jueves, agosto 27, 2026
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Rosario Holscher: Las convicciones de una nueva generación para redefinir el esquí chileno

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Con una trayectoria marcada por resultados destacados desde sus primeros años en competencia y una madurez que supera ampliamente su edad, la joven deportista no solo representa una promesa individual, sino que encarna el espíritu renovador de una generación emergente en el esquí chileno.

En la montaña no hay espacio para la improvisación. Cada línea exige decisión. Cada curva exige memoria muscular. Y cada bajada, sobre todo en el alto rendimiento, se convierte en una prueba contra el tiempo, pero también contra la duda. En ese terreno, donde conviven la tensión y la belleza, crece Rosario Holscher, una joven esquiadora chilena que no está aquí para acelerar el proceso, sino para hacerlo bien.

A sus catorce años, Rosario ya tiene marcas que la ponen en el mapa internacional del esquí alpino juvenil. Su tercer lugar en la Whistler Cup 2023, uno de los campeonatos más importantes del mundo en categorías formativas, no fue un golpe de suerte ni un día excepcional. Fue la consecuencia natural de una ruta sostenida, una temporada construida paso a paso y una manera de entender el deporte como algo que se aprende, se entrena y se respeta.

«Haber subido al podio en Whistler me hizo entender que el trabajo constante sí se refleja en los resultados».

“La lección más valiosa que me dejó Whistler fue darme cuenta de que sí puedo competir a ese nivel internacional», afirma Rosario, sin perder la serenidad que la caracteriza. “Haber subido al podio en una competencia tan grande no solo reforzó mi confianza, sino que también me hizo entender que el trabajo constante sí se refleja en los resultados”.

Desde entonces, cada entrenamiento adquirió un propósito más claro para ella. Ya no se trata solo de bajar rápido, sino de afinar cada movimiento, de trabajar con intención. “Ahora me concentro mucho más en los detalles técnicos, en mi preparación física, en lo mental… porque sé lo que realmente se necesita para representar a Chile en estas ligas. No es solo querer estar, es estar lista”, sostiene Rosario.

Para Rosario, más que una disciplina, el esquí es un idioma que aprendió desde que era niña, casi por osmosis, gracias al entorno familiar que la acompaña. Su madre fue corredora. Sus hermanos (Kay, Diego, Pedro y Tomás) también han trazado sus propias líneas con ambición competitiva. El apellido Holscher suena familiar en La Parva. Y sin embargo, Rosario no se escuda en los logros de otros. Lo suyo es una construcción propia, pero siempre acompañada.

“Un consejo que me dio mi hermano Kay, y que no se me va a olvidar, es que confíe en mí misma y que me tire con ganas”, comparte Rosario. “Siempre me lo repite antes de competir, y me motiva mucho. Saber que está ahí, que cree en mí, me da seguridad para concentrarme y salir a dar lo mejor. Mis hermanos tienen esa mezcla justa de cariño y exigencia: cuando algo no me sale, me lo dicen sin rodeos, pero también se quedan a ayudarme a mejorar. Y cuando las cosas van bien, son los primeros en felicitarme. Eso me impulsa a seguir esforzándome cada día”. 

La relación con su familia no es solo una red de apoyo; es también un espejo. Rosario ha crecido viendo lo que significa entrenar, madrugar, ganar y perder. Por eso no idealiza el esquí, sino que lo entiende como una carrera larga, llena de aprendizajes, donde el éxito no es una línea recta.

Técnica, control y confianza

A nivel técnico, Rosario no duda al hablar de sus preferencias: el Giant Slalom (GS) es su territorio natural. Ahí puede desplegar su estilo con mayor libertad, sin abandonar la precisión.

“El GS es donde me siento más cómoda. Es una disciplina que combina velocidad y técnica, y eso me permite mostrar de forma más clara mi confianza. Me gusta cómo se siente bajar en ese ritmo: no es tan frenético como el Slalom, pero tampoco tan abierto como el Súper-G. Hay que tener control, pero también soltar. Ahí es donde me encuentro”, explica.

«Lo importante es no perder nunca el foco ni las ganas. Cada carrera es una oportunidad para aprender».

En el Nacional Infantil 2024, Rosario no dejó dudas, ya que ganó en Slalom, Súper-G y GS. Su dominio fue absoluto. Sin embargo, lo que más se comenta en su entorno no es el triple podio, sino su forma de correr de manera limpia, decidida, inteligente. Una esquiadora que parece leer el trazado con anticipación, como si cada puerta fuera un punto de diálogo y no solo un obstáculo.

