jueves, agosto 27, 2026
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Club Deportivo de Montaña Las Trancas: Donde la montaña construye comunidad

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Más que promover deportes de montaña, el club ha tejido una red de familias, voluntarios y niños que encuentran en el valle un espacio para crecer, colaborar y aprender a cuidar el entorno que los une.

Existen lugares donde el deporte se organiza en torno a una cancha o un gimnasio. En el Valle Las Trancas ocurre algo distinto. Aquí, las primeras lecciones llegan caminando por un sendero, aprendiendo a leer la nieve o entendiendo que una montaña siempre merece respeto. El paisaje no es el telón de fondo de la historia, sino el protagonista.

Felipe Sepúlveda, presidente del club, relata que «nació gracias a un grupo de amigos y amantes de la montaña que compartían un mismo sueño: crear un espacio donde niños, jóvenes y adultos pudieran desarrollarse a través del deporte y el contacto con la naturaleza”.

«El territorio no es solo el lugar donde entrenamos; es parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra manera de vivir».

Rodeado de bosques nativos, volcanes y una de las principales puertas de entrada a Nevados de Chillán, este rincón de la Región de Ñuble ha construido una identidad profundamente ligada a la vida al aire libre. Fue precisamente esa relación con el territorio la que motivó, en 2014, la creación del Club Deportivo de Montaña Las Trancas

“Con el tiempo, el club se transformó en una organización que impulsa el ski, el mountain bike, el desarrollo de senderos y eventos deportivos, fortaleciendo el deporte y la comunidad del valle», explica Sepúlveda. 

La organización ha crecido junto con el valle. Hoy desarrolla escuelas deportivas, impulsa actividades durante gran parte del año y participa activamente en la conservación y habilitación de senderos. Sin embargo, el objetivo sigue siendo el mismo que inspiró a sus fundadores: formar personas antes que deportistas.

Para quienes crecen en Las Trancas, la montaña forma parte de la vida cotidiana. No es un lugar al que se va durante las vacaciones, sino un espacio que acompaña la infancia y moldea la forma de relacionarse con el entorno.

“Es aprender, colaborar y crecer junto a otras personas que entienden que el deporte, la naturaleza y la comunidad van de la mano.

Para  Felipe Sepúlveda «crecer aquí significa tener un entorno privilegiado donde la montaña se convierte en una sala de clases. Crecer en este lugar les enseña a respetar la naturaleza, a ser resilientes, a enfrentar desafíos y a disfrutar de una vida activa al aire libre».

Ese aprendizaje, explica, va mucho más allá de dominar una disciplina deportiva. El club entiende cada salida, entrenamiento o jornada de trabajo comunitario como una oportunidad para transmitir valores que acompañarán a niños y jóvenes durante toda su vida.

«Promovemos el respeto por la naturaleza, el compañerismo, la solidaridad, el esfuerzo, la perseverancia, la humildad y la responsabilidad. Creemos que el deporte es una herramienta para formar personas comprometidas con su comunidad y con el cuidado del entorno», destaca.

La identidad del club también está marcada por el lugar donde nació. No existe una separación entre el deporte y el paisaje; ambos forman parte de una misma historia.

«Nuestra identidad está profundamente ligada al Valle Las Trancas. Vivimos rodeados de montañas, bosques, volcanes y nieve, y eso define nuestra forma de entender el deporte. El territorio no es solo el lugar donde entrenamos; es parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra manera de vivir», señala el presidente del club. 

Una comunidad que se construye entre todos

Si hay un elemento que distingue al Club Deportivo de Montaña Las Trancas es el rol que cumplen las familias. Padres, madres, hermanos y voluntarios no solo acompañan a niños y jóvenes en sus actividades deportivas; también participan en la organización de eventos, el mantenimiento de senderos y distintas iniciativas que fortalecen la vida comunitaria del valle.

Así lo plantea Felipe Sepúlveda: «Las familias son el corazón del club. Son quienes acompañan, motivan y hacen posible que niños y jóvenes participen. Además, algunos colaboran como voluntarios en actividades, eventos y proyectos, generando un verdadero sentido de comunidad donde todos aportan desde su experiencia». 

