El documental de Sofía Alessandri cruza territorio, mujeres y proceso para alejarse del registro superficial del deporte, poniendo el foco en lo que no suele verse: la construcción detrás de cada recorrido, la relación con el paisaje y una mirada más cercana sobre quienes lo habitan.

“Veía muchos videos de lugares increíbles de Chile hechos por extranjeros. Empezamos a conocer nuestro propio país a través de otras miradas, y eso no me hacía sentido”. Desde esa incomodidad, relatada por Sofía Alessandri, parte “CordillerAmar”; como una necesidad de cambiar el punto de vista con un registro audiovisual que se instala en esa pregunta de fondo, quién cuenta el territorio y desde dónde, y construye su relato desde ahí.

“La idea era mostrar lugares poco visibles, espacios que no aparecen en redes o que la gente no imagina que se pueden recorrer en bicicleta. Tenía muchas ganas de ir al norte, a zonas más áridas, más abiertas, que también permiten contar otras historias”, sostiene.

Línea de freeride que queríamos probar, en la costa, cerca de Bahía Inglesa. Foto Sherpa.

La decisión no es solo estética. También define el tipo de relato. El norte aparece como un espacio abierto, menos intervenido, donde todavía hay margen para descubrir sin repetir imágenes. Más que acumular locaciones, la película busca desplazar la mirada hacia lugares que no están en el circuito habitual.

El segundo eje entra desde otro lugar, pero sostiene la misma lógica. “Quería trabajar con mujeres que me inspiran, pero mostrarlas desde un lugar más humano”. No hay intención de construir figuras lejanas. El foco está en lo que normalmente queda fuera. “Muchas veces vemos a deportistas muy pro y parece que todo les resulta fácil, pero no es así. También tienen miedo, también pasan por momentos difíciles”, resalta Alessandri.

“En redes vemos el momento en que todo sale bien, pero no se ve lo que hay detrás. Y ese proceso muchas veces es lo más importante”. Esa idea ordena el tono de la película. No se trata de negar el resultado, sino de poner atención en lo que lo sostiene. El error, la repetición, la duda. Elementos que no suelen aparecer, pero que definen la experiencia.

Sofía Alessandri, Renata Wiese, Valentina Benavides, Paula Jara y Sofía Dorado. Foto Gabriel Torres.

“A veces da más miedo no intentarlo. Quedarse con la duda de qué habría pasado”. El miedo aparece como parte del recorrido, no como un freno. La película lo integra sin exagerarlo. Lo deja operar como un elemento más dentro del proceso, sin convertirlo en épica ni en obstáculo definitivo.

Explica que “lo que buscaba era que, si una mujer ve esto, sienta ese impulso de intentarlo. Que entienda que no es la única que siente miedo o frustración. La identificación no se construye desde ahí, sino desde la cercanía. No es solo para quienes andan en bicicleta, también para cualquiera que esté enfrentando algo desafiante”.

Lo que el deporte no muestra: proceso, miedo y decisiones

Sofía Alessandri piensa que “lo interesante es mostrar lo que hay detrás de ser deportista. El proceso, las decisiones, lo que no se ve”. En esa definición se marca una distancia con el registro más habitual del deporte. La película no se centra en explicar ni en destacar logros, sino en abrir el espacio que normalmente queda fuera de cuadro.

“El rodaje fue un desafío grande. Era la primera vez que hacía algo así. Éramos un equipo chico, cuatro personas como máximo, y tuve que hacerme cargo de toda la logística: tiempos, comida, traslados. Me costó soltarme y disfrutar, porque estaba muy pendiente de que todo funcionara”, cuenta. 

“La elección fue bastante natural. Son mujeres que admiro, que me inspiran, que siento que tienen algo que enseñar. Mujeres fuertes, atrevidas, con una forma de vivir el deporte que va más allá de lo técnico”. El rodaje replica, en cierta medida, la misma lógica del relato. Equipo reducido, decisiones en terreno, poco margen para delegar. Esa tensión también forma parte de la película, aunque no se subraye.

La elección de protagonistas, como señala, no responde a un criterio amplio ni representativo. Es una selección cercana, basada en experiencia directa. Eso le da coherencia al relato y evita forzar discursos que no le pertenecen.

Sofía Alessandri probando una de las líneas de la zona costera. Foto Sherpa

“Es impresionante cómo ha crecido el deporte outdoor en Chile. Cada vez hay más instancias donde se muestra el país y lo que se puede hacer acá”. El documental se inserta en un contexto que está en expansión, pero que todavía tiene espacio para desarrollarse. “Chile tiene un potencial enorme que sigue estando subvalorado. Afuera lo ven clarísimo”.

“Todavía hay mucho espacio para crear y para que las marcas entiendan lo que hay detrás del contenido audiovisual. No es solo exposición, también aporta al país y a cómo se posiciona el deporte”. La película no se plantea como respuesta a eso, pero sí dialoga con esa necesidad de construir contenido con mayor profundidad.

“Me gustaría volver a hacerlo. Ya haber pasado por una primera experiencia cambia todo”. La proyección no está definida en términos concretos, pero sí en intención. “No me interesa solo mostrar gente andando en bici. Quiero que lo que haga tenga sentido, que genere algo en quien lo ve, que se sienta cercano”.

Renata Wiese probando una línea que estuvimos construyendo toda la mañana. Foto Sherpa

“CordillerAmar” no se presenta como cierre ni como síntesis. Funciona más bien como un punto de partida. Una forma de mirar el territorio y el deporte desde un lugar menos evidente, donde lo importante no es solo lo que se muestra, sino cómo y desde dónde se decide contar. 

Protagonistas: Renata Wiese, Valentina Benavides, Paula Jara,  Sofía Dorado y Sofía Alessandri y el Filmmaker, Gabriel Torres.

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