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Viento a favor: La ruta que está transformando la navegación femenina chilena

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El crecimiento de la participación de mujeres en la náutica nacional ya no es una excepción, sino una tendencia que se afianza. La presidenta del Club de Yates Higuerillas y capitana/timonel del velero HDI, Aurelia Zulueta analiza los avances, vacíos y desafíos de un proceso que exige profesionalizar la formación y asegurar continuidad.

La vela femenina en Chile ya no es una rareza en la línea de largada. Lo que hoy vemos en las boyas de partida —tripulaciones mixtas, equipos íntegramente femeninos, niñas que pasan del optimist al barco grande— es el resultado de una evolución sostenida que, sin ser lineal, ha cambiado la fisonomía del deporte. 

Aurelia Zulueta, presidenta del Club de Yates Higuerillas y capitana/timonel del velero HDI, tripulación compuesta solo por mujeres, comenzó hace 30 años y recuerda que casi no había mujeres y en regatas de barco grande muchas veces estaba sola, una realidad que dista del contexto actual. “Existe un auge enorme y las familias integran a sus hijos e hijas por igual (…) hemos avanzado muchísimo y cada vez hay más mujeres en el agua y ya vemos tripulaciones de barcos grandes con presencia femenina muy relevante.”

El crecimiento, detalla la timonel, no ha sido solo demográfico. Hay una ampliación de la cultura náutica que integra a las familias y normaliza la presencia femenina en todos los roles, desde proa hasta timón. Zulueta observa una tendencia virtuosa y a la vez un punto ciego, puesto que “muchas mujeres que se forman en etapas tempranas dejan de navegar cuando empiezan la vida familiar. Es un deporte para toda la vida, que permite cambiar de clase y seguir en el agua, pero ahí se produce un corte. Son pocas las que continúan navegando de forma permanente, pese a que este es un deporte para toda la vida”. 

“Existe un auge enorme y las familias integran a sus hijos e hijas por igual (…) hemos avanzado muchísimo y cada vez hay más mujeres en el agua».

La expansión de la base se explica por una mezcla de motivación y acceso. “Los factores que han impulsado la integración de mujeres a la navegación son la pasión que sale de cada una y que el deporte se está haciendo un poquito más accesible”, dice. Menciona clubes que han abierto sus puertas a la comunidad y un empuje específico. 

“Hemos tomado un rol clave con el Festival Femenino, organizado el evento más grande de Chile, con más de 150 mujeres sin experiencia previa que se animaron a navegar y muchas de ellas siguieron en el deporte. Ese programa, impulsado por World Sailing, ha sido fundamental. Y también ha habido una mayor acogida por parte de los hombres, algo que ha contribuido mucho a este avance”, sostiene. 

El acceso, sin embargo, tropieza con la piedra de siempre. “El mayor desafío es el financiamiento”, admite. En Higuerillas han levantado una escuela “preciosa” que en los últimos años tomó fuerza y produjo historias que iluminan el camino posible. “Desde la experiencia de Renato Brito, que partió con un convenio en su escuela básica y hoy compite por Chile, hasta Iván y Leni Álvarez o Miguel Puño, que salieron de convenios municipales y ya corren Semana de Buenos Aires con apoyo del club. Ves cómo el deporte les cambia la vida”. El objetivo, dice, sería multiplicar esos casos, pero “llegar a estar bien” requiere sostén económico en la ruta, no solo en la foto del resultado.

El HDI, el barco que capitanea, nació con ese espíritu de abrir puertas y mezclar generaciones. “La idea viene de hace casi diez años; en 2026 cumplimos la década. Yo había navegado a cargo del equipo femenino de la Escuela Naval y con mis hermanas decidimos jugárnosla con un barco propio para pasarlo bien. Hoy somos cinco de la familia —mis dos hermanas y mis dos sobrinas— y siempre hemos integrado amigas y chicos que salen del Optimist para que conozcan el trabajo en equipo en barco grande”. 

“Las mujeres podemos liderar grupos donde la mayoría son hombres, hacerlo bien y aportar desde otros talentos”.

El objetivo declarado es simple y contundente: “Mantenerse navegando, pasarlo bien y buscar los mejores resultados posibles. Con el tiempo te das cuenta de que lo más importante es estar en el agua”. También hay un hilo íntimo que sostiene el proyecto. “Somos hijas de un navegante; mi papá murió hace casi dos años. Esto es honrar su legado”.