Desde hace un par de años, Rosario vive una parte del año en Estados Unidos, alternando el colegio con entrenamientos y competencias. Es un modelo que muchas esquiadoras de su generación comienzan a adoptar, pero que no todos logran sostener. La presión académica y el alto rendimiento pueden parecer caminos incompatibles. Rosario ha aprendido a hacerlos coexistir.

Reconoce que ha sido difícil, “pero también ha sido una tremenda oportunidad para crecer. Aprendí a enfocarme mucho en lo que estoy haciendo. Si estoy en clases, estoy en clases. Si estoy entrenando, me concentro en cada movimiento. Organizarme bien, priorizar y ser disciplinada ha sido fundamental. No se trata solo de hacer todo, sino de hacerlo bien, sin perder el foco”.

Esa capacidad de organización y madurez la ha llevado a proyectarse con claridad. Sabe que la siguiente etapa no será sencilla. Este año comienza su primer ciclo en el circuito FIS, donde competirá contra atletas mayores, de diversas nacionalidades, muchas de ellas ya entrenadas para competir en Copas Continentales.

No se trata solo de hacer todo, sino de hacerlo bien, sin perder el foco”.

“Estoy muy enfocada en esa transición. Sé que el circuito FIS es un salto grande. La idea no es solo participar, sino aprender lo máximo posible. Quiero sumar partidas, ganar experiencia y entender cómo se corre a ese nivel. Estoy trabajando mucho en lo físico y en lo mental, porque sé que el cambio es grande. Pero estoy lista para ese desafío”, sostiene con convicción”.

Cuando se le pregunta por el futuro, Rosario no titubea. Habla de la universidad NCAA en Estados Unidos como una posibilidad muy concreta, pero también sueña con llegar al nivel de Copa del Mundo. No los ve como caminos excluyentes, sino complementarios.

“Me encantaría seguir avanzando en ambos caminos, plantea Rosario, sin titubeos. Las universidades en Estados Unidos tienen un nivel muy alto y permiten compatibilizar estudios con competencia, algo que me atrae mucho. Pero también me motiva llegar a  Copas del Mundo y representar a Chile al máximo nivel. Si mantengo mi motivación, mi disciplina y sigo aprendiendo de cada carrera, creo que puedo lograrlo. Lo importante es no perder nunca el foco ni las ganas”, afirma, con la claridad de quien entiende que los grandes logros se construyen con pasos sostenidos.

En un país donde el esquí alpino aún lucha por salir de la periferia deportiva, figuras como Rosario Holscher no solo amplían el horizonte competitivo, sino que transforman la manera de habitar la montaña. Lo hacen con determinación, con autoconciencia, y con una visión a largo plazo que escapa del brillo momentáneo.

Porque mientras muchos se apuran en llegar, Rosario se enfoca en sostenerse. En aprender a fondo. En leer cada trazado con calma, como si fuera un idioma que aún tiene matices por descubrir. Como en el GS, su disciplina favorita, el camino que está construyendo exige control, decisión y una sensibilidad especial para entender el ritmo justo.

Y quizás ahí esté su verdadero diferencial: Rosario no corre contra nadie. Corre hacia una versión mejor de sí misma. Una que, con el tiempo, podría dejar una marca más profunda que cualquier podio. Una que inspire a otras y que le recuerde al país que también se puede ganar cuando se elige avanzar con conciencia.

El salto oficial del freeride: Chile se posiciona tras el histórico reconocimiento de la FIS

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A una década de su primera competencia, el freeride deja de ser un deporte de bordes para convertirse en disciplina oficial de la Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS). Con circuitos activos, atletas clasificados a mundiales y una base sólida en regiones, Chile se instala como un actor relevante en esta nueva etapa global. Pero el salto también exige resolver vacíos en formación, financiamiento y sustentabilidad.

Durante años fue una práctica rebelde, sin federación, sin respaldo, sin podios ni planes de desarrollo estatal. Una mezcla de cultura de montaña, libertad, riesgo y respeto por el entorno natural, que no encajaba con el molde tradicional de los deportes invernales. El freeride nació fuera de pista, y desde ahí creció, se organizó, se expandió y hoy, finalmente, es reconocido como disciplina oficial por la Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS).

Para el caso chileno, este reconocimiento no es un punto de partida, sino de llegada. Una validación que consagra una década de trabajo autónomo y territorial, liderado por un puñado de gestores, entrenadores y atletas que construyeron un circuito desde cero, que hoy tiene impacto regional, vínculos internacionales y una clara estrategia de crecimiento.

