miércoles, mayo 27, 2026
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Dominique Charrier: Olas que desafían, espíritu que inspira

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Desde las olas de Punta de Lobos, Dominique Charrier ha trazado un camino donde la técnica se encuentra con la valentía y la pasión por la naturaleza, consolidándose como una de las referentes femeninas del surf de olas grandes en Chile, inspirando a nuevas generaciones y utilizando su plataforma para difundir la importancia de cuidar el océano y el entorno que la sostiene.

Creció rodeada de tablas y olas, con una infancia que moldeó su vínculo con el océano. “Antes de que yo naciera, mi papá ya hacía tablas y mi mamá surfeaba, así que crecí rodeada de tablas, surfistas y olas increíbles como las de Punta de Lobos”, recuerda Dominique Charrier. Sus primeros juegos entre rocas y olas, con amigos, le permitieron adquirir confianza en el mar desde pequeña: “Saltábamos, la ola nos revolcaba y quedábamos con los ojos llenos de sal. Todo eso, aunque parecía un juego, nos fue dando confianza y progresando cada vez”.

Ese vínculo temprano con el océano se consolidó en julio de 2024, cuando logró su primer tubo en olas grandes. “Logré conectarme con ella, conmigo misma, y entrar en mi primer tubo. Todo fue en cámara lenta, oscuro como si estuviera dentro de un túnel. Ha sido la mejor experiencia de mi vida hasta ahora”, recuerda. Ese momento no solo representó un logro técnico, sino un paso simbólico en su carrera, que la llevó poco después a la final del Big Wave Challenge internacional.

“Este deporte es más mental que físico; puedes estar muy fuerte, pero si tu mente pierde la calma, lo pasas mal. Por eso intento disfrutar incluso el miedo y convertirlo en parte del proceso”.

La trayectoria de Dominique se ha marcado por hitos competitivos importantes. En el Pico Alto Pro de Perú, enfrentó un mar difícil y logró imponerse gracias a su estrategia y temple: “En el último minuto del heat apareció una derecha con muchos bounces. Me afirmé, no me caí en los saltos y logré completarla. Esa ola me dio el mejor puntaje entre las mujeres y me permitió ganar el campeonato”.

Más allá de los logros y reconocimientos, Dominique se esfuerza por inspirar a niñas y mujeres a seguir sus propios sueños. “Les diría que lo hagan con el corazón, porque si lo hacen así, lo van a disfrutar y lo van a poder lograr. Que sepan que sí pueden y que también tienen fuerza para enfrentar los desafíos”, dice.

Tu infancia en Pichilemu y entorno familiar han sido clave en tu carrera. ¿Cómo influyó que tu padre construya tablas y tu madre surfee como hobby en tu conexión con el océano?
Me siento muy afortunada por el lugar en el que crecí y por la vida que me dieron mis papás. Antes de que yo naciera, mi papá ya hacía tablas de surf y mi mamá surfeaba como hobby, así que desde pequeña estuve rodeada de tablas, surfistas y olas increíbles como las de Punta de Lobos. Ellos me metían al agua de a poco, para que le tomara amor al mar. También crecí jugando en las rocas con mis amigos: saltábamos, la ola nos revolcaba y quedábamos con los ojos llenos de sal. Todo eso, aunque parecía un juego, nos fue dando confianza en el mar hasta que empezamos a progresar y ahora es increíble ver cómo todos surfeamos en los morros grandes. Estoy muy agradecida por esa infancia.

En 2024 lograste tu “primer tubo” en una ola gigante en Punta de Lobos, lo que te valió el segundo lugar en el Big Wave Challenge por “La ola más grande remada por una mujer”. ¿Cómo describirías esa experiencia y qué significó para tu carrera?
Viví un momento inolvidable. Ese día no estaba tan grande, era el segundo día de “swell”. Estuve como dos horas esperando, hasta que sentí algo especial, como un impulso de paciencia, y me posicioné un poco más arriba que los demás. De ahí salió la ola más grande del día. Logré conectarme con ella, conmigo misma, y entrar en mi primer tubo. Todo fue en cámara lenta, oscuro como si estuviera dentro de un túnel. Ha sido la mejor experiencia de mi vida hasta ahora y estoy entrenando para repetirla. Ese logro me llevó a la final del Big Wave Challenge, la primera vez que entraba a una final internacional de olas grandes. Fue un paso enorme en mi carrera y una motivación muy fuerte para seguir soñando en grande.

