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Con más de 500 asistentes, Parque Cordillera inauguró La Plaza Bikepark en la región Metropolitana

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Con la participación de la alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martín, y más de 500 asistentes, este domingo 25 de mayo, la Asociación de Municipalidades Parque Cordillera, celebró la apertura oficial de La Plaza Bikepark, un espacio deportivo y familiar ubicado al interior del Parque La Plaza Sur en la comuna de Las Condes, en el cual las y los aficionados del ciclismo y los patines encontrarán un espacio disponible para ellos a lo largo de todo el año.

La Plaza Bikepark -anteriormente conocido como Bikepark Santa Fe-, es el único proyecto de bikepark en Santiago especialmente pensado para niños y principiantes. Allí, la Asociación de Municipalidades Parque Cordillera realizó un trabajo de mejoramiento de las pistas y, asimismo, adaptaron las instalaciones para que las y los niños puedan hacer un mejor uso de ellas. “Hoy es un lugar escuela seguro y abierto para todos quienes deseen ser parte del mundo del ciclismo y los rollers”, comentó Santiago Flores de Parque Cordillera.

Alcaldesa Catalina San Martín

Este proyecto cuenta con cuatro zonas, donde destaca el nuevo Circuito Cross Country, el cual combina velocidad, resistencia y habilidad técnica, todo esto en pistas de tierra, junto con el mejoramiento de las plazas previamente existentes. Estas son: Pumptrack, Dirt Jumps y Montaña.

En la Plaza Pumptrack se combinan peraltes y curvas especialmente diseñadas para generar velocidad e impulso sin pedalear. Su diseño le significó recibir la certificación de la Unión Ciclista Internacional (UCI), encargados de certificar los eventos olímpicos de ciclismo. En la Plaza Dirt Jumps las y los aficionados sobre ruedas podrán realizar y practicar diversos tipos de saltos y acrobacias de manera completamente segura.

Y, finalmente, la Plaza Montaña cuenta con cuatro distintas pistas que recorren la ladera del cerro, incluyendo una de subida y tres de descenso. Cada una de estas rutas tiene entre 700 y 800 metros de longitud pensadas como montañas rusas en bajada, y su principal diferencia son el tamaño de las subidas y bajadas.

Santiago Flores, Catalina San Martín y Pablo Hobon

Además, el bikepark se encuentra en la entrada del Parque La Plaza, que es una puerta de entrada ordenada al valle de San Carlos de Apoquindo, un lugar emblemático para la realización de mountain bike, además de ofrecer un acceso compartido entre caminantes y ciclistas a hitos naturales reconocidos en la comunidad outdoor, como el  mirador Morro Las Papas.

Inauguración

La inauguración se llevó a cabo el pasado 25 de mayo, con más de 500 asistentes -de todas las edades- y contó con entrada gratuita para todo público, incluyendo una serie de desafíos, juegos y concursos, entre ellos una clínica de bicicletas donde las y los participantes aprendieron de distintas técnicas de manejo, frenado y equilibrio, realización de recorridos por los circuitos para mejorar su control y reflejos, y aprendizaje de nociones básicas de seguridad vial. Asimismo se realizó un desafío cronometrado en el pumptrack, zona de juegos, concursos, entre otros.

“Este parque tiene que ser un lugar de encuentro, un lugar de oportunidad para que niños y niñas puedan disfrutar, puedan aprender y quizás, quién sabe, tengamos algún seleccionado nacional más adelante que haya entrenado aquí en estas pistas”, señaló la alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martín, durante la ceremonia inaugural de La Plaza Bikepark.

Las actividades contaron con la colaboración de la Municipalidad de Las Condes, Bikleta app, SportVibes, Rider girls, Seguridad Vertical y las escuelas de reconocidos ciclistas como son Pablo Hobon y Nicolás Prudencio.

La Plaza Bikepark ya se encuentra operativo y está ubicado al interior del Parque La Plaza Sur (en Av. La Plaza 2.500, Las Condes). La  entrada tiene un costo de $3.450 adulto general y cuenta con un precio preferencial de $2.300 para adultos mayores (+60 Años) y niños (entre 2 y 12 años). Asimismo hay descuentos con las tarjetas de vecinos de distintas comunas como Las Condes, Lo Barnechea y La Reina. La compra se realiza directamente en www.puntoticket.com/parque-cordillera

Renata Urrutia, Gonzalo Cárdenas y Kutzack Tetzner

 

«Glaciers»: pedalear para que los hielos eternos no desaparezcan en silencio

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En su cortometraje, la deportista Coto Salgado convierte una travesía en bicicleta por el Nevado Ausangate en un testimonio audiovisual sobre la urgencia de conservar los glaciares. Una apuesta poco común donde el deporte deja de ser espectáculo para transformarse en herramienta de conciencia ambiental.

