domingo, julio 12, 2026
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Pablo Hobon: enseñar antes que correr, formar antes que ganar

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Desde el campo en Talagante hasta una escuela que busca profesionalizar el mountain bike, su apuesta no está en el resultado inmediato, sino en construir una cultura técnica, consciente y sostenible en el tiempo.

Antes de ser rider, profesor o formador, Pablo Hobon fue un niño que aprendió a moverse sin método ni estructura y un ambiente ideal. “Crecí en el campo, subiendo árboles, corriendo detrás de caballos, cayéndome y volviendo a intentar”, recuerda. Esa relación temprana con el cuerpo, el riesgo y la naturaleza no fue un entrenamiento, pero terminó siendo una base. “Ahí se formó mi conexión con el movimiento, con la adrenalina y con la naturaleza”, dice, como si ese origen explicara todo lo que vino después.

La bicicleta apareció más tarde, en la parcela de su abuelo en Pirque, casi como una extensión natural de ese entorno. No había técnica ni planificación, pero sí repetición, intuición y juego. “Empezamos a construir pistas, a desafiarnos entre nosotros, a buscar cómo mejorar cada día”. Lo que hoy podría parecer entrenamiento, en ese momento era simplemente insistir. “Aprendíamos de forma totalmente natural, sin saber que estábamos entrando en el mundo del mountain bike”, relata. 

Ese aprendizaje autodidacta tuvo un punto de inflexión cuando entró a trabajar en una tienda de bicicletas. Ahí apareció otra capa: la del conocimiento técnico, el rendimiento, los componentes. “Conocí el otro lado del deporte”, explica. Poco después, en el Bike Park de La Parva, esa dimensión se volvió más compleja. Construir pistas y luego recorrerlas lo llevó a entender el deporte desde dentro. 

“Muchas veces lo que frena no es la dificultad, sino el temor a fallar”.

El giro definitivo llegó casi sin anuncio, a partir de un vínculo. Ignacio Rojo, uno de los referentes del mountain bike chileno, lo integró primero en la construcción de pistas y luego en clases: “Ahí apareció algo más estructural. Al principio era solo motivación, pero con el tiempo entendí que enseñar era algo que se me daba de forma natural”. No fue una decisión estratégica, sino un reconocimiento progresivo.

Esa transición redefine su carrera. Cuenta que siempre le llamó la atención entender el porqué de las cosas arriba de la bicicleta. “La enseñanza aparece entonces como una extensión lógica. La formación es una forma de dejar una huella mucho más profunda que solo competir”, sostiene.

“Enseñar implica responsabilidad. Es un deporte de alto riesgo y necesitas entender técnica, aprendizaje y cómo reaccionar ante un accidente”. Su diagnóstico sobre la enseñanza del mountain bike en Chile es directo: “Hay una confusión entre ser profesor y ser guía o paseador de cerro. No lo plantea como crítica superficial, sino como un problema estructural”.

Formar antes que rendir: técnica, seguridad y criterio

Para Pablo Hobon, la diferencia entre un rider formado y uno autodidacta no está solo en el nivel, sino en la comprensión. “El rider formado entiende lo que hace. Tiene herramientas: lectura de terreno, control corporal, toma de decisiones”. El autodidacta, en cambio, puede avanzar, pero con vacíos. “El problema aparece cuando el terreno se vuelve más exigente”.

“Cuando enseñas, tienes que estar preparado no solo para enseñar, sino también para responder”.

Esa lectura conecta directamente con la seguridad. No como restricción, sino como conocimiento. “La seguridad no es evitar el riesgo, es saber enfrentarlo con herramientas”, explica. En su caso, esa responsabilidad se traduce en formación específica: primeros auxilios, manejo de trauma, preparación para escenarios complejos. “Cuando enseñas, tienes que estar preparado no solo para enseñar, sino también para responder”.

La técnica, en ese contexto, deja de ser un accesorio y pasa a ser estructura. Explica que “la técnica lo es todo. No solo como ejecución, sino como lectura. “Es lo que transforma el miedo en decisión. Sin ella, la progresión es frágil. Puedes avanzar rápido, pero llega un punto donde te estancas o te expones”.

El trabajo con niños y jóvenes terminó de consolidar esa mirada. Ahí encontró un espacio donde el aprendizaje se vuelve más transparente: “Los niños aprenden sin prejuicio, se equivocan y vuelven a intentar. En contraste, los adultos cargan con miedo y vergüenza. “Muchas veces lo que frena no es la dificultad, sino el temor a fallar”.

Su propia experiencia escolar influye en ese enfoque. Formado en un entorno Waldorf, aprendió a respetar los tiempos individuales. Tuvo profesores que le ayudaron sin juicio, con paciencia, y eso es lo que busca replicar. La enseñanza, en su caso, no es solo técnica, también es contexto emocional.

Desde ahí proyecta su escuela, como una estructura más amplia. “Me gustaría que sea un colegio deportivo, una plataforma de formación integral”. El objetivo no es solo formar riders, sino personas. “Que entiendan el deporte como parte de la vida, que lo respeten y lo vivan de forma consciente”.

