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Felipe Agurto: compitiendo en el límite cuando la ciudad no perdona

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El rider chileno se mueve entre la presión del circuito urbano, la velocidad y una escena que empieza a empujar hacia el estándar global

“La verdad, es primera vez que experimentaba una presión así en Valparaíso. Fue algo muy psicológico de controlar”. Felipe Agurto describe una sensación que no suele aparecer en los tiempos o en las bajadas, pero que define el momento previo a competir. “Me acuerdo estar arriba antes de la final, y por mi cabeza pasaban muchas cosas. Escuchaba a la gente decir ‘Felipe, vas a ganar, este año es tuyo’, y claro, uno está con todo en ese minuto, pero la presión aumenta por tu parte y por la del público. Sin duda, es algo hermoso”, sostiene. Esa mezcla entre expectativa y entorno no es un complemento, es parte de la competencia.

En descenso urbano, ese contexto tiene un peso específico. No es lo mismo competir en silencio que hacerlo con miles de personas siguiendo cada movimiento. “Se vive una vibra impresionante con la gente que se da el tiempo de estar un día completo alentando a los chilenos y a sus riders favoritos. Valparaíso es tremendo y su gente más aún”, explica. La ciudad deja de ser solo escenario y se convierte en un factor activo, donde cada bajada se construye también con esa energía externa.

“Me acuerdo estar arriba antes de la final, y por mi cabeza pasaban muchas cosas… la presión aumenta por tu parte y por la del público”.

“Siempre faltan cosas para estar al tope, pero sin duda nos preocupamos con el equipo cada vez del detalle”. Agurto no se instala en la idea de estar llegando, sino de estar sosteniendo. “Hoy ya estamos en la élite mundial del descenso urbano, y lo importante es mantenerse siendo constante”, sostiene. La diferencia, en su caso, no pasa por alcanzar un nivel, sino por mantenerse en él en un circuito donde el margen de error es mínimo.

El entrenamiento responde a esa lógica de precisión. “Es bastante similar al de montaña porque ambos son descensos, pero la parte física demanda mucho más. Hacemos harta ruta, sprints, gimnasio y, sobre todo, tratamos de simular carrera en la calle, probando curvas y escaleras”, explica. La preparación no se queda en lo general. “Lo que más entreno es el detalle de presiones y configuraciones de la bicicleta. Ahí se marca una diferencia importante cuando compites”, agrega.

La lectura de línea es otro punto donde el urbano se separa del descenso tradicional. “En montaña tienes muchas variaciones de terreno, roca, barro, raíces, seco. La lectura cambia todo el tiempo buscando agarre y la mejor línea”, detalla. En la ciudad, en cambio, esa variabilidad desaparece. “En descenso urbano es pavimento, el grip no cambia de una bajada a otra. Entonces la lectura se basa mucho más en la confianza. Y estamos hablando de velocidades promedio sobre los 40 kilómetros por hora”, sostiene.

“Hoy ya estamos en la élite mundial del descenso urbano, y lo importante es mantenerse siendo constante”.

Esa estabilidad del terreno no simplifica la bajada, la vuelve más exigente. Menos variables externas implican más responsabilidad en la ejecución. Cada decisión depende del rider, sin margen para corregir sobre la marcha. La precisión no es una opción, es una condición.

“Competir en Chile para mí es todo. Desde pequeño soñé con estar en este evento y espero algún día llevarme la corona”. La relación de Agurto con el circuito local no es circunstancial. “Valparaíso tiene algo especial, no es solo la pista, es la gente, el ambiente, lo que se genera alrededor de la carrera”, sostiene. Esa conexión explica también el nivel de presión que describe al inicio.

La evolución como premisa constante 

Su evolución técnica no se explica desde un cambio puntual, sino desde una acumulación constante. “Me gusta mucho ver cómo mejorar posturas, lugares de frenado, el estilo. Es algo que voy trabajando todos los años”, explica. No hay un salto único que marque un antes y un después. “No podría decir cuál ha sido mi mayor evolución técnica, porque siento que es un proceso continuo”, sostiene.

“El downhill latinoamericano está con todo, tenemos muy grandes exponentes tanto en Chile como en otros países”. La lectura regional no se limita a lo propio. “Sin duda se va a dar que hablar en un tiempo más. Viene una generación de riders muy fuerte, y tengo mucha fe en eso”, plantea. Al mismo tiempo, se proyecta dentro de ese desarrollo. “Por mi lado, sigo construyendo y aprendiendo para en el futuro poder guiar a esas generaciones”, agrega.

“Quiero estar en el top de las series de Red Bull Cerro Abajo, ganar carreras y no bajarme del podio”.

“El riesgo siempre va a ser alto. Nos interesa ganar y dar lo mejor”. En el descenso urbano, esa afirmación no funciona como declaración, sino como realidad constante. La velocidad, el entorno y la exposición hacen que cada bajada se mueva en ese límite, donde la ejecución define todo.