Ese trabajo colectivo ha permitido que, con el paso de los años, aumente el interés por las actividades al aire libre y también la conciencia sobre la importancia de proteger el entorno que las hace posibles.

«La comunidad ha crecido y se ha fortalecido. Hoy existe una mayor participación de niños, familias y voluntarios, además de un mayor interés por el deporte al aire libre y el cuidado de los senderos. También ha aumentado la conciencia sobre la importancia de conservar nuestro entorno para las futuras generaciones», asegura.

Reflexiona que «la montaña enseña respeto, trabajo en equipo, autocuidado y capacidad para tomar buenas decisiones. También nos recuerda la importancia de adaptarnos a las condiciones, valorar los procesos y entender que los mejores resultados llegan con dedicación y constancia».

Aunque el club ha consolidado una comunidad activa y comprometida, sus integrantes saben que el crecimiento trae nuevos desafíos. El principal es mantener ese desarrollo sin perder la cercanía que caracteriza al proyecto desde sus inicios.

«Uno de nuestros principales desafíos es seguir creciendo de manera sostenible. Queremos continuar con las escuelas deportivas de ski, snowboard y mountain bike, mantener y desarrollar la red de senderos, conseguir más apoyo para nuestros proyectos y lograr que cada vez más niños puedan acceder al deporte», afirma.

La mirada también está puesta en fortalecer la organización durante todo el año, ampliar su infraestructura y seguir generando oportunidades para que nuevas generaciones encuentren en la montaña un espacio de encuentro.

Desde esa perspectiva explica que «imaginamos un club consolidado, con una buena estructura que le permita funcionar todo el año. Queremos seguir creciendo junto a la comunidad, con más infraestructura, más actividades y más oportunidades para que las nuevas generaciones vivan la montaña de manera segura y responsable». 

Las Trancas ha logrado convertirse en un punto de encuentro para quienes entienden que la vida en la montaña también implica cuidar el lugar que la hace posible.Pertenecer a él “significa ser parte de una comunidad que comparte la pasión por la montaña”. 

“Es aprender, colaborar y crecer junto a otras personas que entienden que el deporte, la naturaleza y la comunidad van de la mano. Es sentir orgullo por nuestro valle y asumir el compromiso de cuidarlo para quienes vendrán después», concluye Sepúlveda.

 

Benjamín Corral: el descenso como punto de partida

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Entre lesión, rendimiento y proyección internacional, el rider chileno reconfigura su carrera en un deporte donde el margen siempre es mínimo.

Antes de competir, el vínculo con la bicicleta ya estaba instalado. No como disciplina, sino como práctica constante, como una forma de moverse y entender el entorno desde chico. “Desde muy pequeño ando en bicicleta, es mi pasión. Inicié en el BMX freestyle a los 4 años y en paralelo siempre salía con mi familia al cerro. A los 10 años me motivé a comenzar en el mountain bike junto a mi hermano, con quien nos fuimos metiendo cada vez más en este mundo hasta conseguir una bicicleta de enduro para llegar a esas bajadas en el Panul y Peñalolén”, explica Benjamín Corral. Ese inicio no responde a una estructura formal, sino a un acceso natural al deporte.

Con el tiempo, esa práctica se vuelve competitiva, pero sin cerrar del todo el camino. “En 2016 comencé a competir en enduro y participé en varios campeonatos nacionales hasta 2024, logrando títulos en distintas categorías. También tuve la oportunidad de correr Copas del Mundo, donde destacó un tercer lugar Sub 21 en Crans-Montana”, detalla, marcando una progresión que convive todavía con la exploración.

“Para rendir a nivel competitivo se necesita mucho esfuerzo, tanto arriba como abajo de la bicicleta”.

El descenso aparece después, condicionado por factores que no siempre se consideran. “Siempre me llamó la atención, pero era difícil entrar, principalmente por no contar con camioneta, que es clave para practicar. Con el tiempo me fui enamorando del descenso, especialmente en el bike park de Chillán. Ahí entendí que esto era lo que realmente me apasionaba: conocer pistas nuevas, compartir con amigos y llevarme al límite”, explica . La decisión no es solo deportiva, también es logística.

