Club Deportivo de Montaña Las Trancas: Donde la montaña construye comunidad
Más que promover deportes de montaña, el club ha tejido una red de familias, voluntarios y niños que encuentran en el valle un espacio para crecer, colaborar y aprender a cuidar el entorno que los une.
Existen lugares donde el deporte se organiza en torno a una cancha o un gimnasio. En el Valle Las Trancas ocurre algo distinto. Aquí, las primeras lecciones llegan caminando por un sendero, aprendiendo a leer la nieve o entendiendo que una montaña siempre merece respeto. El paisaje no es el telón de fondo de la historia, sino el protagonista.
Felipe Sepúlveda, presidente del club, relata que «nació gracias a un grupo de amigos y amantes de la montaña que compartían un mismo sueño: crear un espacio donde niños, jóvenes y adultos pudieran desarrollarse a través del deporte y el contacto con la naturaleza”.

Rodeado de bosques nativos, volcanes y una de las principales puertas de entrada a Nevados de Chillán, este rincón de la Región de Ñuble ha construido una identidad profundamente ligada a la vida al aire libre. Fue precisamente esa relación con el territorio la que motivó, en 2014, la creación del Club Deportivo de Montaña Las Trancas
“Con el tiempo, el club se transformó en una organización que impulsa el ski, el mountain bike, el desarrollo de senderos y eventos deportivos, fortaleciendo el deporte y la comunidad del valle», explica Sepúlveda.
La organización ha crecido junto con el valle. Hoy desarrolla escuelas deportivas, impulsa actividades durante gran parte del año y participa activamente en la conservación y habilitación de senderos. Sin embargo, el objetivo sigue siendo el mismo que inspiró a sus fundadores: formar personas antes que deportistas.
Para quienes crecen en Las Trancas, la montaña forma parte de la vida cotidiana. No es un lugar al que se va durante las vacaciones, sino un espacio que acompaña la infancia y moldea la forma de relacionarse con el entorno.

Para Felipe Sepúlveda «crecer aquí significa tener un entorno privilegiado donde la montaña se convierte en una sala de clases. Crecer en este lugar les enseña a respetar la naturaleza, a ser resilientes, a enfrentar desafíos y a disfrutar de una vida activa al aire libre».
Ese aprendizaje, explica, va mucho más allá de dominar una disciplina deportiva. El club entiende cada salida, entrenamiento o jornada de trabajo comunitario como una oportunidad para transmitir valores que acompañarán a niños y jóvenes durante toda su vida.
«Promovemos el respeto por la naturaleza, el compañerismo, la solidaridad, el esfuerzo, la perseverancia, la humildad y la responsabilidad. Creemos que el deporte es una herramienta para formar personas comprometidas con su comunidad y con el cuidado del entorno», destaca.
La identidad del club también está marcada por el lugar donde nació. No existe una separación entre el deporte y el paisaje; ambos forman parte de una misma historia.
«Nuestra identidad está profundamente ligada al Valle Las Trancas. Vivimos rodeados de montañas, bosques, volcanes y nieve, y eso define nuestra forma de entender el deporte. El territorio no es solo el lugar donde entrenamos; es parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra manera de vivir», señala el presidente del club.
Una comunidad que se construye entre todos
Si hay un elemento que distingue al Club Deportivo de Montaña Las Trancas es el rol que cumplen las familias. Padres, madres, hermanos y voluntarios no solo acompañan a niños y jóvenes en sus actividades deportivas; también participan en la organización de eventos, el mantenimiento de senderos y distintas iniciativas que fortalecen la vida comunitaria del valle.

Así lo plantea Felipe Sepúlveda: «Las familias son el corazón del club. Son quienes acompañan, motivan y hacen posible que niños y jóvenes participen. Además, algunos colaboran como voluntarios en actividades, eventos y proyectos, generando un verdadero sentido de comunidad donde todos aportan desde su experiencia».
Ese trabajo colectivo ha permitido que, con el paso de los años, aumente el interés por las actividades al aire libre y también la conciencia sobre la importancia de proteger el entorno que las hace posibles.
«La comunidad ha crecido y se ha fortalecido. Hoy existe una mayor participación de niños, familias y voluntarios, además de un mayor interés por el deporte al aire libre y el cuidado de los senderos. También ha aumentado la conciencia sobre la importancia de conservar nuestro entorno para las futuras generaciones», asegura.
Reflexiona que «la montaña enseña respeto, trabajo en equipo, autocuidado y capacidad para tomar buenas decisiones. También nos recuerda la importancia de adaptarnos a las condiciones, valorar los procesos y entender que los mejores resultados llegan con dedicación y constancia».
Aunque el club ha consolidado una comunidad activa y comprometida, sus integrantes saben que el crecimiento trae nuevos desafíos. El principal es mantener ese desarrollo sin perder la cercanía que caracteriza al proyecto desde sus inicios.

«Uno de nuestros principales desafíos es seguir creciendo de manera sostenible. Queremos continuar con las escuelas deportivas de ski, snowboard y mountain bike, mantener y desarrollar la red de senderos, conseguir más apoyo para nuestros proyectos y lograr que cada vez más niños puedan acceder al deporte», afirma.
La mirada también está puesta en fortalecer la organización durante todo el año, ampliar su infraestructura y seguir generando oportunidades para que nuevas generaciones encuentren en la montaña un espacio de encuentro.
Desde esa perspectiva explica que «imaginamos un club consolidado, con una buena estructura que le permita funcionar todo el año. Queremos seguir creciendo junto a la comunidad, con más infraestructura, más actividades y más oportunidades para que las nuevas generaciones vivan la montaña de manera segura y responsable».
Las Trancas ha logrado convertirse en un punto de encuentro para quienes entienden que la vida en la montaña también implica cuidar el lugar que la hace posible.Pertenecer a él “significa ser parte de una comunidad que comparte la pasión por la montaña”.
“Es aprender, colaborar y crecer junto a otras personas que entienden que el deporte, la naturaleza y la comunidad van de la mano. Es sentir orgullo por nuestro valle y asumir el compromiso de cuidarlo para quienes vendrán después», concluye Sepúlveda.





















