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Paulo Oppliger: Ningún resultado, en ningún aspecto de la vida llega por casualidad, todo es trabajo. Sólo la constancia y el sacrificio pagan.

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La historia comenzó en Lagunillas. Tenía solo 10 años cuando lo descubrió un entrenador francés, quien lo preparó para que al año siguiente corriera su primera carrera a nivel profesional en el Campeonato Nacional Infantil, saliendo primero en la categoría de descenso. A los 17, obtuvo el triunfo más importante de un chileno en disciplinas olímpicas de invierno, ganando la medalla de bronce en la modalidad descenso en el Mundial Juvenil de Alaska, y con solo 22 años, llegó a estar entre los 20 mejores esquiadores en el Mundial de Morioka, Japón. Este es solo un resumen de lo que fue la gran carrera profesional de Paulo Oppliger, coronado hasta hoy como el mejor esquiador chileno de todos los tiempos.

Paulo nació en Porto Alegre (Brasil), y a los 5 años llegó a Chile con su familia a estudiar en el Colegio Suizo de Santiago. Durante su etapa escolar era asiduo al deporte, practicaba equitación y atletismo hasta que llegó a esquiar a Lagunillas, lugar donde asegura haberse enamorado del esquí. Y ese amor y pasión son indudables, con una corta pero intensa carrera, Paulo logró posicionar este deporte literalmente en la cumbre de la montaña, en tiempos donde el esquí en Chile no era demasiado conocido, la temporada de invierno era breve en Sudamérica, y los recursos económicos siempre han sido escasos. Sin embargo, siempre apoyado por su familia, y sin duda el gran talento que demostró desde pequeño, lo impulsaron a salir adelante y sobrepasar los desafíos que se le iban interponiendo en su camino. Fue gracias a ese legado, que hoy al decir su nombre, aún es reconocido y recordado como uno de los grandes deportistas que representó a nuestro país en el deporte de montaña.

A pesar de sus triunfos, fueron una serie de factores los que lo hicieron decidir en 1995, retirarse del esquí profesional para dedicarse a su familia. Hoy con 50 años dice no arrepentirse de nada, sigue más que nunca ligado al esquí, traspasando la experiencia adquirida en Europa y en el Protour Americano, a un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad Católica a quienes entrena, y asegura “exigirles bastante, es la única forma de lograr resultados”.

Conozcamos más sobre la historia del esquiador chileno, Paulo Oppliger…

¿A qué edad y cuáles fueron tus primeras competencias profesionales?

Comencé a competir desde muy chico. Ya a los 12 años me fui a Europa a entrenar, luego a los 16 me fui a un internado de alto rendimiento en esquí alpino, en Suiza, el Handelsschule que es una especie de escuela de negocios, se podría decir que era un internado específico para esquiadores, donde la modalidad de estudio era al revés que acá, estudiábamos en verano y en invierno estábamos libres como para entrenar.

 

 ¿Qué capacidades crees que vieron en ti?

Yo soy un enamorado de las montañas, la sensación de libertad que te da deslizarte bien por la nieve es incomparable, hay que tener una sensibilidad con la nieve y creo que eso vieron, lograba deslizarme bien y en una buena posición, sin tener ningún entrenamiento de por medio. Y bueno, sin duda mis ganas y entusiasmo.

 

¿Cuándo empezaste a correr profesionalmente y cómo comenzaste a destacar entre tus rivales? ​

A los 11 años empecé a correr de manera más profesional, y comencé a salir campeón nacional casi todos los años. Hasta ese momento, la verdad es que no tenía rivales de mi generación, pero sí más grandes, y de mis rivales directos estaba Mauricio Rottela, Juan Pablo Santiagos, Diego Margozzini.

 ¿Y cómo fue que llegaste al equipo suizo?

