viernes, agosto 28, 2026
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Una travesía ancestral: Celeste Luna, consolidando la tradición del canotaje polinésico

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Desde Maitencillo, esta joven de 19 años abraza un deporte que conecta con la naturaleza y las raíces culturales del Pacífico. Conoce más sobre su historia y este deporte que esfuerzo físico con una conexión espiritual.

Celeste Luna, originaria de Maitencillo, ha encontrado en el canotaje polinésico un estilo de vida que la desafía y la conecta con sus orígenes. En sus propias palabras, el “Va’a” (palabra polinesia para referirse a un “bote”, “canoa” o “barco”) le permite entender y respetar los ciclos del mar; un maestro constante que le enseña a adaptarse a sus cambios y a encontrar equilibrio en sus ritmos. A diferencia de otras disciplinas, esta práctica ancestral combina esfuerzo físico con una conexión espiritual y cultural única, que Celeste considera esencial para crecer como persona y deportista.

A pesar de ser un deporte menos conocido en Chile, el canotaje polinésico está ganando terreno gracias a deportistas como Celeste, quienes trabajan por visibilizar su riqueza y su impacto. Su participación en campeonatos internacionales como el Mundial de Velocidad en Londres y el Panamericano en Brasil son un ejemplo del potencial de esta disciplina en el país.  

La deportista se enorgullece de haber representado a Chile en estos escenarios, pero también busca inspirar a las nuevas generaciones a explorar el Va’a como un espacio de aprendizaje, compañerismo y conexión con el entorno. “El camino no fue fácil, hubo muchos altos y bajos, pero logré posicionar a Chile en un lugar destacado”, sostiene. 

“El camino no fue fácil, hubo muchos altos y bajos, pero logré posicionar a Chile en un lugar destacado”,

La vida en Maitencillo ha sido clave en el desarrollo de su carrera. La cercanía con el mar le ha permitido entrenar y entender mejor sus dinámicas, transformándolo en un aliado indispensable para su éxito. Además, esta localidad costera le recuerda constantemente la importancia de cuidar y respetar el océano, un mensaje que también busca transmitir como promotora del deporte. Para ella, el canotaje polinésico no solo fortalece el cuerpo, sino que cultiva una relación íntima con la naturaleza y su historia.

Celeste sueña con que esta disciplina ancestral se consolide como un deporte reconocido en Chile y que más personas descubran su profundidad. Con su ejemplo, espera dejar un legado que inspire a otros a aventurarse en el mar, aprender de sus lecciones y compartir las historias que estas aguas han llevado consigo por siglos. 

¿Cómo comenzó tu camino en el canotaje polinésico y qué te motivó a elegir este deporte?

Comencé en el canotaje polinésico gracias a Matías Ortega, quien fue mi entrenador durante años y profesor de educación física en mi colegio. En sus clases, una de las materias era el canotaje, y aunque solo lo practiqué un par de veces, me dejó fascinada. Desde ese momento sentí una conexión especial con esta disciplina. A pesar de que durante mi etapa escolar lo practiqué de forma muy esporádica, después de la pandemia decidí retomarlo de manera constante. Fue ahí cuando realmente me di cuenta de lo mucho que me apasiona este deporte y de las posibilidades que podía explorar en él.

¿Cuáles son tus principales logros en competencias nacionales e internacionales que más orgullo te generan?

Uno de los logros que más me enorgullece son las dos medallas de bronce que gané en el Mundial de Velocidad en Londres 2022. Lo que hace especial este hito es que llevaba menos de un año entrenando y logré una clasificación directa para este campeonato, que además fue mi primera experiencia internacional. Ese momento marcó un antes y un después en mi carrera deportiva. Otro de mis grandes orgullos son los podios que he obtenido en los tres Panamericanos en los que he competido, tanto en Chile como en Brasil. Cada uno de esos triunfos representa un esfuerzo enorme y me motiva a seguir creciendo.

«Cada uno de esos triunfos representa un esfuerzo enorme y me motiva a seguir creciendo.».

¿Cuál consideras el mayor desafío o momento más difícil de tu trayectoria deportiva?

Sin duda, el mayor desafío ha sido dar visibilidad a un deporte que no es olímpico y que muchas veces no cuenta con el reconocimiento que merece. A nivel personal, los entrenamientos también han implicado grandes retos, como aprender a interpretar el comportamiento del mar durante todo el año. El mar es un entorno vivo, cambiante y a veces impredecible, y adaptarse a sus condiciones requiere mucha paciencia y experiencia. Esa conexión y entendimiento son parte esencial de lo que significa practicar canotaje polinésico.

¿Cuáles son tus metas a corto y largo plazo dentro del canotaje polinésico?

A corto plazo, quiero compartir mis conocimientos con niños y jóvenes que estén interesados en esta disciplina. Mi meta es que ellos puedan aprender a amar este deporte tanto como yo y, ojalá, en el futuro, logren subirse a un podio representando a Chile. A largo plazo, mi sueño es participar en el Te Aito, una de las competencias más prestigiosas del mundo en la modalidad V1 (canoa individual), que se realiza todos los años en Tahití. Es un desafío enorme y requiere estar al nivel de los mejores del mundo, pero es una meta que me inspira a seguir entrenando con dedicación.

¿Qué significó para ti representar a Chile en el Campeonato Mundial en Hilo, Hawái?

Representar a Chile en Hilo fue una de las metas más grandes que me he planteado como deportista. Después de haber participado en el Mundial de Velocidad, ya tenía una mejor idea de qué hacer y qué evitar en una competencia de esta envergadura. El camino no fue fácil, hubo muchos altos y bajos, pero logré posicionar a Chile en un lugar destacado, dentro del top 15 mundial. Saber que llevé mi bandera a un campeonato de ese nivel y obtuve resultados positivos me llena de orgullo y satisfacción.