Liderar una tripulación femenina y presidir un club histórico han sido, para Zulueta, experiencias transformadoras. “Me abrió el mundo. Las mujeres podemos liderar grupos donde la mayoría son hombres y hacerlo bien, quizá con otros talentos y de otra forma. Trabajar en conjunto lleva a buenos resultados”. Esa convicción se traduce en gestión. “Me empuja a fortalecer la escuela municipal, a conseguir más veleros, a construir una cultura amplia. Las cosas no siempre salen cuando uno quiere, pero si lo haces bien, en forma profesional y ordenada, se puede”.

La ruta hacia el alto rendimiento 

En el alto rendimiento aparecen señales y deudas. “La mayoría de los selectivos ya viajan con hombres y mujeres. Vamos un poquito más abajo porque somos menos, pero vamos bien. Hemos tenido mujeres en Juegos Olímpicos y juveniles compitiendo afuera”, repasa Zulueta. El talón de Aquiles está en la transición. “Del optimist a la universidad hay un vacío. En la etapa juvenil falta apoyo de las instituciones y de las propias universidades; ahí se nos pierden deportistas”. 

El “cómo” corregir esa fuga está mapeado. “Primero hay que ampliar la base. Más niños y niñas navegando en escuelas de todo Chile y nivelar la educación entre clubes, ciudades y programas”, propone. Estándares de formación, instructores mejor capacitados y una malla que converse con lo que hace el mundo desarrollado. “Es clave profesionalizar. Y luego invertir en los juveniles de 15 a 20 años con foco. No podemos dispersarnos en muchas clases, porque es caro. Hay que priorizar dos o tres de nivel competitivo, ojalá olímpicas, y darles tiempo y buen entrenamiento”.

“La vela abre puertas reales, pero el desafío es acompañar el camino para llegar hasta ahí”.

La orientación técnica también cambia. “El mundo va hacia el windsurf y la navegación rápida. Podemos tener de todo, pero si queremos competir de verdad, sin financiamiento y sin el barco indicado será difícil que Chile sostenga un nivel olímpico”. La honestidad del diagnóstico evita el triunfalismo y libra a la dirigencia de la tentación del atajo. Apostar por la base, por entrenadores formados y por un calendario que acompañe la curva de maduración de las deportistas no es una consigna; es una hoja de ruta.

Mientras tanto, la escena local se recalibra. La participación femenina ya no es noticia en sí misma y empieza a medirse por calidad competitiva, continuidad de procesos y liderazgo en clubes y equipos. En ese tránsito, experiencias como el Festival Femenino —que acercó a cientos de debutantes— muestran que la masificación puede convivir con la excelencia si existen pasarelas claras hacia programas de rendimiento. La acogida de los varones, mencionada por la presidenta, también importa: la igualdad real se juega en la cubierta y en las comisiones, en la rotación de roles y en el acceso a oportunidades.

La historia del HDI resume muchas capas del cambio. Un barco familiar que recoge un legado, integra generaciones e instala referentes visibles en los muelles y en el agua. Un equipo que entiende el resultado como consecuencia de estar y volver, de sumar horas en condiciones diversas, de atreverse a invitar a quien recién dejó el optimist. Y una timonel que, desde la gestión y la competición, empuja un ecosistema más ancho y mejor articulado.

El desarrollo de la vela femenina en Chile vive un momento fértil y exigente. Hay masa crítica, hay programas que funcionan, hay liderazgos que sostienen y hay evidencia de que el talento aparece cuando el acceso existe. También hay una agenda pendiente que requiere prioridades claras y persistencia. “Si ampliamos la base y cuidamos a los juveniles con foco y profesionalismo, vamos a llegar”, concluye Aurelia Zulueta.

Polo en Chile: escenario actual de un deporte en crecimiento que combina estrategia y tradición

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Gonzalo Martino, jugador y armador de Montebravo, destaca que el polo chileno vive uno de sus mejores momentos, con equipos estructurados, caballos de alto rendimiento, y jóvenes talentos que aseguran su crecimiento y proyección internacional.

