Desde Maitencillo, esta joven de 19 años abraza un deporte que conecta con la naturaleza y las raíces culturales del Pacífico. Conoce más sobre su historia y este deporte que esfuerzo físico con una conexión espiritual.
Celeste Luna, originaria de Maitencillo, ha encontrado en el canotaje polinésico un estilo de vida que la desafía y la conecta con sus orígenes. En sus propias palabras, el “Va’a” (palabra polinesia para referirse a un “bote”, “canoa” o “barco”) le permite entender y respetar los ciclos del mar; un maestro constante que le enseña a adaptarse a sus cambios y a encontrar equilibrio en sus ritmos. A diferencia de otras disciplinas, esta práctica ancestral combina esfuerzo físico con una conexión espiritual y cultural única, que Celeste considera esencial para crecer como persona y deportista.
A pesar de ser un deporte menos conocido en Chile, el canotaje polinésico está ganando terreno gracias a deportistas como Celeste, quienes trabajan por visibilizar su riqueza y su impacto. Su participación en campeonatos internacionales como el Mundial de Velocidad en Londres y el Panamericano en Brasil son un ejemplo del potencial de esta disciplina en el país.
La deportista se enorgullece de haber representado a Chile en estos escenarios, pero también busca inspirar a las nuevas generaciones a explorar el Va’a como un espacio de aprendizaje, compañerismo y conexión con el entorno. “El camino no fue fácil, hubo muchos altos y bajos, pero logré posicionar a Chile en un lugar destacado”, sostiene.

La vida en Maitencillo ha sido clave en el desarrollo de su carrera. La cercanía con el mar le ha permitido entrenar y entender mejor sus dinámicas, transformándolo en un aliado indispensable para su éxito. Además, esta localidad costera le recuerda constantemente la importancia de cuidar y respetar el océano, un mensaje que también busca transmitir como promotora del deporte. Para ella, el canotaje polinésico no solo fortalece el cuerpo, sino que cultiva una relación íntima con la naturaleza y su historia.
Celeste sueña con que esta disciplina ancestral se consolide como un deporte reconocido en Chile y que más personas descubran su profundidad. Con su ejemplo, espera dejar un legado que inspire a otros a aventurarse en el mar, aprender de sus lecciones y compartir las historias que estas aguas han llevado consigo por siglos.
¿Cómo comenzó tu camino en el canotaje polinésico y qué te motivó a elegir este deporte?
Comencé en el canotaje polinésico gracias a Matías Ortega, quien fue mi entrenador durante años y profesor de educación física en mi colegio. En sus clases, una de las materias era el canotaje, y aunque solo lo practiqué un par de veces, me dejó fascinada. Desde ese momento sentí una conexión especial con esta disciplina. A pesar de que durante mi etapa escolar lo practiqué de forma muy esporádica, después de la pandemia decidí retomarlo de manera constante. Fue ahí cuando realmente me di cuenta de lo mucho que me apasiona este deporte y de las posibilidades que podía explorar en él.
¿Cuáles son tus principales logros en competencias nacionales e internacionales que más orgullo te generan?
Uno de los logros que más me enorgullece son las dos medallas de bronce que gané en el Mundial de Velocidad en Londres 2022. Lo que hace especial este hito es que llevaba menos de un año entrenando y logré una clasificación directa para este campeonato, que además fue mi primera experiencia internacional. Ese momento marcó un antes y un después en mi carrera deportiva. Otro de mis grandes orgullos son los podios que he obtenido en los tres Panamericanos en los que he competido, tanto en Chile como en Brasil. Cada uno de esos triunfos representa un esfuerzo enorme y me motiva a seguir creciendo.