El agua fue siempre parte del paisaje para Coto Salgado. Primero como deportista de nieve, luego como viajera en casa rodante, y ahora como ciclista que pedalea hacia las alturas, buscando esos pequeños parches de nieve que aún resisten en la montaña. Pero cuando visitó la Región de Magallanes en 2022, entendió que la belleza del agua también tiene un punto de quiebre: los glaciares se están derritiendo, y con ellos desaparecen ecosistemas, culturas y formas de vida. Así nació “Glaciers”, un cortometraje que une pedaleo y conservación, paisaje y denuncia, estética y política.

“Los glaciares no tienen voz. No pueden decirnos cómo los estamos afectando. Pero sí podemos ver sus síntomas”.

“Sabía que era un tema llamativo por la majestuosidad de estos ecosistemas. Pero también sabía que era urgente”, dice Coto. “Después de hablar con Fundación Glaciares Chilenos y enterarme de que la ONU iba a declarar el 21 de marzo como Día Internacional de los Glaciares, el proyecto dejó de ser una idea y se convirtió en una necesidad”.

“Glaciers” no es un documental tradicional ni un “edit” de mountain bike al uso. Es más bien un híbrido: una pieza visual que aprovecha el lenguaje del deporte outdoor —sus planos espectaculares, su narrativa de esfuerzo, su estética limpia— para transmitir un mensaje ambiental claro. Y esa mezcla, que a ratos tensiona los géneros, parece ser también la fórmula de su potencia.

“Los proyectos audiovisuales tienen una capacidad brutal para llegar a la gente. Después de grabar ‘Chasing Sunrises’, entendí que ese era el camino. Ya no quería solo mostrar aventuras. Quería que tuvieran sentido”, sostiene Coto.

Para esta mujer, deportista chilena, el agua representa uno de los paisajes más hermosos. “Además, tengo una relación especial con el agua como recurso. Viajé durante tres años en una casa rodante, donde el uso de agua debía ser extremadamente medido: lo justo para la ducha, la cocina y el baño. Esa etapa de mi vida me hizo mucho más consciente, y desde entonces intento compartir lo aprendido y educar sobre su cuidado”, explica.

“Los proyectos audiovisuales tienen una capacidad brutal para llegar a la gente.

La filmación de “Glaciers” no fue sencilla. El equipo viajó a más de 4.500 metros de altura, en pleno Nevado Ausangate, Perú. Ahí compartieron con la comunidad de Pacchanta, donde el quechua sigue siendo lengua madre y el agua glaciar corre por canales ancestrales que abastecen a familias enteras. Pero esa fuente vital ya no es la misma. Cada año, la capa blanca se retrae un poco más. Cada verano, el caudal se reduce. Y eso no es solo un dato climático, es una amenaza concreta.

“Eloy, uno de los comuneros, nos contaba cómo han tenido que adaptarse. Sin ese hielo, su comunidad no puede vivir”, recuerda. “Escuchar eso mientras grabas, mientras ves con tus propios ojos el retroceso, es imposible no conmoverse”.

Durante el rodaje, las jornadas empezaban a las 4 de la mañana para captar los amaneceres y terminaban con los últimos rayos de luz. En medio, cargar cámaras, empujar bicicletas, y sortear el cansancio de la altura. Pero también, entre todo eso, sopas calientes y fuego encendido al volver. Hospitalidad andina, cicatrices del cambio climático, y una certeza: esto había que contarlo, creando un mensaje sin estridencias, pero con dirección

Coto no se instala como experta en conservación, pero sí como mensajera. Usa el ciclismo para llegar donde otros no llegan. Y desde ahí, habla. No desde la cumbre, sino desde la experiencia.

“Creo que los deportistas tenemos una responsabilidad. Podemos amplificar voces, mostrar lugares, sensibilizar. Hay muchas personas haciendo cosas increíbles en ciencia, en investigación, en activismo. Si nosotros ayudamos a comunicar eso, ya es un aporte”.

Chile: país de glaciares, país sin ley

Chile alberga el 80% de los glaciares de Latinoamérica. Sin embargo, sigue siendo un país sin una ley que los proteja. “Hace más de 15 años que se proponen proyectos de ley y ninguno avanza. Es absurdo. ¿Qué estamos esperando?”, se pregunta Coto Salgado, con frustración. Desde su punto de vista, la solución no vendrá solo desde la institucionalidad: también desde una ciudadanía más informada, más activa y más dispuesta a incomodarse.

