jueves, agosto 27, 2026
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Andes Park – Air Bag Landing: Entrenar como los mejores para competir con los mejores

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Durante décadas, los deportistas chilenos de freestyle debieron viajar al extranjero para acceder a instalaciones de nivel mundial. La inauguración de Andes Park, en Matanzas, busca cambiar esa realidad y abrir una nueva etapa para el desarrollo del ski y snowboard freestyle en Chile y Sudamérica.

Los trucos en el freestyle comienzan mucho antes del momento en que un deportista realiza el salto. Detrás de esa maniobra existen cientos de intentos, caídas, correcciones y horas de entrenamiento que, hasta ahora, obligaban a los atletas chilenos a buscar en el extranjero la infraestructura necesaria para progresar con seguridad.

Durante años, esa fue una de las principales diferencias entre Chile y las potencias del freestyle. Mientras países como Canadá, Estados Unidos, Japón o Suiza desarrollaban centros de entrenamiento equipados con airbags de última generación que permiten practicar maniobras durante todo el año, los deportistas nacionales debían concentrar gran parte de su preparación en cortas temporadas sobre nieve o viajar al exterior para seguir evolucionando.

«Si queremos competir en las grandes ligas, debemos entrenar como en las grandes ligas.»

Con la inauguración de Andes Park Air Bag Landing, en Espacio Chorrillo, Matanzas, esa realidad comienza a cambiar. La nueva infraestructura, única en Sudamérica, incorpora una rampa con superficie sintética y un sistema de recepción mediante un colchón inflable de grandes dimensiones, permitiendo replicar las condiciones de un snowpark con mayores niveles de seguridad y continuidad de entrenamiento.

Para Ismael Cuadra, entrenador del Equipo Nacional de Freeski y uno de los impulsores del proyecto junto a Luciano Sánchez Fares, la iniciativa nació a partir de una necesidad que acompañó durante años el desarrollo de esta disciplina en Chile.

«Andes Park Air Bag Landing nace de una necesidad muy concreta: poder entrenar freestyle de alto rendimiento durante todo el año en Chile. Por años vimos la gran diferencia que existía con los países líderes de nuestra disciplina, donde el uso de airbags permite progresar de forma más segura y constante. Con Luciano compartíamos siempre una idea: si queremos competir en las grandes ligas, debemos entrenar como en las grandes ligas», explica.

Más que incorporar una nueva infraestructura deportiva, el proyecto busca modificar la manera en que se forman los atletas. Poder repetir una maniobra decenas de veces sin depender exclusivamente de la nieve reduce los riesgos, acelera los procesos de aprendizaje y permite planificar el entrenamiento con estándares similares a los de los principales centros internacionales.

Construir el futuro desde Chile

Aunque el airbag es el elemento más visible de Andes Park, detrás de la obra existe una idea mucho más amplia. El objetivo no es solamente ofrecer un lugar para entrenar, sino construir un espacio capaz de reunir a deportistas, clubes, entrenadores y nuevas generaciones alrededor del freestyle.

«Creemos que este espacio puede marcar un antes y un después para el freestyle en la región.

«Creemos que este espacio puede marcar un antes y un después para el freestyle en la región. Permite entrenar durante todo el año de forma más segura, progresiva y con estándares internacionales, acercando oportunidades que antes solo existían en el extranjero. Más que un centro de entrenamiento, queremos que sea un punto de encuentro para formar deportistas, entrenadores y seguir fortaleciendo la comunidad del freestyle», señala Cuadra

La elección de Espacio Chorrillo tampoco fue casual. Después de dos intentos fallidos por instalar el proyecto en Santiago, sus impulsores encontraron en Matanzas un lugar que reunía las condiciones necesarias para convertir la idea en realidad.

Así lo destaca el entrenador del Equipo Nacional de Freeski: «Espacio Chorrillo reunía todo lo que necesitábamos: infraestructura, maquinaria, experiencia técnica y un entorno ideal para desarrollar una obra de esta magnitud. Además, su ubicación, las instalaciones deportivas y el entorno natural lo convierten en un socio estratégico para impulsar el crecimiento del freestyle en Chile y Sudamérica».

«Más que un centro de entrenamiento, queremos que sea un punto de encuentro para formar deportistas, entrenadores y seguir fortaleciendo la comunidad del freestyle».

La inauguración reunió a más de 220 personas entre deportistas, entrenadores, autoridades, representantes de la Federación Deportiva Nacional de Ski y Snowboard de Chile y miembros de la comunidad local, quienes pudieron conocer una instalación diseñada para funcionar durante todo el año y proyectar el desarrollo del freestyle a largo plazo.