¿Cuál consideras el mayor desafío o momento más difícil de tu trayectoria deportiva?
Sin duda, el mayor desafío ha sido dar visibilidad a un deporte que no es olímpico y que muchas veces no cuenta con el reconocimiento que merece. A nivel personal, los entrenamientos también han implicado grandes retos, como aprender a interpretar el comportamiento del mar durante todo el año. El mar es un entorno vivo, cambiante y a veces impredecible, y adaptarse a sus condiciones requiere mucha paciencia y experiencia. Esa conexión y entendimiento son parte esencial de lo que significa practicar canotaje polinésico.
¿Cuáles son tus metas a corto y largo plazo dentro del canotaje polinésico?
A corto plazo, quiero compartir mis conocimientos con niños y jóvenes que estén interesados en esta disciplina. Mi meta es que ellos puedan aprender a amar este deporte tanto como yo y, ojalá, en el futuro, logren subirse a un podio representando a Chile. A largo plazo, mi sueño es participar en el Te Aito, una de las competencias más prestigiosas del mundo en la modalidad V1 (canoa individual), que se realiza todos los años en Tahití. Es un desafío enorme y requiere estar al nivel de los mejores del mundo, pero es una meta que me inspira a seguir entrenando con dedicación.
¿Qué significó para ti representar a Chile en el Campeonato Mundial en Hilo, Hawái?
Representar a Chile en Hilo fue una de las metas más grandes que me he planteado como deportista. Después de haber participado en el Mundial de Velocidad, ya tenía una mejor idea de qué hacer y qué evitar en una competencia de esta envergadura. El camino no fue fácil, hubo muchos altos y bajos, pero logré posicionar a Chile en un lugar destacado, dentro del top 15 mundial. Saber que llevé mi bandera a un campeonato de ese nivel y obtuve resultados positivos me llena de orgullo y satisfacción.

¿Qué representa para ti el canotaje polinésico como deporte ancestral y cultural?
El canotaje polinésico, o Va’a, es mucho más que un deporte para mí; es una conexión profunda con la naturaleza, con la historia y con mis raíces. Es una disciplina que no solo me ha permitido crecer como deportista, sino también como persona. Gracias a ella, he conocido comunidades que valoran y respetan esta tradición ancestral, y he entendido mejor de dónde venimos y por qué el mar y la naturaleza se manifiestan de la manera en que lo hacen. Es un aprendizaje constante que va más allá de lo físico.
¿Cómo describes la conexión espiritual y cultural que se vive al practicar este deporte?
Es algo único que no he experimentado en ninguna otra actividad. Cada vez que entro al mar y remamos kilómetros mar adentro, siento una conexión que no puedo describir con palabras. Es un momento de introspección, de respeto por el entorno y de agradecimiento por lo que la naturaleza nos da. Además, compartir esta experiencia con otros practicantes que también valoran las raíces y la esencia del canotaje polinésico lo hace aún más especial.
¿Cómo ves el crecimiento del canotaje polinésico en Chile y su impacto en la comunidad deportiva?
Es emocionante ver cómo este deporte ha crecido en Chile en los últimos años. Cada vez más personas se interesan en practicarlo y en entender su significado cultural. Lo que más me llena de esperanza es observar a las nuevas generaciones. Vienen con una mentalidad disciplinada, con ganas de aprender y con el compromiso de disfrutar y dar lo mejor de sí mismas. Estoy segura de que este deporte seguirá ganando más espacio en la escena deportiva nacional.
¿Qué mensaje le darías a las nuevas generaciones interesadas en practicar este deporte?
Mi mensaje sería que no le tengan miedo al mar; al contrario, es el lugar más seguro y pacífico donde pueden estar. Les aconsejo que pasen el mayor tiempo posible en el agua, que aprovechen cada oportunidad de aprender y que escuchen a quienes tienen más experiencia. Este deporte les enseñará mucho más que técnica; les dará lecciones de vida.
¿Qué legado le gustaría dejar como deportista y promotora del canotaje polinésico?
Me gustaría que quienes sigan este camino aprendan a valorar y cuidar la costa tan rica y extensa que tenemos en Chile. Es un recurso increíble que debemos proteger. También quiero inspirar a otros a que aprovechen cada oportunidad que se les presente y a que, cuando decidan emprender un camino, lo hagan con el compromiso de ser los mejores en lo que elijan. Espero dejar un legado de pasión por este deporte y de respeto por la naturaleza y nuestras tradiciones.