El polo chileno atraviesa hoy uno de sus mejores momentos históricos. Según Gonzalo Martino, jugador y armador del equipo Montebravo, «el actual momento del polo, yo diría que está en lo más alto que se ha visto en Chile». Este auge no surge de la noche a la mañana. “Podríamos hablar de que están jugando hasta terceras o cuartas generaciones de familia. Para que una estructura de polo sea efectiva, de alguna u otra forma, tiene que pasar tiempo. Esto no es apretar un botón, comprar caballos y generar jugadores. Se demora, se demora mucho”, explica. 

La combinación de tradición familiar, constancia y una estructura bien organizada ha permitido que el país se posicione entre los cuatro mejores del mundo, sólo detrás de Estados Unidos, Argentina e Inglaterra, y que siga creciendo de manera notable. “El Abierto de Chile es un ejemplo de ello. Es un evento de primerísimo nivel, que refleja el desarrollo del deporte en la región y que posiciona a nuestro país. Si bien nunca será un deporte masivo, es muy sólido y de altísimo nivel. Esta visión no la tengo sólo yo, sino también muchas personas dentro del polo que ven a Chile como un referente en la región”, relata Martino. 

“Para que una estructura de polo sea efectiva, tiene que pasar tiempo. Esto no es apretar un botón, comprar caballos y generar jugadores. Se demora mucho”.

Agrega que “Argentina sigue siendo indiscutiblemente el mejor del mundo y esa cercanía nos beneficia. Desde la genética de los caballos hasta jugadores que vienen a competir o a enseñar, todo influye para elevar nuestro nivel. Chile tiene aún mucho camino por recorrer, pero podemos sentir un orgullo enorme: estar entre los cuatro mejores del mundo no es fácil, y en un deporte pequeño y exigente como el polo, esa posición es histórica y merece ser reconocida”.

El caballo, una pieza clave del equipo

El desarrollo del polo chileno no depende únicamente de los jugadores, sino también de un ecosistema humano y técnico complejo. “Todo lo que ocurre fuera de la cancha es tan importante como lo que pasa dentro de ella. Detrás de cada equipo hay un grupo humano enorme y especializado: veterinarios, petiseros, transportistas, proveedores de alimento y suplementación, entre muchos otros”, detalla Martino.

Cada caballo es entrenado como un atleta de alto rendimiento. “Los más experimentados dicen que el 80% del rendimiento de un jugador depende de su caballo y, la verdad, no podría estar más de acuerdo. El caballo no es un medio, es un jugador más del equipo. Puedes tener a los mejores polistas del mundo, pero si están mal montados, no van a ganar”, añade.

La selección de caballos es un proceso cuidadoso y estratégico, especialmente para jugadores en formación, donde la combinación entre el nivel técnico del jugador y las cualidades del caballo es fundamental para el rendimiento en cancha.

“El caballo no es un medio, es un jugador más del equipo. Puedes tener a los mejores polistas del mundo, pero si están mal montados, no van a ganar”.

Al final del día, el jugador debe olvidarse de sí mismo y pensar en el equipo, pero lo hace a través del caballo, que se convierte en una extensión natural de su cuerpo y de su instinto. “La preparación de los caballos es tan exigente como la de cualquier atleta de alto rendimiento, porque en realidad lo son. Entrenan todos los días, siguen rutinas específicas y se cuidan hasta el más mínimo detalle. La selección también es determinante: un buen caballo debe tener potencia, resistencia, capacidad para girar con precisión y, sobre todo, temple. Necesita soportar la presión de un partido intenso, mantener la calma y responder con agilidad a cada jugada”, explica Martino. 

“Puedes tener a los mejores polistas del mundo, pero si están mal montados, no van a ganar. En cambio, un equipo sólido, bien montado, puede marcar una gran diferencia. Es tanto así, que en un partido compuesto por seis chukkers de siete minutos y medio cada uno, la entrada de un solo caballo desequilibrante puede cambiar por completo el resultado. Así de decisivo es su papel en el juego”, complementa. 

Formación y trabajo en equipo

La formación de un jugador y su integración en un equipo también requieren tiempo, disciplina y guía. Martino recuerda su propia experiencia: “Como en la formación de cualquier deportista, el polo requiere de un instructor y de buena gente, en el más amplio sentido de la palabra. Se me dio la suerte de trabajar con Alejandro Vial, que es un deportista súper conocido en este mundo, que me ha tratado increíble y me ha ayudado a ir construyendo toda la parte técnica”. A esto se suma la coordinación entre jugadores y caballos, y la selección de cada uno de ellos según el nivel técnico.