«No son las carreras ni los podios. Son las personas que formaste».

Ese enfoque también define su idea de impacto. El mountain bike, dice, es una herramienta. “Te enseña toma de decisiones, resiliencia, manejo del miedo. Si eso se transfiere fuera de la bicicleta, el alcance es mayor. Ahí el impacto va mucho más allá del deporte”.

En esa misma línea aparece su noción de legado, lejos de los resultados. “No son las carreras ni los podios. Son las personas que formaste, las herramientas que les dejaste y cómo influiste en su camino”. Es una definición que desplaza el foco. No hacia lo que se gana, sino hacia lo que permanece.

Hobon no construye su carrera desde la transmisión. Su apuesta es más lenta, menos evidente, pero también más estructural. En un deporte donde la progresión suele medirse en velocidad, su énfasis está en otra parte; en formar riders que entiendan lo que hacen, que sepan por qué lo hacen y que puedan sostenerlo en el tiempo.

Montenbaik 2026: El enduro nacional acelera hacia el futuro

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El Campeonato Nacional de Enduro 2026 transita hacia la consolidación, incorporando bicicletas eléctricas y una base juvenil sólida marcan el presente y futuro de un deporte que se expande en nuestro país.

El enduro en Chile ya no es una moda pasajera. Lo que alguna vez fue una disciplina de nicho hoy vive un proceso de consolidación deportiva y organizativa, con circuitos cada vez más técnicos, presencia internacional, nuevas categorías y una base sólida de pilotos juveniles. Con la mirada puesta en el Campeonato Nacional 2026, la escena se prepara para un salto cualitativo que podría posicionar a Chile como una potencia regional y futura sede de competencias de alto nivel.

En conversación con Ignacio Barbosa, fundador de Enduro Series y uno de los principales impulsores de este crecimiento desde la organización del campeonato nacional, exploramos la evolución de este deporte, el impacto de las bicicletas eléctricas, el trabajo formativo con niños y niñas, el rol de las comunidades locales y la proyección que viene.

Hace algunos años, el enduro explotó en Chile con cientos de ciclistas nuevos tras la pandemia. Hoy, esa masificación dio paso a un momento más estable y profesional. “El enduro en Chile ha madurado. Entró en una etapa de estabilización después de un momento de auge. Esa masificación ayudó a consolidar la modalidad y hoy estamos en una fase de mayor profesionalismo”, explica Barbosa.

“El enduro en Chile ha entrado en una etapa de madurez. Ya no es solo una moda: es una disciplina que se profesionaliza y crece con fuerza”.

Actualmente, cada fecha reúne cerca de 400 pilotos. El calendario nacional se ha convertido en un referente regional, con una organización que busca elevar el estándar competitivo año tras año.

¿Cómo crees que ha evolucionado el enduro en Chile en los últimos años?

Yo creo que el enduro en Chile ha madurado. Entró en una etapa de estabilización después de un momento de auge, sobre todo tras la pandemia, cuando llegábamos a tener 500 o 600 pilotos por fecha. Esa masificación ayudó a que la modalidad se consolidara y hoy estemos en una fase de mayor profesionalismo. Actualmente tenemos alrededor de 400 pilotos por fecha y el deporte ha alcanzado un equilibrio interesante entre lo competitivo y lo recreativo.

¿Cómo definirías esta etapa?

En este momento, el enduro chileno atraviesa una etapa de madurez, con miras a lo que viene en el futuro. También estamos viviendo una evolución con la integración de las bicicletas eléctricas, que como toda nueva tecnología, está en constante cambio y redefine el deporte.

¿Qué novedades traerá el Campeonato Nacional 2026?

El Campeonato Nacional 2026 traerá nuevos escenarios, siguiendo la línea que ya iniciamos en 2025 con fechas en Placilla, San Fernando y Curicó. Queremos incluir más lugares y avanzar hacia un formato con “especiales ciegas”, donde los pilotos no conocen los tramos antes de competir. Además, buscamos profesionalizarlo aún más, entregando mejores premios en dinero para las categorías élite, tanto eléctricas como análogas, e incorporar de forma más decidida las bicicletas eléctricas. Tendremos seis fechas en lugar de cinco y regresará la fecha en Illapel, con grandes sorpresas. Otro punto muy importante será la inclusión del Junior Series, donde ya tenemos más de 300 menores de 18 años participando. Esto amplía la base del deporte y fortalece su futuro.

¿Qué rol están teniendo las bicicletas eléctricas en el enduro?

Las bicicletas eléctricas están entrando con mucha fuerza. Es un mercado que evoluciona constantemente, casi como los teléfonos: cada año aparece una innovación que deja atrás la anterior. Nosotros hemos sido pioneros en Chile en desarrollar carreras con este formato, algo que en Europa aún se está definiendo. Actualmente usamos un formato tradicional de enduro, combinando pruebas especiales hacia abajo y power stages cortas que incluyen tramos de subida y bajada, lo que da más espectáculo al público.

“La bicicleta eléctrica ha democratizado la montaña. Abre la puerta a nuevas personas y rompe barreras físicas y geográficas”.