“Estoy muy feliz de ser una de las primeras chilenas en dedicarme 100% a las olas grandes y abrir un camino para las nuevas generaciones que van a venir con todo”.

Con ese logro vinieron oportunidades importantes, como integrarte al Team Red Bull. ¿Qué representa para ti ser parte de esta marca y cómo ha impactado tu trayectoria deportiva?
Entrar a Red Bull fue una meta y un sueño cumplido. Creo que es algo con lo que sueña cualquier atleta de alto rendimiento, así que estoy muy feliz. Realmente he entendido lo que significa eso de que “Red Bull te da alas”, porque en verdad te abre puertas y te impulsa a llegar a lugares que a veces parecen inalcanzables. La conexión que te da a nivel mundial es increíble: cuentan con bases, equipos y motos de agua en los mejores spots del planeta, lo que hace posible surfear en condiciones únicas. Tener esta oportunidad me llena de gratitud y motivación para seguir creciendo.

Entraste por primera vez a una ola grande en 2021 y desde entonces has entrenado intensamente, no solo físicamente, sino también psicológicamente. ¿Cómo combinas tu entrenamiento físico, trabajo mental, apnea y primeros auxilios para enfrentar olas extremas con calma y seguridad?
Sí, ese año fue la primera vez que entré a un mar grande y me enamoré de esa sensación. Desde entonces, todo mi entrenamiento se orientó a surfear olas grandes: preparo mi cuerpo cinco veces a la semana, con trabajo de fuerza en casa, y practico auto diálogo y visualización para mantener la mente enfocada. Este deporte es más mental que físico; puedes estar fuerte, pero si tu mente pierde la calma, lo pasas mal. Trato de disfrutar incluso el miedo y convertirlo en parte del proceso. Surfear casi todos los días me mantiene activo y adaptado, y además tengo cursos de primeros auxilios y soy salvavidas, porque la seguridad es clave en un deporte donde arriesgamos la vida constantemente.

“Los mundos de Punta de Lobos son lugares increíbles, con ecosistemas únicos que debemos proteger. La naturaleza lo es todo, nos da la vida, y merece que le devolvamos ese respeto”.

Sufriste una lesión en Nazaré y ahora estás recuperándote. ¿Cómo ha sido ese proceso de rehabilitación y qué aprendizaje te ha dejado esta experiencia?
Fue mi primera temporada allá y significó mucho aprendizaje. Al final del viaje, en una de mis primeras sesiones de “tow-in” —la modalidad en la que una moto de agua te remolca— tuve un accidente. Suelo remar más, porque me identifico con esa modalidad, pero quería aprender tow-in para ser una surfista completa. Ese día el mar estaba complicado y terminé chocando con una moto de agua, fracturándome las costillas. Fue mi primera lesión seria y me dejó tres meses fuera del agua. Aunque han pasado casi nueve meses, todavía siento dolor. Las costillas son difíciles: no se pueden yesar ni operar, solo queda descansar. Los primeros días no podía ni respirar ni reír. Para un atleta, no hay nada peor que estar fuera de su deporte, pero lo asumo como parte de la vida: caerse, levantarse y seguir adelante.

Una mujer que abre caminos

La trayectoria de Dominique se ha marcado por hitos competitivos importantes. En el Pico Alto Pro de Perú, enfrentó un mar difícil y logró imponerse gracias a su estrategia y temple: “En el último minuto del heat apareció una derecha con muchos ‘bounces’. Me afirmé, no me caí en los saltos y logré completarla. Esa ola me dio el mejor puntaje entre las mujeres y me permitió ganar el campeonato”.