Siempre quise correr por Chile, pero la falta de recursos me hizo pensar en cambiarme de país para representar en las corridas. La primera opción que se me dio era correr por Francia, pero yo no tenía la nacionalidad francesa, entonces tenía que esperar dos años, seguir corriendo y después hacer el cambio. Al mismo tiempo nació la posibilidad de correr por Suiza porque yo tenía muy buenos puntos en Super G y en esa época no había muy buenos corredores de Super G en Suiza y bueno, decidí correr por ellos. Hice el cambio en abril-mayo y como Suiza está en la Federación Internacional, no me cambiaron el código, ni me sacaron los puntos y eso me ayudó mucho. Me fui entonces a vivir a Berna que es la capital.

 O sea, de pequeño que comenzaste a viajar por el mundo y viviste lejos de tu país y de tu familia, ¿cómo recuerdas esa época?

Ese es un tema que viven todos los deportistas de este lado del hemisferio, que están lejos de los centros neurálgicos de competencia, de sus familias. Todo depende de la motivación, condiciones, y focalización. El trabajo sicológico es fundamental para el deportista de alto rendimiento, para aguantar la soledad, el dolor, el cansancio y la presión sin tener familia o amigos cerca. Creo que jamás perder las metas de vista ayuda mucho.

 ¿Cuál de todas las carreras que has corrido es la que más recuerdas? ¿Por qué?

Sin duda la carrera en Anchorage, donde obtuve la medalla de bronce, y los descensos de Kitzbuhel. Estar en la salida de esa carrera es intimidante, llegar abajo sin caerte ya es un triunfo. Representar a Chile en mundiales y en dos Juegos Olímpicos es algo que me da mucho orgullo.

¿Cuáles son los mayores logros que más destacas dentro de tu carrera?

Además de los buenos resultados, el haber podido optar a ser parte de equipos europeos como el de Suiza. Me aceptaron muy bien, aunque siempre la prioridad la tenían los esquiadores del país, pero creo que ahí reuní mucha experiencia, viví el alto rendimiento como lo viven los equipos con recursos ilimitados.

¿Qué es lo que te impulsó a siempre querer llegar más lejos?

Primero el amor y la pasión por el esquí y la montaña. Optar por una vida lejos de tus compañeros de colegio y saltarse todas las etapas de tu adolescencia no fue fácil, pero empezamos a ver resultados muy rápido. A los 16 años ya había sido cuarto en un mundial juvenil, y al año siguiente obtener medalla de bronce en la disciplina reina del esquí alpino (DH) en Anchorage. Imagínate con esos resultados, viniendo de un país al fin del mundo, era una rareza. Esa medalla fue una inyección de energía tremenda para seguir escalando.

El trabajo sicológico es fundamental para el deportista de alto rendimiento, para aguantar la soledad, el dolor, el cansancio y la presión sin tener familia o amigos cerca. 

¿Cuáles crees que fueron los valores que te entregó esta disciplina?

Precisamente esos: disciplina, horarios, cumplir siempre. Ningún resultado, en ningún aspecto de la vida llega por casualidad, todo es trabajo. Sólo la constancia y el sacrificio pagan, y eso me lo enseñaron todos los años de competencia y entrenamiento.

 

¿Quiénes han sido tus grandes influencias a lo largo de tu carrera?

Creo que son muy importantes los entrenadores que te entregan energía positiva, experiencia, sabiduría y ganas de ser mejor. Recuerdo siempre a mis compañeros del equipo de Francia y Suiza, fueron quienes me respetaron y apoyaron.

¿Cómo ves el futuro semillero de esquiadores que hoy están saliendo a competir internacionalmente, y está representando a nuestro país?

Siempre los vamos a ver con futuro. El optimismo es necesario en cualquier actividad deportiva de alto rendimiento. Lo importante es que reciban todo el apoyo posible de los clubes, federaciones y especialmente sus familias para lograr sus objetivos.

¿Cómo crees que influyó este deporte y la tremenda carrera que conseguiste en tu vida actualmente?

El esquí siempre ha sido mi vida. Hoy sigo ligado a él como entrenador, entregando esa experiencia que acumulé en mis años en Europa y en el Protour Americano. Hoy tengo un grupo de 27 alumnos de la Universidad Católica, con los que disfruto enseñándoles, pero les exijo bastante, es la única forma de lograr resultados. Aunque te insisto, algunos me tienen miedo (jajaja) pero al final todos entienden que hay una razón detrás para exigirles en la pista.

