domingo, julio 12, 2026
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Turín 2025: Chile demuestra que la inclusión no es opción, sino un compromiso

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Con 18 medallas y una delegación que mostró determinación y liderazgo, el Team Olimpiadas Especiales Chile superó todas las expectativas en los Juegos Mundiales de Invierno de Turín. Una cosecha que trasciende el podio y que anticipa un país dispuesto a transformar la inclusión en acción real.

No fueron solo medallas. Tampoco solo tiempos y marcas personales. En Turín, el Team Olimpiadas Especiales Chile demostró que el deporte es, sobre todo, un lenguaje para narrar historias que interpelan a toda una sociedad. Durante una semana de intensas competencias, Chile firmó la actuación más destacada de su historia en un mundial de invierno: 18 medallas, con un saldo de 8 oros, 4 platas y 6 bronces.

“Estos Juegos superaron todas las expectativas”, reconoce Carolina Picasso, presidenta de Olimpiadas Especiales Chile. “Fuimos la delegación más exitosa de Latinoamérica y eso habla de un trabajo profundo y sostenido. Después de ocho años sin participar en un Mundial de Invierno, la meta no era solo volver, sino hacerlo con un mensaje; si trabajamos unidos, los resultados llegan”.

La nieve fue escenario de grandes historias. El equipo de raqueta de nieve se transformó en protagonista inesperado. Elizabeth Contreras se colgó el oro tras un sprint de 28 segundos que la consolidó como la mejor de su categoría. A su lado, José Espinosa obtuvo bronce con un crono de 19 segundos. Y el cierre fue de película: en la posta 4×100, el equipo compuesto por Contreras, Espinosa, Nicolás Moreno y Josefina Sole detuvo el cronómetro en 1:41 minutos, regalándole a Chile un nuevo oro.

El camino no fue sencillo. Chile llevaba mucho tiempo sin competir en un Mundial de Invierno. Entre pandemia y conflictos internacionales que obligaron a suspender sedes, el regreso era una incógnita. “Hace 8 años que no asistíamos a los Juegos Mundiales de Invierno, por la pandemia, luego por la guerra en Rusia donde era el evento y fue suspendido, entonces era difícil ver cómo los atletas habían evolucionado durante este tiempo”, recuerda Picasso.

En ese contexto, cada medalla chilena toma un peso simbólico. Pero la gran figura mediática fue la snowboarder Teresita Lira, quien además de sumar dos oros y un bronce, entregó uno de los discursos más inspiradores del evento.

“Para mí como deportista de snowboard y atleta con discapacidad intelectual con necesidad de apoyo leve, vivir esta experiencia fue gratificante y de verdad fue cumplir un sueño. Desde un inicio ya fue un logro porque clasifiqué en los Juegos Nacionales que se realizaron en Nevados de Chillán y ahí partió todo”, explica Lira, con la serenidad que solo da haber conquistado algo mucho más grande que un podio.

Un viaje que significó mucho más que competir

Teresita Lira cuenta que «fue un viaje inolvidable junto a nuestra delegación, formada por 18 personas. Todos y todas compartimos la emoción de conocer Italia, disfrutar cada momento, crear nuevas amistades y representar a Chile con todo el corazón».

Profundiza que “la competencia estuvo marcada por la intensa nieve que cayó casi todos los días, pero eso no fue impedimento para darlo todo en la pista: gracias a ese esfuerzo, logré dos medallas de oro y una de bronce. Estoy profundamente orgullosa de todo el Team Olimpiadas Especiales Chile, porque en total conseguimos 18 medallas y fuimos la delegación con más logros de Latinoamérica”.

Lira subraya el valor colectivo de este logro y también sus conquistas personales. “Uno de los momentos más emocionantes de mi vida fue cuando las autoridades me entregaron la bandera oficial de Special Olympics, que ahora está en Chile para los próximos Juegos Mundiales de Santiago 2027. Al recibirla, di un discurso muy inspirador, especialmente dirigido a las mujeres. Lo viví con mucha adrenalina, porque nunca antes había hablado frente a tantas personas”, sostiene.

Con una lucidez serena y a la vez firme, Lira aprovecha el espacio para enviar un mensaje directo a la sociedad: “Quiero enviar un mensaje a todas y todos los que leen esta importante revista. Nosotros somos personas igual que todos, solo que nos cuesta un poco más. Si nos conocen, aprenderán mucho de las personas con discapacidad intelectual. Nosotros, los atletas, somos protagonistas, somos agentes de cambio. La inclusión la hacemos todas y todos. Visibilizar es el primer paso para incluir, por ello les agradecemos que nos hayan elegido para este reportaje”.