“El freeride es una disciplina nueva que incorporamos oficialmente a la federación en noviembre de 2024. Eso implica un crecimiento en nuestras responsabilidades y también en la necesidad de financiamiento. Ya tenemos a Isidora Assler clasificada al primer Mundial y estamos trabajando para que nuestros deportistas se integren formalmente a la federación, con los mismos beneficios que el resto”, afirma Stefano Pirola, presidente de Fedeski Chile, quien culmina su segundo ciclo al mando en mayo de 2025.

El paso no es menor. Implica formalización, planificación, presupuestos, programas técnicos, formación de entrenadores y un salto institucional hacia un deporte que antes vivía en el margen. Pirola ha liderado este proceso con mirada amplia: “Hemos solicitado al IND recursos adicionales, porque no sería justo dividir el mismo presupuesto entre más disciplinas. A largo plazo, queremos ampliar las disciplinas en competencia, pero eso requiere trabajo conjunto con el Comité Olímpico de Chile”.

Del Cerro Castillo a la FIS: una década de impulso territorial

Fue en 2016 cuando un grupo de esquiadores organizó la primera competencia freeride en Cerro Castillo, en la región de Aysén. “Nació como un circuito nacional, enfocado en nuestras raíces, en hacer crecer la cultura de montaña local. Después nos expandimos a Sudamérica, montamos fechas en Argentina, y eso nos permitió construir el circuito sudamericano”, cuenta Fernando Ochagavía, uno de los impulsores clave del desarrollo freeride en Chile y actual representante del país ante la IFSA (International Freeskiers and Snowboarders Association).

Ese circuito regional permitió establecer un acuerdo con la IFSA en 2020, en plena pandemia, que fue determinante: acceso directo a las finales mundiales, tanto en la categoría Challenge como Junior, y la posibilidad de sumar a Chile al calendario internacional. “Eso permitió que nuestros atletas no solo compitieran, sino que se proyectaran. El freeride chileno dejó de mirar desde fuera”, señala Ochagavía.

El crecimiento del circuito chileno no ha sido espontáneo, sino producto de una estrategia de largo plazo. Una de sus claves ha sido la creación de una red de clubes y eventos a lo largo del país. Hoy existen más de 25 clubes organizando camps y competencias freeride, desde Antillanca hasta Las Trancas, pasando por La Parva y El Colorado, que se ha convertido en “la casa del freeride nacional”.

Pero el avance rápido también reveló un vacío estructural: la formación. “El mayor problema hoy es que los atletas juniors que clasifican a las finales en Estados Unidos están solos, sin entrenadores preparados. Muchos clubes dicen ser de freeride, pero no tienen formación. Por eso nació el Club Freeride Chile”, explica Ochagavía.

Este club, dirigido por Matías Doherty, fue reconocido por la IFSA como la entidad encargada del crecimiento y desarrollo de entrenadores en Chile. Doherty está implementando los cursos L100 y L200, que certifican competencias técnicas y pedagógicas. “Si queremos darles una carrera real a nuestros deportistas, necesitamos entrenadores reales. La formación no es opcional”, enfatiza.

Mientras que el presidente de Fedeski, Stefano Pirola, evalúa que, en términos generales, “el gran desafío que tenemos es aumentar la participación olímpica. En Tokio fuimos con cuatro deportistas en tres disciplinas, y ahora aspiramos al menos a duplicar esa cifra: llegar a ocho representantes en cuatro deportes. Creemos que es una meta realista, considerando el nivel actual de nuestros atletas. A largo plazo, queremos ampliar las disciplinas en competencia, pero eso requiere un trabajo conjunto con el Comité Olímpico de Chile.”

Chile ya ha organizado fechas tres y cuatro estrellas, competencias puntuables para el ranking mundial, con participación masiva de atletas internacionales. “En la última competencia 4 estrellas, el 60% de los participantes fueron estadounidenses. Fue un primer testeo, donde los locales se midieron con riders del más alto nivel. Eso nos mostró el potencial real que tenemos”, señala Ochagavía.

El impacto se ha traducido en cifras: más de 150 niños y adultos han visitado El Colorado por eventos freeride, y clubes internacionales comienzan a mirar a Chile como sede de entrenamiento. Además, se espera que el país postule a organizar en los próximos años la final del Junior Freeride Championship y una fecha Challenger, eventos de primer orden mundial.

