jueves, agosto 27, 2026
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Nicolás Bisquertt: la resiliencia que se forja en silencio

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Tras un accidente que le cambió la vida, encontró en la montaña un refugio y una forma de reconstruirse. Su historia no es solo la de un campeón mundial de para esquí, sino la de alguien que aprendió a disfrutar cada giro y a redefinir la victoria.

Nicolás Bisquertt todavía puede describir con lujo de detalle el momento exacto en que decidió entregarse al esquí. Fue hace 10 años, en una competencia internacional. No era la carrera más importante ni la que tenía más visibilidad, pero para él lo cambió todo. “El primer momento en que realmente sentí que esto era lo mío fue a fines de 2015, cuando fui a competir a Argentina. Era mi primera experiencia en este tipo de competencias y me fue muy bien. Me sentí cómodo, disfruté cada bajada y ahí me di cuenta de que quería dedicarme a esto de manera profesional”, recuerda.

Pero su historia no empieza ni termina en la línea de meta. Su biografía está atravesada por un accidente que transformó radicalmente su vida y su manera de enfrentar el mundo. No sabe si fue el momento más difícil, pero sí el más determinante. Desde entonces, aprendió a mirar hacia adelante con una claridad poco común.

“Sin duda, la resiliencia ha estado muy presente en mi vida. He enfrentado momentos difíciles, pero el mayor desafío, honestamente, fue después del accidente. Eso cambió mi vida por completo. No sé si llamarlo el momento más duro, pero sí fue el más determinante. Desde entonces, siempre he tratado de mirar hacia adelante de la mejor manera posible, dando importancia a los momentos que realmente te llenan y dejando de lado las cosas que no valen la pena. Más allá de ese episodio, no creo haber tenido otro momento más difícil en mi vida, confiesa. 

Su fortaleza mental no se reduce a resistir o soportar golpes; es la capacidad de reconstruirse y encontrar sentido en cada nueva etapa. Nicolás no se quedó anclado en lo que perdió, sino que eligió enfocarse en lo que podía crear a partir de ahí. Esa claridad interior, poco frecuente incluso entre deportistas de alto rendimiento, le ha permitido encarar cada bajada como una oportunidad de crecimiento, no como un escenario de presión. Su resiliencia se alimenta de la aceptación radical de su historia, de la disciplina diaria y de una convicción silenciosa que dice que lo valioso no está en el resultado final, sino en cada esfuerzo que lo sostiene.

“El apoyo de mi familia ha sido fundamental. Sin ellos, nada de esto sería posible. Me han acompañado y sostenido a lo largo de toda mi carrera deportiva. Mis amigos también han sido clave; después del accidente uno se da cuenta de quiénes son los verdaderos amigos, los que han estado presentes hasta hoy, aunque algunos no puedan acompañarme físicamente en este momento. Este camino, además, me ha regalado nuevas amistades muy valiosas. He conocido gente increíble en el equipo de esquí que me ha apoyado mucho. Son esos caminos de la vida los que realmente te llenan de cosas buenas”, relata.

La montaña como refugio y como motor

El deporte, y en particular el esquí, se convirtieron en un refugio y en un campo de experimentación constante. Sus días de entrenamiento comienzan temprano, con el sonido agudo del despertador cuando aún no amanece del todo. Después de un desayuno rápido, Nicolás se lanza a la montaña. Cada sesión tiene un objetivo técnico claro: “Para mí, cada día de esquí tiene un objetivo específico. Siempre busco mejorar, aunque sea un detalle pequeño”, cuenta.

“Para mí, lo más importante siempre ha sido el camino: el proceso, la preparación y el esfuerzo diario”.

Después de la mañana en la nieve, sigue el trabajo físico, que varía en intensidad según la etapa de la temporada. Por la tarde, llega el momento de revisar videos y pulir aspectos técnicos. Pero quizás el trabajo más silencioso —y más importante— ocurre en su mente. Gracias a su psicólogo deportivo ha desarrollado protocolos para enfrentar cada competencia con la mentalidad más sólida posible. “He aprendido que, aunque trabajes mucho, a veces el resultado no llega inmediatamente; pero si no trabajas, el resultado nunca va a llegar”, explica.

Todo este esfuerzo encontró un eco potente en 2023, cuando Nicolás ganó la medalla en el Mundial de Para Esquí. Más que una validación externa, fue la confirmación íntima de que el camino elegido era el correcto. “Las emociones en esos momentos son muy intensas. Es una locura poder materializar todo el trabajo de tantos años en un par de carreras. Para mí, lo más importante siempre ha sido el camino; el proceso, la preparación y el esfuerzo diario. Poder celebrarlo con mi familia y mis amigos me llena de felicidad y orgullo”, dice.