“Como en cualquier disciplina deportiva, el polo requiere una buena guía. Es esencial contar con un instructor que no sólo te enseñe la técnica, sino que también te forme con una mirada de largo plazo. Es fácil caer en manos de personas que no necesariamente buscan tu desarrollo real como jugador”, sostiene, agregando que “en mi caso, tuve la suerte de formarme junto a Alejandro Vial, un referente en este mundo, que ha sido un gran maestro. Con él he podido construir una base técnica sólida y comprender mejor los distintos aspectos del juego”.

Pero el aprendizaje no termina ahí. Después viene la formación de los equipos, que tiene su propia complejidad. “Hay que saber elegir bien a los compañeros, porque de esa química depende el funcionamiento en cancha. Y luego está la selección de los caballos, que es otro capítulo esencial. En las etapas iniciales, los caballos deben estar en sintonía con el nivel técnico del jugador; son los que te dan seguridad y te permiten desarrollar tus habilidades. Al final, entre el jinete y el caballo se forma una sola unidad, y contar con un buen coach facilita muchísimo ese proceso”, advierte Martino. 

El funcionamiento de un equipo no se limita a la habilidad individual. “Los equipos se componen por cuatro jugadores y la suma de sus hándicaps determina la categoría en la que compiten. En Chile se juega año corrido, con dos grandes etapas: marzo a mayo y septiembre a noviembre, y en diciembre se disputa el Abierto de Chile, que llega hasta 24 goles. En el resto del año se juega hasta 16 goles”, explica. La planificación y la estrategia detrás de cada equipo incluyen no sólo la configuración de jugadores y caballos, sino también la logística y el cuidado de cada elemento.

“Siempre he creído que el deporte se trata de valores: templanza, resiliencia y compañerismo son fundamentales».

​​Más allá de la estrategia y la planificación, el polo en Chile es un deporte que transmite valores. “Siempre he creído que el deporte se trata de eso: de valores. La templanza y la resiliencia son fundamentales, porque no siempre las cosas salen como uno quiere. Es un deporte de equipo donde hay que buscar entendimiento con los otros jugadores, reconstruir después de cada derrota y felicitar a quienes corresponde en los triunfos. La caballerosidad y el compañerismo son esenciales, porque se juega a caballo, a más de 60 kilómetros por hora. Una mala decisión puede tener consecuencias graves”, explica Martino.

El deporte ecuestre sigue siendo costoso y poco masivo, pero Martino confía en su desarrollo a largo plazo: “En Santiago es un deporte caro, pero en zonas rurales puede ser más accesible. Lo que habría que hacer es fomentarlo con fondos de la federación o subsidios de gobierno para deportes nuevos. Chile ya ha tenido resultados espectaculares a nivel internacional, así que hay mucho talento que aún no se está descubriendo”.

El futuro del polo chileno luce prometedor. “La misión es positiva, porque tenemos varias generaciones jugando y jóvenes talentos con gran proyección. Familias como la Vial ya destacan internacionalmente y se empieza a vislumbrar un camino de exportación de jugadores de primer nivel. El Abierto de Chile es un ejemplo de la calidad que hemos alcanzado, posicionando al país como referente regional y, a mi juicio, cuarto en el polo mundial”, resalta. La combinación de tradición, estructura, formación de jugadores y caballos, y la profesionalización de la gestión, han convertido a Chile en un ejemplo dentro de este deporte.

El polo chileno, aunque pequeño y de nicho, ha logrado consolidarse gracias a años de esfuerzo, disciplina y pasión. Para Gonzalo Martino y otros actores del deporte, el camino es claro: fortalecer la base, profesionalizar cada vez más la gestión y mantener vivo un deporte que exige técnica, estrategia y valores humanos en cada jugada.

Montebravo: un equipo en crecimiento

Gonzalo Martino forma parte del equipo Montebravo, creado hace tres años y dirigido por Alejandro Vial, un polo mánager chileno con amplia experiencia nacional e internacional. “Desde sus inicios, el equipo comenzó participando en campeonatos ‘sueltos’ con bastante éxito, llegando a casi todas las finales en distintas categorías”, relata Martino.