Pero, su historia no termina en Turín. Después de un breve descanso, Lira ya piensa en volver a entrenar para su otra pasión: el tenis. “Luego de vivir la gran experiencia de Turín, espero poder seguir realizando mi otra pasión deportiva que es el tenis. Por ello, me estoy preparando y entrenando para ver si puedo clasificar a los Juegos Mundiales de verano donde Chile será sede”.

El trabajo técnico detrás del Team Chile fue clave. La preparación en los Juegos Nacionales, el apoyo del Ministerio del Deporte y el compromiso de sedes como Nevados de Chillán construyeron la base de este éxito. “Esto no se improvisa. Es un proceso largo, donde cada atleta avanza a su ritmo. La paciencia y la confianza son fundamentales”, explica Carolina Picasso.

El gran desafío que viene: Santiago 2027

El horizonte próximo se llama Santiago 2027. Chile será sede de los Juegos Mundiales de Olimpiadas Especiales, un compromiso que va más allá de la logística y la organización.

La presidenta lo resume con claridad: “El mundo mira a Chile… Y no solo por sus paisajes o su historia, sino por su decisión de ser protagonista de un cambio global. Ser sede de los Juegos Mundiales es mucho más que un hito deportivo; es pasar de la declaración a la acción, como país. Enfatiza que este evento significa abrir las puertas a una sociedad más justa, donde cada persona sea valorada y celebrada por quien es. Es una invitación a transformar la inclusión de un simple concepto a una realidad cotidiana, donde el deporte se convierte en un puente que une diferencias y nos recuerda que todos tenemos un lugar para brillar. 

Hoy Chile enfrenta una oportunidad histórica: dejar atrás la inclusión simbólica para adoptar una valoración auténtica y profunda de las personas con discapacidad intelectual. No se trata únicamente de integrar, sino de reconocer plenamente su dignidad, celebrar sus capacidades y empoderarlas para que sean protagonistas activos de nuestra sociedad”, reflexiona. 

Y concluye con la esencia de lo que significa realmente el deporte: “Creemos en una sociedad donde cada persona tenga un lugar para brillar. Y el deporte es nuestro lenguaje común. Con cada entrenamiento y cada competencia, no solo formamos atletas: construimos puentes de inclusión, respeto y orgullo compartido”. 

Turín marcó un punto de inflexión en la historia de la inclusión en Chile. Fue el escenario donde se evidenció que la verdadera transformación no se logra con discursos ni aplausos, sino con acciones concretas y sostenidas en el tiempo. Ahora, Santiago 2027 se perfila como la oportunidad definitiva para que Chile no solo organice unos Juegos Mundiales, sino que consolide un modelo genuino de inclusión que inspire a toda la región y al mundo. El equipo que regresó de Italia sabe que su legado trasciende las medallas; se trata de una misión colectiva de visibilizar, empoderar y cambiar percepciones, construyendo una sociedad en la que cada persona, sin importar sus capacidades, tenga un lugar para brillar y contribuir plenamente.

Sebastián Birkner y el sueño chileno en la cumbre

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Con disciplina y coraje, el joven deportista busca inspirar a una nuevageneración y dejar el nombre de Chile grabado en las pistas más exigentes del planeta.

Cuando Sebastián Birkner se puso por primera vez un par de esquís, no imaginó que años más tarde estaría codeándose con los mejores corredores del mundo. Desde sus primeros descensos, la montaña se transformó en su casa y el frío en un compañero inseparable.

“En mis primeras competencias internacionales sentí muchos nervios, porque enfrentarse a corredores de tan alto nivel es un gran desafío. Me di cuenta de que no siempre se logra el resultado que uno sueña o se bajan los puntos esperados, pero aprendí que con paciencia, disciplina y trabajo constante, los frutos llegan poco a poco”, cuenta Sebastián, recordando con humildad sus primeros pasos fuera de Chile.

La paciencia y el esfuerzo tuvieron recompensa: ser número uno en el ranking FIS de su generación (2008) en Slalom y Slalom Gigante. Un hito que refleja no solo su talento, sino también el sacrificio detrás de cada logro. “Ser número uno en el ranking FIS es algo muy grande para mí. Fue fruto de entrenar duro todo el año, tanto en verano como en invierno, y al trabajo físico en el gimnasio. Lo más difícil ha sido aceptar los sacrificios: dejar de salir con amigos, perder clases y renunciar a muchas cosas para concentrarme en el esquí. Pero cada renuncia ha valido la pena. Cuando pienso en los sacrificios, recuerdo que cada sesión de entrenamiento y cada kilómetro recorrido me acercan a mis sueños”, confiesa.

«Ser número uno en el ranking FIS fue fruto de entrenar todo el año y de sacrificar cosas importantes; cada renuncia valió la pena».

