la experiencia está en otro lugar.

Aun así, el impacto de proyectos como el Everest empieza a ampliar el alcance de este tipo de prácticas: “Sigue siendo un deporte muy de nicho, pero mostrar que estas cosas se pueden hacer también abre posibilidades. Hay muchos lugares épicos para recorrer y muchas personas ni siquiera consideran que podrían estar ahí”. 

Ese cambio de percepción también se refleja en las nuevas generaciones. “Ahora se ven muchas más niñas en el cerro. Cuando era más chica, casi siempre asociaba la montaña y la bicicleta a hombres. Hoy las niñas parten mucho antes, con más acceso y más espacios. Se vienen nuevos talentos”, observa Jacinta.

Esa relación con el deporte también define la forma en que se posicionan frente a la competencia.

En ese escenario, Bike Like a Woman no intenta construir un estándar ni transformarse en una referencia inalcanzable. Su aporte parece ir por otro lado. Mostrar que entrar al deporte no tiene por qué hacerse en soledad, que la experiencia outdoor también puede construirse desde la colaboración y que, muchas veces, lo más importante no es llegar más lejos, sino lograr que más personas sientan que también pueden partir.