Otro de sus hitos se dio en Brasil, en el Itacoatiara Big Wave. Se reconcilió con el Tow-in tras su lesión en Nazaré, alcanzando la final y el cuarto lugar. “Ahora tengo muchas ganas de seguir entrenando en esa modalidad. Para mí es parte de cumplir el objetivo de convertirme en una surfista completa”, sostiene.

Además, su reconocimiento en los Big Wave Awards consolidó su proyección, ya que fue nominada a la mejor ola y a la ola más grande remada por una mujer, logrando coronarse campeona en esta última categoría. “Es un honor representar a Chile en un campeonato mundial junto a los mejores surfistas del planeta. Es un verdadero honor y también una motivación enorme para seguir soñando y trabajando por más”, comenta orgullosa.

Pero más allá de sus logros, Dominique también ha vivido de cerca la desigualdad de género en el surf. “A veces la gente piensa que por ser mujer no vas a entrar o no te vas a tirar olas, pero poco a poco estamos demostrando que sí podemos”, sentencia. Ser una de las primeras chilenas en dedicarse al 100% al surf de olas grandes significa también abrir camino para las nuevas generaciones. “Estoy muy feliz de ser una referente y sé que van a venir chicas con todo. Solo se trata de ganas. Si tú quieres, no dejes que nadie te diga que no”, afirma.

Además, destaca la necesidad de fortalecer la estructura del surf chileno: “Sería fantástico reactivar el Circuito Nacional de Tabla Corta y el Circuito Nacional de Olas Grandes. Esto sería muy positivo para que las nuevas generaciones se motiven y podamos obtener más apoyo del gobierno”.

Más allá de los logros y reconocimientos, Dominique se esfuerza por inspirar a niñas y mujeres a seguir sus propios sueños. “Les diría que lo hagan con el corazón, porque si lo hacen así, lo van a disfrutar y lo van a poder lograr. Que sepan que sí pueden y que también tienen fuerza para enfrentar los desafíos”, dice. Su mensaje combina pasión, perseverancia y autenticidad, reflejando su visión de liderazgo femenino en un deporte históricamente masculino.

Una conexión más allá de la técnica

La relación de Dominique con el mar va más allá de la técnica y la competición: es un vínculo profundo con la naturaleza. “Los mundos de Punta de Lobos son lugares increíbles, con ecosistemas únicos que debemos proteger. Lo lindo del surf es que te conecta directamente con la naturaleza, y eso te enseña a cuidarla y respetarla”, afirma.

Lo lindo del surf es que te conecta directamente con la naturaleza, y eso te enseña a cuidarla y respetarla”.

Consciente del rol que puede jugar como figura pública, utiliza su plataforma para generar conciencia: “Uso mi plataforma para compartir información que suben personas que saben más sobre estos temas, para que quienes me siguen también puedan verla y entender la importancia de cuidar los océanos, las playas y la naturaleza”.

El surf de olas grandes demanda movilidad constante y adaptación. Dominique define sus temporadas según las condiciones del mar: desde marzo a agosto se encuentra en Punta de Lobos, también entrena en el norte de Chile y actualmente está en Puerto Escondido, México, aprendiendo a surfear olas poderosas y respetadas. Luego siguen las temporadas en Portugal, Nazaré y Hawái. “Algunos podrían pensar que esto es como unas vacaciones, pero son olas tan potentes que realmente dejan agotado. Además, viajar cansa mucho.

Comer bien, estar físicamente preparado y tener la motivación adecuada es lo más importante para lograr todo esto”, explica.

El surf de olas grandes es imprevisible: “Cinco días antes te dan alerta amarilla, dos días antes alerta verde y debes partir para allá. Es intenso, pero simplemente hay que enfocarse en las olas, intentar descansar lo más posible y dar lo mejor en cada sesión”.
Dominique Charrier ha demostrado que ser una surfista de élite no solo se mide en puntajes o títulos, sino también en resiliencia, liderazgo femenino y conciencia ambiental.

“La naturaleza lo es todo, nos da la vida, y merece que le devolvamos ese respeto”, concluye. Entre olas gigantes, lesiones superadas y logros internacionales, sigue abriendo caminos, inspirando a nuevas generaciones y mostrando que el surf puede ser mucho más que un deporte: una lección de coraje, pasión y respeto por el mundo que nos rodea.