Sus objetivos para la temporada no se diluyen en proyección amplia. “Quiero estar en el top de las series de Red Bull Cerro Abajo, ganar carreras y no bajarme del podio”, sostiene. La meta no es solo competir, es mantenerse en la parte alta del circuito.

A mediano plazo, la mirada se amplía sin cambiar el eje. “Me veo compitiendo, consagrado a nivel mundial, haciendo proyectos en torno a la bicicleta y, claro, seguir ganando carreras”, proyecta. No hay giro en el discurso. Hay continuidad.

En un circuito donde el espectáculo es parte del formato, Agurto mantiene el foco en lo esencial. La ciudad exige, la gente empuja y la velocidad no permite margen. En ese cruce, competir sigue siendo lo único que no se negocia.

Montenbaik 2026: El enduro nacional acelera hacia el futuro

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El Campeonato Nacional de Enduro 2026 transita hacia la consolidación, incorporando bicicletas eléctricas y una base juvenil sólida marcan el presente y futuro de un deporte que se expande en nuestro país.

El enduro en Chile ya no es una moda pasajera. Lo que alguna vez fue una disciplina de nicho hoy vive un proceso de consolidación deportiva y organizativa, con circuitos cada vez más técnicos, presencia internacional, nuevas categorías y una base sólida de pilotos juveniles. Con la mirada puesta en el Campeonato Nacional 2026, la escena se prepara para un salto cualitativo que podría posicionar a Chile como una potencia regional y futura sede de competencias de alto nivel.

En conversación con Ignacio Barbosa, fundador de Enduro Series y uno de los principales impulsores de este crecimiento desde la organización del campeonato nacional, exploramos la evolución de este deporte, el impacto de las bicicletas eléctricas, el trabajo formativo con niños y niñas, el rol de las comunidades locales y la proyección que viene.

Hace algunos años, el enduro explotó en Chile con cientos de ciclistas nuevos tras la pandemia. Hoy, esa masificación dio paso a un momento más estable y profesional. “El enduro en Chile ha madurado. Entró en una etapa de estabilización después de un momento de auge. Esa masificación ayudó a consolidar la modalidad y hoy estamos en una fase de mayor profesionalismo”, explica Barbosa.

“El enduro en Chile ha entrado en una etapa de madurez. Ya no es solo una moda: es una disciplina que se profesionaliza y crece con fuerza”.

Actualmente, cada fecha reúne cerca de 400 pilotos. El calendario nacional se ha convertido en un referente regional, con una organización que busca elevar el estándar competitivo año tras año.

¿Cómo crees que ha evolucionado el enduro en Chile en los últimos años?

Yo creo que el enduro en Chile ha madurado. Entró en una etapa de estabilización después de un momento de auge, sobre todo tras la pandemia, cuando llegábamos a tener 500 o 600 pilotos por fecha. Esa masificación ayudó a que la modalidad se consolidara y hoy estemos en una fase de mayor profesionalismo. Actualmente tenemos alrededor de 400 pilotos por fecha y el deporte ha alcanzado un equilibrio interesante entre lo competitivo y lo recreativo.

¿Cómo definirías esta etapa?

En este momento, el enduro chileno atraviesa una etapa de madurez, con miras a lo que viene en el futuro. También estamos viviendo una evolución con la integración de las bicicletas eléctricas, que como toda nueva tecnología, está en constante cambio y redefine el deporte.

¿Qué novedades traerá el Campeonato Nacional 2026?

El Campeonato Nacional 2026 traerá nuevos escenarios, siguiendo la línea que ya iniciamos en 2025 con fechas en Placilla, San Fernando y Curicó. Queremos incluir más lugares y avanzar hacia un formato con “especiales ciegas”, donde los pilotos no conocen los tramos antes de competir. Además, buscamos profesionalizarlo aún más, entregando mejores premios en dinero para las categorías élite, tanto eléctricas como análogas, e incorporar de forma más decidida las bicicletas eléctricas. Tendremos seis fechas en lugar de cinco y regresará la fecha en Illapel, con grandes sorpresas. Otro punto muy importante será la inclusión del Junior Series, donde ya tenemos más de 300 menores de 18 años participando. Esto amplía la base del deporte y fortalece su futuro.

¿Qué rol están teniendo las bicicletas eléctricas en el enduro?

Las bicicletas eléctricas están entrando con mucha fuerza. Es un mercado que evoluciona constantemente, casi como los teléfonos: cada año aparece una innovación que deja atrás la anterior. Nosotros hemos sido pioneros en Chile en desarrollar carreras con este formato, algo que en Europa aún se está definiendo. Actualmente usamos un formato tradicional de enduro, combinando pruebas especiales hacia abajo y power stages cortas que incluyen tramos de subida y bajada, lo que da más espectáculo al público.

“La bicicleta eléctrica ha democratizado la montaña. Abre la puerta a nuevas personas y rompe barreras físicas y geográficas”.

¿Cómo se adapta este tipo de bicicletas a nuestra geografía?

