Durante décadas, los deportistas chilenos de freestyle debieron viajar al extranjero para acceder a instalaciones de nivel mundial. La inauguración de Andes Park, en Matanzas, busca cambiar esa realidad y abrir una nueva etapa para el desarrollo del ski y snowboard freestyle en Chile y Sudamérica.
Los trucos en el freestyle comienzan mucho antes del momento en que un deportista realiza el salto. Detrás de esa maniobra existen cientos de intentos, caídas, correcciones y horas de entrenamiento que, hasta ahora, obligaban a los atletas chilenos a buscar en el extranjero la infraestructura necesaria para progresar con seguridad.
Durante años, esa fue una de las principales diferencias entre Chile y las potencias del freestyle. Mientras países como Canadá, Estados Unidos, Japón o Suiza desarrollaban centros de entrenamiento equipados con airbags de última generación que permiten practicar maniobras durante todo el año, los deportistas nacionales debían concentrar gran parte de su preparación en cortas temporadas sobre nieve o viajar al exterior para seguir evolucionando.

Con la inauguración de Andes Park Air Bag Landing, en Espacio Chorrillo, Matanzas, esa realidad comienza a cambiar. La nueva infraestructura, única en Sudamérica, incorpora una rampa con superficie sintética y un sistema de recepción mediante un colchón inflable de grandes dimensiones, permitiendo replicar las condiciones de un snowpark con mayores niveles de seguridad y continuidad de entrenamiento.
Para Ismael Cuadra, entrenador del Equipo Nacional de Freeski y uno de los impulsores del proyecto junto a Luciano Sánchez Fares, la iniciativa nació a partir de una necesidad que acompañó durante años el desarrollo de esta disciplina en Chile.
«Andes Park Air Bag Landing nace de una necesidad muy concreta: poder entrenar freestyle de alto rendimiento durante todo el año en Chile. Por años vimos la gran diferencia que existía con los países líderes de nuestra disciplina, donde el uso de airbags permite progresar de forma más segura y constante. Con Luciano compartíamos siempre una idea: si queremos competir en las grandes ligas, debemos entrenar como en las grandes ligas», explica.
Más que incorporar una nueva infraestructura deportiva, el proyecto busca modificar la manera en que se forman los atletas. Poder repetir una maniobra decenas de veces sin depender exclusivamente de la nieve reduce los riesgos, acelera los procesos de aprendizaje y permite planificar el entrenamiento con estándares similares a los de los principales centros internacionales.
Construir el futuro desde Chile
Aunque el airbag es el elemento más visible de Andes Park, detrás de la obra existe una idea mucho más amplia. El objetivo no es solamente ofrecer un lugar para entrenar, sino construir un espacio capaz de reunir a deportistas, clubes, entrenadores y nuevas generaciones alrededor del freestyle.

«Creemos que este espacio puede marcar un antes y un después para el freestyle en la región. Permite entrenar durante todo el año de forma más segura, progresiva y con estándares internacionales, acercando oportunidades que antes solo existían en el extranjero. Más que un centro de entrenamiento, queremos que sea un punto de encuentro para formar deportistas, entrenadores y seguir fortaleciendo la comunidad del freestyle», señala Cuadra
La elección de Espacio Chorrillo tampoco fue casual. Después de dos intentos fallidos por instalar el proyecto en Santiago, sus impulsores encontraron en Matanzas un lugar que reunía las condiciones necesarias para convertir la idea en realidad.
Así lo destaca el entrenador del Equipo Nacional de Freeski: «Espacio Chorrillo reunía todo lo que necesitábamos: infraestructura, maquinaria, experiencia técnica y un entorno ideal para desarrollar una obra de esta magnitud. Además, su ubicación, las instalaciones deportivas y el entorno natural lo convierten en un socio estratégico para impulsar el crecimiento del freestyle en Chile y Sudamérica».

La inauguración reunió a más de 220 personas entre deportistas, entrenadores, autoridades, representantes de la Federación Deportiva Nacional de Ski y Snowboard de Chile y miembros de la comunidad local, quienes pudieron conocer una instalación diseñada para funcionar durante todo el año y proyectar el desarrollo del freestyle a largo plazo.
El impacto de Andes Park trasciende a quienes hoy integran las selecciones nacionales. Para las nuevas generaciones, significa la posibilidad de acceder desde etapas tempranas a una herramienta que hasta hace poco solo existía en algunos centros especializados del extranjero.
También representa un cambio cultural. Durante años, el crecimiento del freestyle chileno dependió principalmente del esfuerzo individual de deportistas y entrenadores que debían salir del país para continuar evolucionando. Hoy, parte de ese proceso comienza a desarrollarse en territorio nacional, permitiendo que más jóvenes puedan progresar sin enfrentar las mismas barreras que marcaron a las generaciones anteriores.
«Esto nos permitirá tener una progresión clara y probar nuestros trucos para luego llevarlos a la nieve. Toda la vida hemos viajado para entrenar en este tipo de instalaciones y ahora lo tenemos acá; esto es histórico», afirmó el snowboarder chileno Álvaro Yáñez durante la inauguración.

Esa visión también fue compartida por Stefano Pirola, ex presidente de la Federación Deportiva Nacional de Ski y Snowboard de Chile, quien destacó el carácter estratégico del proyecto para el desarrollo del deporte nacional.
«Este proyecto representa mucho más que una infraestructura; es un legado que perdurará por años. Ha sido un camino largo y estamos confiados en que este es un aporte real para, en el futuro, contar con grandes resultados en estas disciplinas y, por qué no, soñar con una medalla olímpica», planteó.
Para Ismael Cuadra, sin embargo, el mayor valor de Andes Park no se medirá únicamente por los resultados deportivos que puedan llegar en el futuro. También estará en la posibilidad de que niños y jóvenes encuentren un lugar donde aprender, equivocarse, progresar y desarrollar su talento sin tener que abandonar el país para acceder a herramientas de primer nivel.
Después de años viajando para entrenar, el freestyle chileno comienza a construir un escenario distinto. Andes Park no reemplaza la montaña ni la nieve, pero sí acorta la distancia que históricamente separó a los deportistas nacionales de las grandes potencias. Y, quizás por primera vez, permite imaginar que el próximo salto hacia la élite mundial pueda comenzar mucho antes de despegar.