Jordi “Trial” Muñoz: Construyendo un legado sobre dos ruedas

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El piloto chileno combina pasión, técnica y perseverancia para destacar en el trial nacional e internacional, enfrentando desafíos únicos, buscando superarse a sí mismo en cada entrenamiento y competencia, y motivando e inspirando a nuevas generaciones a acercarse a esta disciplina

Desde que tiene uso de la memoria, Jordi Muñoz ha estado sobre una moto. Su padre, un apasionado del trial, fue el primer vínculo que lo acercó a este deporte. “A los cuatro años ya tengo fotos arriba de una moto eléctrica de trial, y hacia los siete u ocho comencé a participar en mis primeras competencias”, recuerda. Su acercamiento inicial fue autodidacta, relata, aprendía técnicas en motos y bicicletas que no eran específicas, hasta que, alrededor de los 12 o 13 años, pudo contar con equipo especializado en ambas modalidades.

Las primeras experiencias competitivas quedaron grabadas en su memoria, no solo por los resultados, sino por el contexto familiar. “Creo que mi primera experiencia importante la definiría en dos planos; uno más emotivo y familiar, y otro más competitivo. Hubo un tiempo en que los cuatro —mi papá, mi hermano mayor, mi hermana menor y yo— competíamos en motos. Mi padre hacía de todo: nos acompañaba, nos cuidaba en la pista, corría detrás de cada uno cuando era necesario y siempre estaba ahí para levantarnos cuando nos caíamos. Mi mamá registraba esos momentos con su cámara”, relata Jordi, evocando el núcleo que formó sus primeros aprendizajes.

“Hoy la competencia es conmigo mismo: ganarle al Jordi de la semana anterior.”

En lo competitivo, recuerda su primera participación internacional en Brasil, con una moto arrendada, donde terminó quinto en la categoría B o sub-18. “No era el resultado que esperaba, pero fue una experiencia valiosa que me enseñó mucho. Desde ahí comencé a competir tanto en moto como en bicicleta, algo que me caracteriza hasta hoy: combinar estas dos disciplinas hermanas”. Ese camino culminó en 2019, cuando se consagró campeón latinoamericano tras una final que se definió al límite. “Ganamos peleando hasta la última zona contra Andres Sandrock. Ese logro representó cumplir un sueño que tenía desde niño”, cuenta. 

El entrenamiento es una parte esencial de su vida, casi una ciencia. Jordi detalla que su rutina comienza de manera suave, con movilidad articular y saltos pequeños, para preparar cuerpo y mente. “El trial exige fuerza, estabilidad y control, casi como si fuese una gimnasia olímpica. Entrenamos mucho la bilateralidad para poder recuperar el equilibrio rápidamente en cualquier situación y sacar la zona dentro del tiempo límite”, explica. Además, destaca la importancia de la mirada externa: “Un mochilero o coach observa desde fuera, corrigiendo posturas y dando consejos que uno no percibe arriba de la moto”.

Obstáculos que marcan el camino

El camino, como la disciplina que ama, no ha estado exento de obstáculos. Jordi reflexiona sobre las limitaciones que impone la región. Así reconoce que “uno de los mayores ha sido tomar conciencia de la enorme brecha que existe entre Latinoamérica y Europa. Allá los procesos son más profesionales, y se cree en los niños desde muy pequeños, se invierte en su formación y se les acompaña hasta que alcanzan un nivel de alto rendimiento. En cambio, en Chile existe la idea de que no se puede vivir del deporte”. Aun así, reconoce que pese a estas limitaciones, los pilotos chilenos han logrado resultados destacados.

“Hoy, en un momento en que hay muy poca competencia de moto trial en Chile, lo que más me llena es esa conexión con las personas. Me motiva saber que para muchos niños soy un referente, que me escriben, me comentan en redes sociales o incluso me reconocen en la calle. Y lo más lindo es que ese reconocimiento no se centra únicamente en los resultados deportivos, sino en lo que transmito como persona: los valores, la motivación y las virtudes que intento compartir en cada experiencia. Creo que eso, al final, es un logro que trasciende lo competitivo”, sostiene Jordi. 