¿Cuáles son los desafíos que hoy identificas que tienen los futuros esquiadores de alto rendimiento?

El factor económico siempre fue, es y será una dificultad. Los presupuestos del deporte en Chile (y eso que ha mejorado) todavía no pueden competir con los recursos de los equipos europeos y americanos. Hemos avanzado, pero el resto también avanza y las distancias no se acortan. Sigue siendo un factor de distracción el tener que buscar recursos, cuando el resto de los competidores internacionales se focaliza sólo en rendir.

Cuéntanos sobre tu presente, a qué te dedicas, cuál fue el rumbo que tomaste luego del retiro de esta disciplina.

Sí, me retiré joven, pero había empezado de muy chico. A los 24 años fui padre así que opté por la familia. Hoy soy un orgulloso padre de 3 esquiadores hechos y derechos (Sofia, Lucas y Nicolas). Además, tengo una importadora de esquís, bicicletas, representaciones de algunas marcas como Rocky Mountain y Stockli.  La verdad es que estoy muy relacionado con la montaña, el deporte al aire libre, creo que es algo que ahora lo vamos a necesitar más que nunca después de estar encerrados por la pandemia. Se está valorando mucho más el recuperar el derecho a disfrutar el entorno después de tantas cuarentenas.

 

María Paz Ibarra: Desafiando las montañas de la Antártica y el mundo

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Rosario Toro, Montañismo

Por Valeria Castillo

Su experiencia en ascensos, muchos de ellos en lugares inexplorados, la ha llevado a rincones tan recónditos como la Antártica, donde trabaja como guía. Ibarra, embajadora de Patagonia, nos cuenta un poco de su vida en el continente blanco, su carrera y sus proyecciones. 

Su gran trayectoria la cataloga como una de las mujeres con mayor experiencia en montaña en nuestro país y, particularmente, una de las personas con más expediciones en la Antártica del mundo. Y es que de los más de 20 años de carrera en el montañismo, María Paz Ibarra lleva más de 10 trabajando en el continente blanco. En este camino de guía de montaña ha realizado más de 100 ascensos, entre los que destacan el Everest (en 2019), el Lhotse (cuarta montaña más grande del mundo) y el monte Vinson (el más alto de la Antártica), entre otros que marcan su carrera deportiva y la han llevado a tener experiencias de vida únicas en lugares como Europa, Alaska y los Himalayas.

Pachi, como le dicen sus cercanos, estudió Pedagogía en Educación Física y su permanente contacto con la naturaleza hace que también sea consciente de su cuidado, por eso ha participado de Rockeras, un movimiento femenino que busca ser un punto de encuentro para escaladoras y promover el cuidado por los espacios naturales.

Hoy, Pachi, quien también realiza escalada, divide su tiempo entre su casa en Pucón, viajes y campamentos en la Antártica. Conversamos con ella para conocer un poco más de su vida de nómade y cómo llegó a transformarse en la destacada deportista que es hoy.

¿Cómo empezaste en el mundo outdoors y en tu carrera?

Empecé con mi familia, desde chica saliendo a acampar y caminar en la naturaleza, y el montañismo propiamente tal en la universidad. Tenía un grupo de amigos y con ellos empezamos a hacer expediciones y a especializarme en distintas técnicas. Con este grupo de amigos hicimos varias expediciones de exploración en Campo de Hielo en Patagonia, entonces ahí fuimos ganando experiencia. A los 20 años empecé a practicar escalada en roca y realizar ascensiones más técnicas. A la par trabajaba en programas de educación y liderazgo al aire libre, como monitora técnica y de facilitación. De ahí, hice expediciones como guía.

¿Cómo llegaste a trabajar en la Antártica?

El año 2006 me invitaron a participar de una expedición científica en Antártica. El proyecto tenía como objetivo medir las cumbres más altas. Tuve la suerte y la oportunidad de subir muchas montañas inescaladas, por rutas nuevas y en lugares bien remotos. En octubre de 2008 fue mi primera temporada trabajando con la empresa Antarctic, Logistics and Expeditions (ALE) y desde entonces he trabajado todas las temporadas, 3 meses aproximadamente, guiando para ellos.