El impacto de Andes Park trasciende a quienes hoy integran las selecciones nacionales. Para las nuevas generaciones, significa la posibilidad de acceder desde etapas tempranas a una herramienta que hasta hace poco solo existía en algunos centros especializados del extranjero.

También representa un cambio cultural. Durante años, el crecimiento del freestyle chileno dependió principalmente del esfuerzo individual de deportistas y entrenadores que debían salir del país para continuar evolucionando. Hoy, parte de ese proceso comienza a desarrollarse en territorio nacional, permitiendo que más jóvenes puedan progresar sin enfrentar las mismas barreras que marcaron a las generaciones anteriores.

«Esto nos permitirá tener una progresión clara y probar nuestros trucos para luego llevarlos a la nieve. Toda la vida hemos viajado para entrenar en este tipo de instalaciones y ahora lo tenemos acá; esto es histórico», afirmó el snowboarder chileno Álvaro Yáñez durante la inauguración.

«Yo puedo esquiar con mi mamá, con mis hijos y con mis sobrinos al mismo tiempo».

Esa visión también fue compartida por Stefano Pirola, ex presidente de la Federación Deportiva Nacional de Ski y Snowboard de Chile, quien destacó el carácter estratégico del proyecto para el desarrollo del deporte nacional.

«Este proyecto representa mucho más que una infraestructura; es un legado que perdurará por años. Ha sido un camino largo y estamos confiados en que este es un aporte real para, en el futuro, contar con grandes resultados en estas disciplinas y, por qué no, soñar con una medalla olímpica», planteó. 

Para Ismael Cuadra, sin embargo, el mayor valor de Andes Park no se medirá únicamente por los resultados deportivos que puedan llegar en el futuro. También estará en la posibilidad de que niños y jóvenes encuentren un lugar donde aprender, equivocarse, progresar y desarrollar su talento sin tener que abandonar el país para acceder a herramientas de primer nivel.

Después de años viajando para entrenar, el freestyle chileno comienza a construir un escenario distinto. Andes Park no reemplaza la montaña ni la nieve, pero sí acorta la distancia que históricamente separó a los deportistas nacionales de las grandes potencias. Y, quizás por primera vez, permite imaginar que el próximo salto hacia la élite mundial pueda comenzar mucho antes de despegar.

Club de Ski La Leonera: un lugar donde la montaña se enseña en familia

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Hace tres años, Benjamín Carvallo junto a Ignacia Valdés, decidió crear un club de esquí que siguiera un camino distinto al que él mismo había recorrido como competidor y entrenador. Hoy, La Leonera reúne a decenas de familias en torno a la idea de que la montaña puede ser una escuela donde el aprendizaje va mucho más allá de la técnica.

Hay una escena que se repite cada fin de semana en La Leonera, club de ski con base en El Colorado. Mientras algunos niños terminan un descenso, otros esperan su turno conversando, jugando con la nieve o mirando cómo sus amigos enfrentan un nuevo desafío. Acá no hay apuro por llegar primero ni una presión constante por el resultado. Lo que ocurre en la pista es apenas una parte de la experiencia. Lo importante sucede antes y después, cuando se ayudan a ponerse los esquís, celebran los avances del compañero o vuelven a subir para intentarlo una vez más.

Esa fue precisamente la idea que llevó a Benjamín Carvallo a crear el Club de Ski La Leonera en 2024. Después de años como corredor, entrenador y formador de deportistas, sintió que existía espacio para un proyecto donde la competencia no fuera el eje principal.  Fundado en conjunto con familias de Farellones, se ha ido consolidando como un espacio donde la montaña deja de ser solo un escenario para practicar esquí y se transforma en un lugar para aprender, compartir y fortalecer los lazos entre quienes la habitan.

«Lo más importante para nosotros es pasarlo bien y trabajar los valores».

Terra que «veía que no había muchos clubes que incentivaran el desarrollo sin enfocarse en competir. Al mismo tiempo, el freestyle y el freeride estaban creciendo mucho. También veía que a mi hijo, que hoy tiene seis años, no le interesaba tanto competir; le gustaba estar con sus amigos. Ahí entendí que quería crear primero un grupo de personas que disfrutara la montaña y, desde ahí, construir un club».