Una pieza clave en su desarrollo ha sido César “Chachí” Ramos, amigo de la familia y estratega de primer nivel. “Es un genio, no solo arriba de la moto, sino administrando equipos deportivos. Su manera de planificar competencias, administrar tiempos y potenciar cualidades hizo que mi camino hacia el título latinoamericano fuera posible”, afirma Jordi, reconociendo la influencia del entrenador en su carrera.

Más allá de los títulos, Jordi valora la conexión con quienes siguen el deporte. “Creo que mis logros más importantes están relacionados con la motivación que he podido generar en otras personas. Gracias a mi trayectoria he aparecido en programas de televisión y redes sociales, mostrando el trial a un público más amplio. Hoy, lo que más me llena es esa conexión con los niños, adolescentes y adultos que me consideran un referente. Ese reconocimiento no se centra únicamente en los resultados deportivos, sino en lo que transmito como persona”.

Su motivación actual trasciende la competencia. “Muchas veces me he preguntado por qué sigo entrenando con tanta intensidad, considerando que en Chile prácticamente no hay competencias de trial. Hoy la competencia es conmigo mismo, quiero ganarle al Jordi de la semana anterior. Ya no se trata únicamente de competir, sino de mantenerme en pie y seguir haciendo lo que amo. Y para poder hacerlo, necesito mejorar constantemente”, explica.

Además de la motivación personal, Jordi reflexiona sobre el desarrollo del trial en Chile y la falta de oportunidades para demostrar el nivel alcanzado. “Hemos tenido muy buenos exponentes, incluso en bicicleta, como Matías Alegría, que iba a competir en varias Copas del Mundo fuera de Chile. El problema no es el nivel, sino la falta de espacios y competencias para demostrarlo”, señala. 

Para él, sería clave integrar más a los niños y jóvenes al deporte, consolidando una base sólida que permita que Chile siga creciendo en estas disciplinas. En Europa, la formación temprana y el acceso a competencias son habituales, mientras que en Chile aún falta consolidar esa cultura, lo que limita la proyección de los deportistas a nivel mundial.

Jordi también valora la versatilidad que aporta entrenar en distintas disciplinas. “Mientras más herramientas tengas fuera de la bicicleta, más puedes extrapolar a cualquier disciplina de dos ruedas, y eso es algo que me gusta hacer, el lograr cosas que el resto no puede”, explica. Su enfoque no solo busca potenciar su propio rendimiento, sino generar conocimiento y técnica que puedan inspirar a otros, demostrando que el trial no es solo un deporte competitivo, sino una escuela de habilidades, disciplina y creatividad aplicables a distintas modalidades de motociclismo y ciclismo.

Los planes de Jordi para el futuro combinan competencia y difusión del deporte. Busca renovar campeonatos nacionales y promover shows de trial y bicicleta, acercando la disciplina al público. “Quiero generar emociones en las personas, transmitir el deporte y motivar a niños, adolescentes y adultos. En cuanto a comunicación, shows y redes sociales, quiero llevar eso al máximo”, afirma.

Paralelamente, ha desarrollado su faceta profesional fuera de la competición. Ingeniero industrial de formación, Jordi decidió emprender como creador de contenido y realizador audiovisual freelance, con la idea de abrir próximamente una agencia de marketing o producción audiovisual. “Todo esto lo hago en relación a mi deseo de entrenar en lo que considero no negociable: andar en bicicleta, moto, etc. Con un horario tradicional de oficina sería prácticamente imposible entrenar la cantidad de veces que necesito”, explica.

El trial chileno, su familia, la resiliencia y la pasión por transmitir el deporte se entrelazan en la vida de Jordi Muñoz. Cada entrenamiento y cada competencia representan un avance hacia un propósito mayor, que consiste en mantenerse en permanente crecimiento, inspirar y acercar esta disciplina a nuevas generaciones. Como él mismo afirma, “eso es lo que me mueve hoy; mejorar día a día y compartirlo con los demás”.