¿Qué representa para ti el canotaje polinésico como deporte ancestral y cultural?

El canotaje polinésico, o Va’a, es mucho más que un deporte para mí; es una conexión profunda con la naturaleza, con la historia y con mis raíces. Es una disciplina que no solo me ha permitido crecer como deportista, sino también como persona. Gracias a ella, he conocido comunidades que valoran y respetan esta tradición ancestral, y he entendido mejor de dónde venimos y por qué el mar y la naturaleza se manifiestan de la manera en que lo hacen. Es un aprendizaje constante que va más allá de lo físico.

¿Cómo describes la conexión espiritual y cultural que se vive al practicar este deporte?

Es algo único que no he experimentado en ninguna otra actividad. Cada vez que entro al mar y remamos kilómetros mar adentro, siento una conexión que no puedo describir con palabras. Es un momento de introspección, de respeto por el entorno y de agradecimiento por lo que la naturaleza nos da. Además, compartir esta experiencia con otros practicantes que también valoran las raíces y la esencia del canotaje polinésico lo hace aún más especial.

¿Cómo ves el crecimiento del canotaje polinésico en Chile y su impacto en la comunidad deportiva?

Es emocionante ver cómo este deporte ha crecido en Chile en los últimos años. Cada vez más personas se interesan en practicarlo y en entender su significado cultural. Lo que más me llena de esperanza es observar a las nuevas generaciones. Vienen con una mentalidad disciplinada, con ganas de aprender y con el compromiso de disfrutar y dar lo mejor de sí mismas. Estoy segura de que este deporte seguirá ganando más espacio en la escena deportiva nacional.

¿Qué mensaje le darías a las nuevas generaciones interesadas en practicar este deporte?

Mi mensaje sería que no le tengan miedo al mar; al contrario, es el lugar más seguro y pacífico donde pueden estar. Les aconsejo que pasen el mayor tiempo posible en el agua, que aprovechen cada oportunidad de aprender y que escuchen a quienes tienen más experiencia. Este deporte les enseñará mucho más que técnica; les dará lecciones de vida.

¿Qué legado le gustaría dejar como deportista y promotora del canotaje polinésico?

Me gustaría que quienes sigan este camino aprendan a valorar y cuidar la costa tan rica y extensa que tenemos en Chile. Es un recurso increíble que debemos proteger. También quiero inspirar a otros a que aprovechen cada oportunidad que se les presente y a que, cuando decidan emprender un camino, lo hagan con el compromiso de ser los mejores en lo que elijan. Espero dejar un legado de pasión por este deporte y de respeto por la naturaleza y nuestras tradiciones.

Los atractivos de Corralco en Verano: naturaleza, termas, aventura y descanso en la montaña.

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Ubicada a solo 2 horas de Temuco, la Reserva Nacional Malalcahuello, ofrece una experiencia única para quienes buscan escapar del calor y disfrutar de un maravilloso paisaje rodeado de araucarias y bosques milenarios, con actividades para toda la familia, excelente hotelería y un servicio de calidad.

Dentro de la reserva nacional se encuentra Corralco, conocido por su centro de ski, en verano ofrece una gran variedad de experiencias para disfrutar en la montaña. Recorrer el entorno en bicicletas, por distintas rutas, contemplando el paisaje y apreciando el entorno natural es una de las posibilidades que ofrece este lugar.  Una de las principales excursiones es el recorrido por la ciclovía Malalcahuello – Manzanar que tiene 24 kilómetros ida y vuelta atravesando campos, ríos y bosques. Fue construida sobre la antigua línea ferroviaria que pretendía unir Chile y Argentina.

Otro de los imperdibles son los distintos circuitos de trekking habilitados en la zona, entre los que se encuentran el paseo a la laguna Pehuenco, que se caracteriza por su abundante vegetación e increíble zonas de araucarias, el ascenso al cerro Colorado y al volcán Lonquimay.

También es posible visitar el parque nacional Conguillío donde se puede apreciar el impresionante sendero de lava que dejó la erupción del volcán Llaima, las coloridas aguas de la laguna arcoíris y disfrutar de un rico almuerzo a los pies del lago.

Otro de los panoramas para este verano es el descenso en kayak por las tranquilas aguas del rio Cautín, una actividad ideal para realizar en familia.

“Cada año más turistas visitan la montaña en verano. La experiencia de estar conectados con la naturaleza, hacer actividades Outdoors en familia, apreciar los volcanes, la flora y fauna que es tan diversa en esta zona. La tranquilidad de la montaña permite una desconexión total ideal para el descanso”, señaló Guillermo Vergara, Gerente Comercial de Corralco.

A solo 20 minutos del hotel Corralco, se encuentran las Termas de Malalcahuello con una temperatura y composición de las aguas que promueven una profunda sensación de relajación. Cuentan con una piscina principal, jacuzzi termales, piscinas laterales, entre otras alternativas para disfrutar de las propiedades de estas aguas medicinales.

La Reserva Nacional de Malalcahuello es también un lugar ideal para los amantes de la naturaleza y la fotografía, con especies nativas como el huemul, pumas y una rica biodiversidad que se puede disfrutar en las caminatas guiadas.

El hotel ofrece además una propuesta gastronómica de primer nivel con productos típicos de la región para conocer los auténticos sabores del sur de Chile, bar, gimnasio, piscina temperada y al aire libre, spa y guardería para los niños más pequeños.