¿Cuándo inicia la temporada en la Antártica?

La temporada va desde mediados de octubre hasta fines de enero. Por lo general, yo viajo a principios de noviembre hasta fin de temporada.

¿Cómo es tu vida en ese periodo?

Como guía me toca liderar los distintos programas que la empresa ofrece, entonces puedo estar unos 12 días guiando en el Monte Vinson (montaña más alta de Antártica), para luego pasar a ser base camp manager (administrar el campamento base, o guiar la travesía del último grado al Polo Sur, donde esquías del grado 89 al 90 de latitud sur (son 111 km). Caminas tirando un trineo con todo el equipo para armar campamentos. También hay programas menos técnicos y apoyo para programas científicos gubernamentales donde uno vela por la seguridad de los participantes.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Me encanta poder desafiarme, explorar lugares en que nadie ha estado. También me gusta compartir con clientes y colegas, y así poder entregarles una experiencia única en lugares maravillosos.

María Paz escalando

A nivel profesional, ¿cuál ha sido la principal barrera que has tenido?

Cuando yo partí en esto, en Chile no había mucho desarrollo como guía de montaña, menos aún siendo mujer, entonces es difícil validarlo como profesión. Aún no llega a Chile la certificación internacional de guía de montaña, pero el proceso va bien encaminado.

¿Cómo fue iniciar una carrera de guía de montaña siendo mujer?

No era normal. Nos ven como el sexo “débil” en una profesión que tiene exigencias físicas, pero a mi parecer esto no es una limitante. También está el tema de formar una familia, hijos. Es una vida que es menos compatible. Además, no existía mucho el mercado de guiar/turismo en montaña. Los estándares han cambiado un poco. Ahora hay más medios para hacerlo y han cambiado esos prejuicios. Yo creo que hay cambios generacionales y de sociedad, no solo en la escalada y la montaña, sino que en todo ámbito. La sociedad está más abierta a los distintos oficios..

En Rockeras combinas varios aspectos de tu vida ¿Qué significa participar en este movimiento?

Significa ser parte de un grupo de mujeres escaladoras empoderadas que van más allá que a sólo compartir una cuerda. Me importa mucho el enfoque medio ambiental y de desarrollo junto a la comunidad y el lugar en que se escala. Para mí es una base importante de lo que hago, el amor y cuidado de la naturaleza y su gente.

¿Cuáles son tus proyecciones para el próximo año?

Estoy súper motivada en hacer la certificación de guía internacional, para profesionalizar mi carrera. Es mi proyecto más grande porque necesita harto entrenamiento, tiempo y plata. Y proyectos deportivos, me gustaría mucho subir cerros como el Fitz Roy. Tengo ganas de hacer alguna expedición en Campos de Hielo de algún cerro más remoto, inescalado.

¿Qué visión tienes con el cuidado del medio ambiente?

Para mi es fundamental la conservación, protección y uso sostenible de los recursos naturales de la tierra. El medio ambiente y sus recursos naturales es el mayor tesoro que tenemos todos los seres vivos y una interacción responsable y colaborativa son pilares fundamentales en mi vida.

¿Cuál es la causa que sigue con sus proyectos? 

Siempre me importa mucho dejar la menor huella posible, tratar de no alterar los espacios naturales y respetar los ecosistemas. Es imposible generar cero impacto ya que interactuamos con el medio ambiente pero para mi es esencial el poder retribuir de alguna forma a la tierra, ya sea educando, sembrando y minimizando el consumo y uso de recursos, evitando al máximo lo desechable, reutilizando, etc. 

¿Cuál es la huella que quieres dejar?

La mínima huella ecológica posible, y al mismo tiempo transmitir y educar a mi familia, amigos y comunidad cercana la responsabilidad social que tenemos con el cuidado del medio ambiente. Demostrar con el ejemplo que se puede vivir en la simpleza y en armonía con la tierra.

Ficha Técnica

María Paz Ibarra Letelier Edad: 41 años Ciudad nacimiento: Santiago Deportes: Montañismo y Escalada Sponsors: Patagonia y Clínica Meds