“Si Perú ha sido capaz de proteger una zona tan remota como el Ausangate, nosotros también debemos hacerlo. En Chile se ha diagnosticado la situación una y otra vez. Lo que falta es voluntad política”

La pregunta de Coto no es retórica. Entre 2006 y 2021, se han presentado al menos cinco iniciativas para proteger legalmente los glaciares en Chile. Todas han fracasado. La más emblemática fue el Proyecto de Ley de Protección de Glaciares ingresado en 2014, durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, que buscaba declarar a los glaciares como “bienes nacionales de uso público” y prohibir actividades extractivas —como la minería— en ellos y su entorno. A pesar del respaldo ciudadano y del impulso inicial, la presión del sector minero y el lobby empresarial terminaron por desdibujar el proyecto. En 2021, después de siete años de tramitación, la iniciativa fue archivada en el Senado sin ser votada en su forma original.

Durante el actual gobierno de Gabriel Boric, se esperaban avances concretos. En su programa de campaña, se comprometió con una ley de protección de glaciares. Pero en abril de 2023, el Ministerio del Medio Ambiente optó por un camino más “acotado”: retiró el proyecto anterior y propuso incorporar disposiciones sobre glaciares en la futura Ley de Delitos Ambientales. Sin embargo, esta nueva vía tampoco ha logrado establecer prohibiciones claras, ni asegurar una protección efectiva de los cuerpos de hielo. 

Coto lo resume de forma simple: “Si Perú ha sido capaz de proteger una zona tan remota como el Ausangate, nosotros también debemos hacerlo. En Chile se ha diagnosticado la situación una y otra vez. Lo que falta es voluntad política”.

Para ella, los glaciares no son un símbolo lejano ni una causa ambientalista más. Son cuerpos vivos que ya muestran signos de agotamiento. “Los glaciares no tienen voz. No pueden decirnos cómo los estamos afectando. Pero sí podemos ver sus síntomas: el retroceso, la pérdida de masa, el colapso de lagunas, los ríos secos en verano. Y si el deporte outdoor empieza a hablar de esto, si nos volvemos más conscientes de nuestros impactos, ya estamos empujando un cambio”.

A falta de ley, queda la acción. Y en ese terreno, la bicicleta puede ser más que un medio de transporte: puede ser una herramienta de educación, un acto de presencia, una forma de decir que algo está mal. “No podemos seguir tratando los glaciares como si fueran escenografía. Son fuentes de agua, de vida, de memoria. Y si no los protegemos ahora, no habrá segunda oportunidad”.

Pedalear como acto de responsabilidad

Coto no viene del mundo audiovisual. Su experiencia es la del deporte, los viajes, la autogestión. En Glaciers, tuvo que escribir el guión, diseñar el mensaje, tocar puertas para financiarlo y asumir la logística en altura. “Al no formar parte de la industria audiovisual, tuve que asumir muchas funciones: desde la creación del guion hasta buscar marcas que creyeran en el proyecto”.

Y no fue fácil. El marketing, dice, prefiere lo rápido, lo medible, lo vendible. Glaciers no ofrecía eso. Era una apuesta a largo plazo, sin retorno asegurado. “Proyectos como este, que entregan valor pero no generan resultados cuantificables a corto plazo, son difíciles de financiar”. A eso se sumó la dificultad física de filmar a esa altitud. Aunque estaba aclimatada, empujar una bicicleta o coordinar tomas en medio del cansancio y el frío extremo exigía más que buena voluntad.

“Al no formar parte de la industria audiovisual, tuve que asumir muchas funciones: desde la creación del guion hasta buscar marcas que creyeran en el proyecto”.

Más allá del rodaje y su historia personal,  tiene claro qué busca con Glaciers. “La comunidad mountainbiker debe tomar conciencia de que nuestro deporte también genera impacto. Podemos llegar a lugares remotos, donde muchos no llegan, y eso nos da una responsabilidad: dejar un legado, educar y proteger”. La bicicleta, dice, no es solo medio de transporte ni pasatiempo. Es también un lenguaje.

En ese sentido, Glaciers es una pieza incómoda. No sólo denuncia, sino que interpela: ¿Qué hacemos cuando visitamos la montaña? ¿Cómo nos movemos, qué dejamos atrás? ¿Podemos seguir grabando reels desde la cumbre y callar lo que pasa bajo nuestros pies?

“Este no es un proyecto sobre mí, ni sobre mi viaje. Es sobre algo más grande. Y si logro que alguien se detenga a pensar, aunque sea por unos minutos, ya habrá valido la pena”, concluye.