Ese origen sigue definiendo la identidad de La Leonera. Más que una escuela de esquí, funciona como una comunidad donde entrenadores, familias y niños comparten una misma manera de entender la montaña. «Somos un proyecto muy familiar. Mi pareja también es entrenadora, mi hermana también, nuestros hijos esquían juntos y muchos de quienes participan son vecinos de Farellones y El Colorado. Eso le da una mística mucho más cercana. Al final somos una comunidad que se encuentra en la montaña porque le gusta estar ahí». sostiene. 

Para Carvallo, la formación deportiva comienza mucho antes de aprender una técnica. Empieza cuando un niño descubre el entorno donde se mueve, entiende cómo funciona la montaña y desarrolla confianza en sus propias capacidades: «Es muy importante partir desde chicos. Cada etapa tiene desafíos distintos y no se pueden saltar. Primero aparece la coordinación, después otras habilidades. Todo tiene su tiempo y lo importante es acompañar ese proceso».

Benja con sus hijos Kai y Maki (foto Emilio García de la Huerta)

Por eso las clases rara vez giran en torno al resultado. La progresión se construye a partir de pequeños desafíos que mantienen viva la motivación. Como relata Carvallo, “lo más importante para nosotros es pasarlo bien y trabajar los valores. Vamos proponiendo pequeños desafíos para que los niños sientan que avanzan paso a paso. Obviamente aparece la frustración, pero también aparece la satisfacción de ir logrando cosas. Lo importante es que siempre quieran volver a intentarlo».

Un aprendizaje que no cesa

La Leonera dedica buena parte de su trabajo a enseñar seguridad, autonomía y convivencia. «Estamos educando todo el tiempo. En cómo se relacionan entre ellos, cómo tratan a los entrenadores, cómo se comportan con las personas del centro de esquí. Siempre hablamos de humildad, de ponerse contento cuando al compañero le resulta algo. Finalmente queremos formar niños autónomos, que en unos años más puedan esquiar solos en la montaña tomando buenas decisiones», explica Benjamín Carvallo. 

Las familias cumplen un papel igual de importante. Para él, ningún proyecto de formación funciona si los adultos no participan del mismo espíritu que se busca transmitir a los niños. «Las familias son clave. Tenemos que generar ambientes positivos, donde todos hablen bien del club, de los entrenadores, del centro de esquí y del deporte. Los papás tienen que tener paciencia. Hay que ponerse muchas capas de ropa, preparar equipos, esperar, acompañar. Todo eso también forma parte del aprendizaje».

«Finalmente queremos formar niños autónomos, que en unos años más puedan esquiar solos en la montaña tomando buenas decisiones».

En los últimos años, el acceso al esquí ha comenzado a cambiar. La gratuidad de los andariveles para menores de cierta edad en algunos centros y una mayor oferta de equipamiento han reducido parte de las barreras de entrada. Benjamín observa ese proceso con optimismo, aunque cree que todavía queda mucho por hacer: «El esquí es un deporte profundamente familiar. Yo puedo esquiar con mi mamá, con mis hijos y con mis sobrinos al mismo tiempo. Eso no pasa en muchas disciplinas. Mientras más familias puedan acercarse a la nieve, más fuerte será la cultura de montaña». 

Sin embargo, el desafío no termina en la pista. El calentamiento global, temporadas cada vez más cortas y la necesidad de mantener viva la actividad durante todo el año obligan a pensar el esquí desde una perspectiva más amplia. También plantea la necesidad de fortalecer los pueblos de montaña y facilitar el acceso para quienes viven cerca de los centros invernales. 

«En Europa los niños de los pueblos eran los primeros en esquiar y terminaban siendo los mejores embajadores de su territorio. En Chile también podríamos potenciar mucho más lugares como Farellones, Las Trancas o Villarrica. Tenemos una cordillera increíble y una oportunidad enorme para acercar la montaña a más personas», explica. 

«El esquí es un deporte profundamente transversal y familiar. Distintas generaciones se encuentran practicando el mismo deporte, cosa que no sucede comúnmente en otros».

Más que formar campeones, La Leonera busca formar personas que quieran seguir volviendo a la montaña durante toda la vida. En ese camino, el esquí deja de ser solamente un deporte para transformarse en una herramienta de aprendizaje, convivencia y autonomía. 

Quizás por eso el mayor logro del club no se mide en podios ni en resultados. Se mide en niños que descubren la montaña junto a sus familias y entienden, desde sus primeros descensos, que el verdadero desafío nunca ha sido llegar primero, sino encontrar un lugar al que siempre quieran regresar.