Para Sebastián, representar al Club Deportivo Universidad Católica y a Chile es mucho más que llevar un logo en el pecho: es un compromiso. “Representar al club y a Chile implica la responsabilidad de dejar siempre al país y al club en lo más alto posible. Aunque Chile sea un país pequeño y con menor desarrollo en el esquí, siento un orgullo enorme al demostrar que existe un nivel muy alto y que la competencia interna es fuerte. Cuando estoy en la partida de una carrera, siento que llevo conmigo no solo mi historia, sino también la ilusión de muchos jóvenes que sueñan con llegar lejos en el esquí”, explica con convicción.

Parte fundamental de su crecimiento ha sido entrenar en Bormio (Alpes italianos), un lugar donde el esquí es religión y la técnica se pule como un arte. “Mis entrenamientos clave han sido en Chile e Italia. Allá pertenezco a un club que me ha apoyado muchísimo, no solo para perfeccionar mi técnica en la pista, sino también en el trabajo físico y en el acceso a buen material. Todo eso me ha permitido mejorar constantemente. Poder compartir con atletas de tanto nivel y vivir en un ambiente tan exigente me ha hecho crecer no solo como deportista, sino también como persona”, afirma.

Su mirada está puesta en el futuro, y sus metas son ambiciosas. “Llegar a una Copa del Mundo en los próximos años sería un sueño cumplido, pero todavía más grande sería clasificar a los Juegos Olímpicos el próximo año. Creo que ese es el sueño máximo para cualquier atleta: mostrar tu nivel al mundo y representar a tu país en la máxima competencia mundial. Es algo superior, un objetivo que me motiva todos los días y que siento como una meta bonita y trascendental. No se trata solo de competir, sino de mostrar al mundo que desde Chile también podemos estar entre los mejores”, confiesa con determinación.

«Representar a Chile y al club es una responsabilidad enorme: quiero demostrar que, aunque somos un país pequeño, tenemos nivel para competir con los mejores».

Pero el camino no ha estado libre de dificultades. Sebastián no duda en señalar las enormes diferencias que existen entre el desarrollo del esquí en Europa y en Latinoamérica. “La diferencia en infraestructura entre Latinoamérica y Europa en el esquí es enorme. Allá están mucho más preparados, con mejores equipamientos y equipos gigantes. En Chile falta mucho apoyo por parte de la federación a los corredores. Cuando me tocó representar al país en competencias internacionales, no tuve el equipamiento adecuado. Creo que es fundamental que se fortalezcan las estructuras de apoyo para que los jóvenes puedan desarrollarse con más herramientas y menos obstáculos”, sostiene.

Aunque las medallas y los rankings son importantes, para Sebastián las experiencias que va cosechando en el camino tienen un valor especial. “Una carrera que recuerdo especialmente es el Mundial Junior de este año. Aunque no logré los resultados que esperaba, la experiencia fue invaluable. Era de los competidores más jóvenes y compartir la pista con atletas que luego participan en Copas del Mundo me mostró el nivel al que aspiro. Más que los resultados, valoro la experiencia que me ayuda a crecer como esquiador y persona”, reflexiona.

«Mi sueño máximo es llegar a los Juegos Olímpicos y mostrar al mundo que desde Chile también se puede soñar en grande».

También guarda con cariño el recuerdo de Alpe Cimbra en Folgaria, cuando era U14. “En la primera manga sufrí una caída, pero logré recuperarme. Sin nada que perder, di mi máximo esfuerzo en la segunda manga y terminé tercero en esa bajada, quedando décimo en la carrera, que es la más importante del circuito infantil mundial. Esa experiencia me marcó mucho y me enseñó a nunca rendirme”, recuerda.

Más allá de las pistas, el esquí le ha regalado amigos y experiencias que lo acompañarán toda la vida. “Este deporte me ha dado amistades sólidas, que están presentes en los buenos y malos momentos. Viajar y competir me ha abierto la mente, me ha permitido conectar con personas de todo el mundo y desarrollar habilidades como la organización y la responsabilidad, que aplico también en mis estudios y en la vida diaria. Aprendí a valorar el tiempo, a planificar cada momento, y eso me ha formado como persona”, dice con gratitud.

El camino de Sebastián Birkner no es solo el de un joven que persigue medallas o récords. Es la historia de alguien que, desde la nieve de la cordillera chilena, se atrevió a soñar en grande y a creer que el talento y el coraje pueden vencer cualquier frontera. Su trayectoria es un llamado a imaginar un futuro donde el esquí sea parte de nuestra identidad, donde la pasión por la montaña inspire a nuevas generaciones a mirar más allá del horizonte. Con humildad, entrega y un amor infinito por la nieve, está construyendo un legado y dejando una huella imborrable en la historia del deporte chileno.