Actualmente compite en la categoría B y está conformado por Andrés Vial, jugador de 6 goles; Fernando Fantini, de 3 goles; Matías Echavarrí, de 2 goles; y Gonzalo Martino, jugador de 0 goles y armador del equipo. “Montebravo sigue un proceso de construcción que requiere paciencia y experiencia. Aún estamos completando los 11 goles de hándicap necesarios para la categoría B, y la prioridad es acumular kilómetros de juego y consolidar la coordinación del equipo”, explica.

El objetivo inmediato es competir con éxito hasta fin de año, mientras que a mediano plazo, la idea es mantener la misma formación para optimizar el rendimiento. A largo plazo, la meta es ascender a la categoría A, que implicará mayores exigencias económicas y logísticas.

El éxito de los equipos no depende sólo de los resultados inmediatos, sino también de la planificación a largo plazo y la acumulación de experiencia. “Como jugadores, hemos participado en decenas de campeonatos separados o juntos, pero nunca todos juntos. Ésta es la primera vez que el equipo se configura así, y la idea es ganar experiencia y cohesión para que, a mediano plazo, el funcionamiento del equipo sea más ágil, preciso y sólido”, comenta Martino. La paciencia, el conocimiento de cada jugador y caballo, y la constancia en los entrenamientos son factores determinantes para alcanzar un rendimiento óptimo en cancha.

A futuro, Montebravo busca consolidarse en la categoría A, lo que implicará un mayor esfuerzo económico y organizativo. “A largo plazo, queremos estar jugando en la ‘A’, lo que requiere caballadas, estructuras, sponsors y jugadores bien integrados. Por eso estaremos en la ‘B’ un tiempo, hasta configurar un equipo sólido en todos los aspectos. La idea es avanzar paso a paso, con paciencia y planificación, para competir al más alto nivel”, asegura Martino. Este enfoque evidencia que el polo chileno combina tradición, estrategia y visión, y que su crecimiento se cimenta en la constancia y la excelencia en todos los niveles.

Estrategia y hándicaps: cómo se componen los equipos de polo en Chile

Los equipos de polo se componen por cuatro jugadores y la suma de sus hándicaps determina la categoría en la que compiten. En Chile existen distintas series: A, B, C y D.  El nivel de cada una depende precisamente de ese puntaje acumulado.

La temporada nacional se extiende prácticamente durante todo el año, con dos grandes etapas: la primera entre marzo y mayo, y la segunda entre septiembre y noviembre. En ese período los caballos entrenan y compiten de forma intensiva, mientras que el resto del tiempo descansan y se preparan para la siguiente fase.

El nivel más alto que se juega en Chile corresponde a los 16 goles, salvo en diciembre, cuando se disputa el Abierto de Chile, que se juega a 24 goles. En esa instancia suelen incorporarse jugadores extranjeros —principalmente argentinos— para completar los hándicaps más altos. Han participado figuras de renombre mundial como Adolfo Cambiaso, verdadera leyenda del polo, algo así como tener a Messi y Ronaldo compartiendo la cancha.

Durante el resto del año, los torneos se desarrollan en categorías que van desde los 16 hasta los 12 goles, o menos. Los jugadores pueden tener hándicaps que van de 0 a 10, y la suma de sus puntajes debe coincidir con el total exigido por cada serie. Por ejemplo, un equipo de 12 goles puede estar formado por un jugador de hándicap 3, otro de 4, uno de 2 y otro de 3, o cualquier otra combinación que cumpla con el total. Esa estructura hace que cada equipo deba equilibrar cuidadosamente talento, experiencia y estrategia.

El polo chileno combina tradición, estructura, formación de jugadores y caballos, y profesionalización de la gestión. Aunque pequeño y de nicho, ha logrado consolidarse como un referente internacional. Para Gonzalo Martino y otros actores del deporte, el camino es claro: fortalecer la base, profesionalizar cada vez más la gestión y mantener vivo un deporte que exige técnica, estrategia y valores humanos en cada jugada.

«Chile tiene mucho camino por recorrer, pero siempre con mucho orgullo de que sea un referente. No es fácil estar entre los cuatro mejores del mundo en un deporte tan exigente, y ésa es la historia que invito a conocer», concluye.