Una cultura de montaña y conciencia ambiental

Más allá del deporte, el freeride ha traído consigo una cultura de montaña distinta, con fuerte énfasis en la sustentabilidad y el respeto por el entorno. “El mundo fuera de pista ya viene con una cultura propia. Siempre tenemos equipos de recolección de basura, trabajamos con municipalidades, buscamos proteger el lugar donde esquiamos. La idea es cuidar para volver, no para destruir”, afirma Ochagavía.

Stefano Pirola también ha enfatizado ese enfoque en la gestión federativa: “La sostenibilidad es parte de nuestra política. Desde el año pasado nuestras medallas se fabrican con materiales reciclables. Además, trabajamos con la FIS en programas de capacitación para que nuestros administradores y auspiciadores adopten prácticas sustentables”.

El cambio climático ha afectado directamente a los deportes de nieve, con temporadas más cortas y menos nieve acumulada. La FIS, junto a organismos como la IFSA y federaciones nacionales, ha comenzado a tomar cartas en el asunto. “La relación entre deporte, ciencia y nieve es clave. Necesitamos entender qué está pasando, cómo prepararnos, y cómo podemos contribuir a cuidar el entorno donde se desarrolla nuestra actividad”, concluye Pirola.

«Creemos que todos los programas que combinan deporte, nieve y ciencia son bienvenidos. De hecho, la FIS tiene varios convenios con instituciones europeas para el estudio de glaciares y, en general, del cambio climático, porque hay lugares donde cada vez hay menos nieve, lo que representa un problema que debemos enfrentar en los próximos años. Nosotros también creemos que eso puede ocurrir acá. Por eso, cualquier vínculo con la ciencia y la investigación que nos permita tener mayor claridad sobre lo que viene, cómo podemos contribuir, prepararnos y aportar, es 100% valioso y está totalmente alineado con las políticas y propósitos de la Federación», reflexiona. 

El gran desafío: que el reconocimiento no quede en el papel

El reconocimiento de la FIS es un hito. Pero también un desafío. Formalizar implica responder con políticas, programas, estructura técnica y visión. Y eso no será posible sin recursos, sin apoyo estatal y sin voluntad federativa continua.

El presidente de Fedeski Chile señala que “las principales barreras para masificar los deportes de nieve son dos: el alto costo y el acceso. Sin embargo, hay disciplinas como el cross-country que requieren menos recursos, y creemos que ahí hay una oportunidad para fomentar su práctica en comunidades regionales con condiciones adecuadas. También necesitamos avanzar en una cultura deportiva más enfocada en la montaña. Nos falta entender la montaña como un espacio esencial para el desarrollo, no solo deportivo, sino también personal, aprovechando la inmensa cordillera que atraviesa todo nuestro país”.

Pirola identifica dos grandes barreras que limitan la masificación de los deportes de nieve en el país: el alto costo y la falta de acceso. “Si bien muchas disciplinas requieren inversiones importantes, el cross-country representa una excepción, ya que demanda menos recursos y ofrece una gran oportunidad para impulsar su práctica en comunidades regionales con condiciones naturales favorables”, comenta. Pirola también subraya la necesidad de fortalecer una verdadera cultura de montaña, que permita entender la cordillera no solo como un escenario deportivo, sino como un espacio esencial para el desarrollo integral de las personas. “Nos falta concebir la montaña como parte central de nuestra identidad y aprovechar al máximo la inmensa cordillera que recorre Chile de norte a sur”, añade.

Respecto a su gestión, evalúa con mirada estratégica el cierre de su mandato: “Este segundo ciclo corresponde al segundo periodo de cuatro años, tras un primer ciclo similar, y culminará en mayo del próximo año. Mi objetivo ha sido consolidar una federación robusta y bien estructurada, tanto en lo administrativo como en lo financiero, con selecciones nacionales activas en todas las disciplinas y resultados destacados no solo en la Copa Sudamericana —donde hemos tenido importantes logros—, sino también en el circuito mundial y olímpico. En cuanto al legado material, destaca la pronta inauguración del Beaker Landing, el centro de entrenamiento seco para snowboard freestyle, que esperamos abrir en los próximos meses y que marcará un hito para el desarrollo técnico de nuestros atletas”, concluye.

La oficialización del freeride como disciplina FIS no solo simboliza el fin de un largo camino de legitimación, sino que inaugura una etapa donde Chile tiene la oportunidad histórica de consolidarse como líder regional y plataforma mundial. Con talento emergente, una cultura de montaña que comienza a fortalecerse y una federación que aspira a dejar un legado sólido y moderno, el desafío ahora es transformar este reconocimiento en infraestructura real, apoyo sostenido y nuevas generaciones que vean en la cordillera no solo un lugar para competir, sino un espacio para crecer y soñar en grande.