En un país donde el deporte adaptado todavía lucha por tener visibilidad, Nicolás observa con lucidez y sin triunfalismos ingenuos. “Chile ha tenido una evolución increíble, realmente una locura. En verano, por ejemplo, el equipo paralímpico ha traído más medallas que el equipo convencional, y eso es tremendo. Sin embargo, siempre falta un poco más: más apoyo, mejor planificación y, sobre todo, programas a largo plazo”, señala. Para él, la clave no está en los proyectos personales ni en los esfuerzos aislados, sino en construir equipos y planes colectivos que perduren en el tiempo y cambien la cultura deportiva del país.

“Mientras disfrutes lo que haces, el recorrido va a ser verdadero y entretenido”.

La montaña, para Nicolás, es mucho más que un espacio físico. Es el escenario donde se expresa sin ataduras y donde cada giro es un acto de libertad. Allí no hay ruido, no hay público, no hay expectativas ajenas; solo el viento y el sonido seco de los esquís cortando la nieve. “La mayor enseñanza que me ha dejado el esquí es que todo se trata de disfrutar el camino. Más allá de los resultados, lo esencial es valorar el proceso y la disciplina diaria”, afirma.

Cuando le preguntan qué consejo le daría a un niño o niña que sueñe con dedicarse al deporte adaptado, responde sin dudar: “Le diría que sueñe en grande, pero que recuerde que soñar no es suficiente: hay que trabajar muchísimo. Se necesita mucha disciplina, constancia y dedicación. Y, sobre todo, hay que disfrutar el camino. Mientras disfrutes lo que haces, el recorrido va a ser verdadero y entretenido. Si fuerzas la situación, no va a funcionar. Por eso, mi consejo es que sueñen, trabajen duro y disfruten cada paso del proceso”. 

Nicolás no necesita grandes gestos para inspirar. Lo hace en la forma en que se planta frente a cada desafío y en su convicción inquebrantable de que el valor real está en cada paso del camino. Si su historia se pudiera resumir en una palabra, esa sería “resiliencia”. No como un eslogan vacío, sino la que se forja en el silencio, en los días que nadie ve y en las derrotas que no aparecen en los titulares.

Hoy, Nicolás sigue bajando la montaña y cada curva es una conversación con su propia historia. No esquía para escapar ni para demostrar nada, lo hace porque en ese espacio encontró la forma más honesta y poderosa de seguir avanzando.

Con la montaña como maestra: el viaje de Isi Assler hacia la élite del freeride

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Desde sus primeras caídas autodidactas hasta convertirse en la única sudamericana clasificada al Mundial de Snowboard Freeride 2026, Isi Assler forja una historia de determinación, conexión con la naturaleza y un compromiso inquebrantable con la montaña.

A los 15 años, Isi Assler cambió para siempre sus dos esquís por una tabla. La decisión fue más emocional que racional, motivada por la estética, la libertad y una intuición poderosa: «Lo veía más libre, más creativo… y supe que yo también quería intentarlo». Lo que comenzó como una curiosidad adolescente se convirtió en una vocación profunda que hoy la tiene compitiendo con las mejores riders del planeta.

Desde entonces, su camino ha estado marcado por el esfuerzo, la autoformación y un respeto absoluto por la montaña. No solo se convirtió en instructora y competidora profesional, también vivió una experiencia límite. «Ver cómo el cerro se venía abajo a mis pies fue una imagen que nunca olvidaré», recuerda sobre la avalancha que transformó su relación con la nieve y la impulsó a promover activamente la seguridad en montaña.

«Ver cómo el cerro se venía abajo a mis pies fue una imagen que nunca olvidaré»

El freeride, dice, es mucho más que una disciplina deportiva: es un lenguaje, una forma de habitar el paisaje. «Es como una danza con la naturaleza, una expresión artística y personal». En 2023, sus líneas en Canadá la catapultaron al segundo lugar del ranking americano del Freeride World Qualifier, abriéndole paso al sueño grande: representar a Chile, y a toda Sudamérica, en el Mundial de Andorra 2026.

Pero su relato no es solo deportivo. Isi transmite una ética de conexión y cuidado con el entorno. «No tenemos un planeta de repuesto», afirma con la misma convicción con la que traza sus líneas en la montaña. En esta entrevista, compartimos su historia, sus aprendizajes y su visión de futuro con la misma naturalidad con la que se desliza por la nieve virgen.

¿Cómo se dio el paso del esquí al snowboard y qué sentiste en ese cambio?

Empecé a los 15 años. Hasta entonces, mi mundo era el esquí, pero algo del snowboard siempre me había llamado la atención; lo veía más libre, más creativo. Mi hermano mayor lo practicaba, y al verlo, supe que yo también quería intentarlo. Así que me lancé, literalmente. Aprendí de manera autodidacta, con muchas caídas y porrazos, pero también con una determinación inmensa. Fue un cambio radical, no solo de técnica, sino de perspectiva: el snowboard me conectó con una forma distinta de entender la montaña, más fluida, más intuitiva.

¿En qué momento esa conexión personal se transformó en una vocación más profunda?