Creo que Chile, por su geografía, está hecho para las bicicletas eléctricas. Nuestros cerros son empinados y técnicos, y las e-bikes han democratizado la montaña, permitiendo que más personas, incluso quienes vienen del motociclismo o quienes no tienen tanta preparación física, puedan disfrutar del cerro. Obviamente hay que normar y educar su uso, pero es una realidad que llegó para quedarse. En pocos años, las bicicletas eléctricas podrían reemplazar por completo a las análogas en esta modalidad.

¿Cómo apoyan la formación de nuevos pilotos y niños?

Lo hacemos a través del Mountain Bike Junior Series, que este año tuvo tres fechas con gran éxito y para el próximo año tendrá cuatro. Partimos con 276 niños y ya llegamos a 376 competidores menores de 18 años. Las categorías más fuertes están entre los 9 y 13 años. Es muy bonito ver cómo los niños comparten con sus padres, quienes incluso pueden acompañarlos en ciertos tramos. En estas competencias no se permite el uso de bicicletas eléctricas, porque creemos que mantener la formación análoga es importante. También trabajamos con colegios y escuelas privadas de mountain bike, lo que ha fortalecido mucho la base del deporte.

¿Ha crecido la participación femenina en el campeonato?

Se ha mantenido estable, con entre 25 y 40 mujeres por fecha. Tenemos categorías femeninas en todos los niveles: Experience, Expertas y Elite, tanto en análogo como en eléctrico. Es un deporte exigente físicamente, y por eso la e-bike ha permitido abrir más oportunidades. El espacio para las mujeres está y es cada vez más valorado. Estoy seguro de que seguirá creciendo.

¿Cómo enfrentan los desafíos logísticos y ambientales de cada fecha?

Cada fecha implica un gran desafío logístico. Chile está caro y los traslados son complejos, pero nos esforzamos por hacerlo bien. En el aspecto ambiental, cuidamos que nuestras actividades no generen erosión ni impacto innecesario: usamos senderos existentes, huellas de animales o de motos antiguas, y recuperamos esos caminos. También involucramos mucho a las comunidades locales, para que aprendan y se beneficien del desarrollo sustentable del evento. Por ejemplo, utilizamos más de 300 kilos de cinta de marcaje que luego retiramos el mismo día y enviamos a reciclar para transformarla en nuevo material. Buscamos ser lo más responsables posible dentro de las condiciones del país.

¿Qué importancia tiene el evento Andes Pacífico para el enduro chileno?

El Andes Pacífico es el gran desafío, el sueño de todo endurero. Es una prueba que exige física y técnicamente, porque los pilotos van descubriendo los senderos día a día, sin conocerlos antes. Hoy el evento está en una etapa de renovación, incorporando bicicletas eléctricas y una nueva logística. Queremos volver a conectar esta iniciativa con el campeonato nacional: el campeón obtiene cupos y beneficios para participar, como un premio final tras toda la temporada. Es una forma de coronar el esfuerzo de los mejores pilotos del país.

¿Qué beneficios genera el campeonato en las comunidades locales?

El enduro genera un gran impacto positivo. A diferencia de otras modalidades, no requiere infraestructura fija ni vehículos de apoyo; basta con los senderos naturales. Eso lo hace ideal para fomentar el turismo local. En cada sede trabajamos con clubes y comunidades, enseñándoles sobre el cuidado de los senderos y cómo aprovechar el flujo turístico que se genera. Cuando las localidades se comprometen, aparecen nuevos servicios, restaurantes, talleres, alojamientos. El enduro deja huella económica y cultural donde llega.

¿Cuál es la proyección del enduro chileno a futuro?

Queremos internacionalizar algún evento clásico chileno y recuperar la presencia que tuvimos cuando el Enduro World Series llegó a Chile. La idea es seguir profesionalizando el campeonato, entregar premios en dinero, ofrecer seguridad, cronometraje confiable y una organización sólida. Después de 15 años, el desafío es mantener la calidad y seguir creciendo. Chile tiene potencial para ser una potencia del enduro a nivel mundial.

¿Qué te motiva personalmente a seguir impulsando este deporte?

Me motiva el amor por el mountain bike. Es un deporte hermoso, sustentable y lleno de experiencias. El enduro te permite explorar, hacer descensos, llegar a lugares únicos y naturales. Las bicicletas eléctricas rompieron barreras de tiempo y espacio, y hoy se puede recorrer mucho más en menos tiempo. Lo que más me inspira es transmitir eso a mis hijos y a las nuevas generaciones. Ver a la gente disfrutar después de una carrera, agradecer por los lugares que visitan, trabajar con un equipo comprometido… todo eso me impulsa a seguir. Creo que Chile tiene todo para ser una potencia mundial en este deporte, y eso es lo que me motiva día a día. También quiero agradecer a mi familia, a la nueva empresa, Momentum sports Marketing Agency y a todo el equipo detrás de cada evento: sin ellos, nada de esto sería posible.