¿Cómo se adapta este tipo de bicicletas a nuestra geografía?

Creo que Chile, por su geografía, está hecho para las bicicletas eléctricas. Nuestros cerros son empinados y técnicos, y las e-bikes han democratizado la montaña, permitiendo que más personas, incluso quienes vienen del motociclismo o quienes no tienen tanta preparación física, puedan disfrutar del cerro. Obviamente hay que normar y educar su uso, pero es una realidad que llegó para quedarse. En pocos años, las bicicletas eléctricas podrían reemplazar por completo a las análogas en esta modalidad.

¿Cómo apoyan la formación de nuevos pilotos y niños?

Lo hacemos a través del Mountain Bike Junior Series, que este año tuvo tres fechas con gran éxito y para el próximo año tendrá cuatro. Partimos con 276 niños y ya llegamos a 376 competidores menores de 18 años. Las categorías más fuertes están entre los 9 y 13 años. Es muy bonito ver cómo los niños comparten con sus padres, quienes incluso pueden acompañarlos en ciertos tramos. En estas competencias no se permite el uso de bicicletas eléctricas, porque creemos que mantener la formación análoga es importante. También trabajamos con colegios y escuelas privadas de mountain bike, lo que ha fortalecido mucho la base del deporte.

¿Ha crecido la participación femenina en el campeonato?

Se ha mantenido estable, con entre 25 y 40 mujeres por fecha. Tenemos categorías femeninas en todos los niveles: Experience, Expertas y Elite, tanto en análogo como en eléctrico. Es un deporte exigente físicamente, y por eso la e-bike ha permitido abrir más oportunidades. El espacio para las mujeres está y es cada vez más valorado. Estoy seguro de que seguirá creciendo.

¿Cómo enfrentan los desafíos logísticos y ambientales de cada fecha?

Cada fecha implica un gran desafío logístico. Chile está caro y los traslados son complejos, pero nos esforzamos por hacerlo bien. En el aspecto ambiental, cuidamos que nuestras actividades no generen erosión ni impacto innecesario: usamos senderos existentes, huellas de animales o de motos antiguas, y recuperamos esos caminos. También involucramos mucho a las comunidades locales, para que aprendan y se beneficien del desarrollo sustentable del evento. Por ejemplo, utilizamos más de 300 kilos de cinta de marcaje que luego retiramos el mismo día y enviamos a reciclar para transformarla en nuevo material. Buscamos ser lo más responsables posible dentro de las condiciones del país.

¿Qué importancia tiene el evento Andes Pacífico para el enduro chileno?

El Andes Pacífico es el gran desafío, el sueño de todo endurero. Es una prueba que exige física y técnicamente, porque los pilotos van descubriendo los senderos día a día, sin conocerlos antes. Hoy el evento está en una etapa de renovación, incorporando bicicletas eléctricas y una nueva logística. Queremos volver a conectar esta iniciativa con el campeonato nacional: el campeón obtiene cupos y beneficios para participar, como un premio final tras toda la temporada. Es una forma de coronar el esfuerzo de los mejores pilotos del país.

¿Qué beneficios genera el campeonato en las comunidades locales?

El enduro genera un gran impacto positivo. A diferencia de otras modalidades, no requiere infraestructura fija ni vehículos de apoyo; basta con los senderos naturales. Eso lo hace ideal para fomentar el turismo local. En cada sede trabajamos con clubes y comunidades, enseñándoles sobre el cuidado de los senderos y cómo aprovechar el flujo turístico que se genera. Cuando las localidades se comprometen, aparecen nuevos servicios, restaurantes, talleres, alojamientos. El enduro deja huella económica y cultural donde llega.

¿Cuál es la proyección del enduro chileno a futuro?

Queremos internacionalizar algún evento clásico chileno y recuperar la presencia que tuvimos cuando el Enduro World Series llegó a Chile. La idea es seguir profesionalizando el campeonato, entregar premios en dinero, ofrecer seguridad, cronometraje confiable y una organización sólida. Después de 15 años, el desafío es mantener la calidad y seguir creciendo. Chile tiene potencial para ser una potencia del enduro a nivel mundial.

¿Qué te motiva personalmente a seguir impulsando este deporte?

Me motiva el amor por el mountain bike. Es un deporte hermoso, sustentable y lleno de experiencias. El enduro te permite explorar, hacer descensos, llegar a lugares únicos y naturales. Las bicicletas eléctricas rompieron barreras de tiempo y espacio, y hoy se puede recorrer mucho más en menos tiempo. Lo que más me inspira es transmitir eso a mis hijos y a las nuevas generaciones. Ver a la gente disfrutar después de una carrera, agradecer por los lugares que visitan, trabajar con un equipo comprometido… todo eso me impulsa a seguir. Creo que Chile tiene todo para ser una potencia mundial en este deporte, y eso es lo que me motiva día a día. También quiero agradecer a mi familia, a la nueva empresa, Momentum sports Marketing Agency y a todo el equipo detrás de cada evento: sin ellos, nada de esto sería posible.