Poco a poco me fui sumergiendo. Me formé como instructora, tomé cursos de seguridad en avalanchas, comencé a competir en freeride… y ahí entendí que no era solo un deporte. Era una forma de vida. Me gustaba la exigencia, pero también esa sensación de estar en un entorno que no puedes controlar del todo. Esa incertidumbre, bien entendida, es adictiva y te enseña mucho sobre ti misma.

«El freeride es una danza con la naturaleza; cada bajada es una conversación distinta con la montaña».

¿Qué es lo que hace tan especial al freeride para ti?

La libertad total. En el freeride tú eliges tu línea, tu estilo, tu forma de enfrentarte a la montaña. No hay una pista marcada ni una rutina que repetir. Es como una danza con la naturaleza, una expresión artística y personal. Cada bajada es distinta, porque la montaña cambia con cada tormenta, cada viento, cada capa de nieve. El freeride me conecta profundamente: me hace sentir poderosa y a la vez en paz.

Viviste una experiencia límite en la montaña. ¿Cómo te marcó ese momento?

Fue hace seis años. Estaba en la zona central y quedé atrapada en una avalancha. Ver cómo el cerro se venía abajo a mis pies fue una imagen que nunca olvidaré. Era como un río de nieve, violento y rápido. Tuve la suerte de quedar arriba y no ser enterrada por completo. Esa experiencia me cambió por dentro, ya que entendí que la montaña no es un juego. Desde entonces, asumí una responsabilidad distinta, especialmente en lo que respecta a la seguridad y a educar a otros sobre cómo prepararse.

A nivel deportivo, ¿cuándo sentiste que podías competir con las mejores del mundo?

En 2023, cuando viajé a Canadá a competir en el circuito del Freeride World Qualifier. Participé en tres fechas y terminé segunda en el ranking americano de los Challengers. Ese resultado me hizo ver que no estaba lejos, que realmente podía estar a la altura. Fue la primera vez que me visualicé en un mundial y me lo tomé en serio. Ahí nació el sueño de representar a Chile en Andorra 2026.

¿Cómo es tu vínculo emocional con la montaña?

Muy profundo. La montaña me da perspectiva, me ordena por dentro. Es mi lugar de sanación, de claridad mental, donde puedo respirar hondo y mirar la vida con otros ojos. Estar en la nieve me regala calma, pero también fuerza. Es como una terapia natural que me ayuda a estar alineada conmigo misma. En los días complejos, sé que estar ahí arriba me devuelve el foco.

¿Qué implica para ti la preparación previa a una competencia?

La preparación es integral. A nivel físico, paso muchas horas sobre la tabla, pero también entreno en gimnasio, hago yoga, estiro mucho. El equilibrio corporal es esencial para tener fluidez y control. También cuido mi alimentación, evito los azúcares, el gluten y el alcohol porque siento que me dan más claridad y rendimiento. Y mentalmente, visualizo mucho: cierro los ojos e imagino la línea, los movimientos, la sensación de fluir. Eso hace una gran diferencia.

«La avalancha me enseñó que la montaña no se conquista, se respeta»

Has hablado del respeto por la naturaleza. ¿Cómo lo integras en tu vida diaria?

Intento vivir de forma consciente. Elijo alimentos naturales, evito productos ultraprocesados y reduzco el uso de plásticos. Como guía de montaña, siempre insisto en que la gente se lleve toda su basura, incluso cáscaras de fruta. Puede parecer mínimo, pero en la alta montaña, esos gestos importan. Creo que la educación ambiental debe partir por el ejemplo, y cada acción cuenta.

¿Has sentido que ser mujer ha influido en tu experiencia en este deporte?

Sí, aunque más que barreras externas, a veces son barreras internas. Dudas, inseguridades que uno misma arrastra por cómo ha sido socializada. Pero cuando proyectas seguridad y convicción, esas barreras se van desarmando. Hoy veo más mujeres en la montaña, más referentes, más espacios compartidos. Eso cambia la energía y el panorama para las que vienen detrás.

¿Qué mensaje le darías a una niña que quiere dedicarse al snowboard?

Que confíe en sí misma, incluso cuando todo duela y no le resulte a la primera. Al principio va a costar, pero si le pone corazón, lo va a lograr. Le diría que no escuche los “no puedes” y que se atreva a soñar en grande. El camino no siempre es recto, pero vale totalmente la pena.

¿Qué viene ahora en tu camino?

Estoy entrenando para el Mundial de Andorra 2026. Seré la única chilena y la única snowboarder sudamericana en competencia, y eso me llena de emoción y responsabilidad. Además, participaré en el circuito sudamericano de freeride, que organizan Freeride Chile y Freeride Argentina. Son fechas clave para ganar ritmo y confianza. Estoy enfocada en crecer en lo técnico y también en lo mental. Quiero llegar a ese mundial siendo mi mejor versión.