Ese proceso se interrumpe de forma abrupta. “Un gran punto de quiebre fue un accidente de tránsito. Un auto no respetó un disco Pare y me chocó mientras iba en motocicleta. Sufrí una triple fractura expuesta, la amputación de un gemelo y una reconstrucción completa del tobillo”, relata. La pausa no es solo física, también instala una duda que atraviesa el proceso.

En ese contexto, la recuperación se convierte en parte de la carrera. “Estuve un mes hospitalizado y varios meses sin saber si volvería a andar en bicicleta. Fue un momento muy duro, pero también me entregó madurez y aprendizajes que hoy aplico en mi vida y en mi carrera deportiva”, explica, integrando esa experiencia dentro de su desarrollo como rider.

Lo que exige competir: más que velocidad y técnica

Esa experiencia también amplía la forma en que entiende el rendimiento. “Para poder rendir a nivel competitivo se necesita mucho esfuerzo, tanto arriba como abajo de la bicicleta. Hay que prepararse físicamente, entrenar técnica, entender el seteo y la mecánica, y además contar con respaldo económico”, plantea dejando en claro que el rendimiento no se limita a lo que ocurre en la bajada.

“Siempre me llamó la atención el descenso, pero era difícil entrar, principalmente por no contar con camioneta, que es clave para practicar este deporte”.

Ahí aparece también una dimensión que suele quedar fuera. “El apoyo de marcas y equipos es fundamental para potenciar el ciclismo. También es clave que nosotros como deportistas entendamos el marketing deportivo, sepamos proponer proyectos y darle valor a lo que hacemos”, agrega.

Su rutina actual responde a esa lógica más amplia. “Además de estudiar Kinesiología, realizo tres sesiones de preparación física a la semana y trato de andar en bicicleta al menos cuatro veces. Combino enduro en e-bike y entrenamientos específicos de descenso, porque eso me permite trabajar de manera integral”, detalla. 

El acceso al deporte, sin embargo, sigue marcando diferencias. “Se puede empezar de buena forma si se hace progresivo. Hoy hay más opciones de bicicletas, pero sigue siendo un deporte caro y de alto riesgo, por lo que avanzar con calma es clave para evitar lesiones”, explica, situando el punto de partida en una lógica más realista.

Las referencias aparecen como guía, pero también como espejo para Benjamín:“ Admiro a Amaury Pierron por su capacidad de volver después de lesiones y mantenerse en el más alto nivel”, dice. A nivel local, el vínculo es más cercano. “Pedro Burns logró resultados importantes y apoyo internacional, algo que muchos buscamos”. 

“Estuve varios meses sin saber si volvería a andar en bicicleta, fue un momento muy duro pero también me entregó madurez y aprendizajes”.

El 2024 se instala como un año de consolidación dentro de ese proceso. “Fue el año en que destapé como rider de descenso, gané varias competencias y clasifiqué a la final de la Copa del Mundo en Andorra”, recuerda, integrando resultados dentro de una progresión más larga.

Aun así, el vínculo con la bicicleta no se reduce a competir. “Lo que más me importa es disfrutar la adrenalina de cada bajada, conocer lugares y compartir con personas increíbles. Pero siendo honesto, cuando compito quiero ser el más rápido”, dice, manteniendo esa doble dimensión dentro de su forma de entender el deporte.

Esa misma lógica aparece cuando proyecta lo que viene: “Siento que mi carrera recién comienza. Terminando mi carrera universitaria, quiero dedicar el 100% a buscar mi mejor versión como rider y desarrollar proyectos personales junto a marcas”, explica.

En ese recorrido, el descenso no aparece como una meta final ni como un punto de llegada definitivo para Benjamín Corral. Se instala más bien como el espacio donde se cruzan todas las variables que han ido moldeando su carrera: el entorno, las condiciones, la lesión, el aprendizaje y la proyección.