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Natación artística chilena: La construcción de un nuevo ciclo ganador que proyecta futuro

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La natación artística chilena vive un presente forjado en planificación y talento joven. Un proyecto con visión de largo plazo que consolida logros y sienta las bases para un futuro competitivo y sostenido a nivel internacional.

La natación artística chilena vive un momento que podría describirse como único en su historia reciente. La selección nacional, bajo la dirección de la entrenadora Sandra Mella, ha logrado resultados que marcan un antes y un después para el deporte. Mella, artífice y principal puntal de este avance, recuerda con claridad el camino recorrido y los hitos que este año dejaron una marca imborrable.

«El resultado que alcanzamos este año me llena de orgullo. Ha sido un trabajo muy serio y constante. Logramos ser finalistas mundiales en el Mundial de Singapur, quedando onceavos del mundo, un hecho histórico para Chile. A esto se suman el tercer lugar en los Juegos Panamericanos de Asunción y el liderazgo del medallero en el Sudamericano de Río», sostiene. 

Explica que estas tres competencias representan resultados históricos para Chile que “me enorgullecen profundamente, tanto por mis nadadoras como por todo el cuerpo técnico. A la vez, siento una gran responsabilidad para lo que viene. Este logro es un primer gran paso, que nos confirma que estamos haciendo bien nuestro trabajo y nos motiva a seguir persiguiendo nuevos objetivos con humildad y compromiso».

El trabajo en conjunto asegura Mella, fue clave para que estos resultados fueran posibles. La coordinación entre la federación, el Instituto Nacional de Deportes, el Comité Olímpico, el equipo médico del Centro de Alto Rendimiento y las familias de las deportistas permitió consolidar un entorno de apoyo sólido y constante. «Creo que el aprendizaje y la experiencia principal de este año fue el trabajo en conjunto: apoyados por la federación, el IND, el Comité Olímpico, el equipo médico del Centro de Alto Rendimiento del CAR, y también por las familias de los deportistas. Todo ese gran equipo finalmente nos permite obtener resultados», puntualiza. 

Reflexiona que «este modelo se puede replicar en otros deportes, entendiendo que son varios factores los que ayudan al deportista. Me parece muy positivo que hayamos tenido tanta visibilidad como disciplina. En Chile hay otros deportes con triunfos y sacrificio, pero se nota cuando se logran resultados. Esa visibilidad también ayuda a nivel país y puede inspirar a otros; por eso creo que los triunfos de nuestra disciplina son muy positivos para el deporte chileno”, 

El año competitivo exigió un enfoque detallado en la técnica y la corrección constante. Las devoluciones de los jueces se convirtieron en un referente para mejorar cada rutina y cada detalle, mientras que el bienestar físico y mental de las deportistas se mantuvo como prioridad.

«Este año fue muy competitivo, y una de las estrategias que más nos ayudó fue escuchar atentamente las devoluciones de los jueces. Después de cada competencia, recibíamos sus comentarios y nos enfocamos en corregir los aspectos que nos sugerían mejorar. Esto también refleja humildad: no asumir que todo lo hacemos perfecto, sino identificar y trabajar en los puntos más bajos para progresar», comenta. 

Además, explica que “dedicamos muchas horas de trabajo en la piscina, pero siempre poniendo énfasis en el bienestar de los deportistas. No se trata solo de cumplir con las horas de entrenamiento, sino de que estén física y mentalmente preparados para rendir al máximo. Ese equilibrio fue clave para alcanzar los buenos resultados que logramos este año».

Cuenta que la competencia con Brasil estuvo marcada por la mínima diferencia de cuatro puntos, un indicador de la intensidad y la exigencia del nivel regional. «La competencia estuvo muy pareja; solo nos separaron cuatro puntos de Brasil. Aunque lideramos el medallero por la cantidad de medallas de oro y totales, la copa se definió por puntaje. Nosotros tuvimos menos rutinas y coreografías en las competencias; por ejemplo, nos presentamos solo en Río de Janeiro, mientras que ellos sumaron algunos puntos adicionales», reflexiona la entrenadora. 

«También hubo un cuarto lugar en sudamericano que influyó en la definición de la copa. Queríamos más, queríamos ganar la Copa para Chile, que fue la primera vez que trajimos una copa sudamericana. Aun así, estamos muy conformes, porque liderar el medallero fue un logro inédito para nosotros», complementa.

Ahora, el futuro es un horizonte de planificación y expansión. La creación de más clubes a nivel nacional y la formación de nuevas generaciones son ejes fundamentales para sostener el éxito alcanzado: «Es fundamental que haya más clubes que ofrezcan nuestra disciplina y que la natación artística se muestre como un deporte accesible a nivel nacional. Actualmente, lamentablemente, solo existen clubes en Santiago y Viña del Mar, por lo que es clave expandirlo a otras regiones. Hay muy buenas piscinas, especialmente en el norte, y deberíamos aprovechar eso para ampliar la oferta y que más deportistas puedan sumarse».

«Si hay más deportistas, la selección nacional tendrá un mayor semillero de talento. De hecho, mirando los próximos años, ya tenemos pensado para el Sudamericano Juvenil de 2027 comenzar el próximo año con concentraciones de las juveniles que participarán ese año. Estamos proyectando a futuro, pero el ideal es contar con más clubes y más deportistas en todo el país», profundiza. 

Al momento de hablar de su legado, Mella asegura que no se mide solo en resultados. Su enfoque busca dejar un impacto humano, basado en el respeto y la formación integral de las deportistas. «El legado que me gustaría dejar como entrenadora es, sobre todo, el buen trato y el respeto hacia el deportista, de ida y vuelta. Es decir, cómo uno se relaciona como entrenadora con el deportista, y cómo ellos también se sienten respetados. Creo que es importante transformar el paradigma del grito, el mal trato o el reto en el deporte, y reemplazarlo por corrección, disciplina y siempre respeto», comenta. 

Puntualiza que «más que cualquier resultado o medalla, me gustaría que las deportistas crezcan como personas sanas, que hayan disfrutado su etapa en el alto rendimiento, y que se sientan felices con lo que vivieron en su deporte, incluso cuando ya tengan familia o sean adultas. Y en términos deportivos, uno de mis grandes sueños es llevar a Chile a un Juego Olímpico».

En cuanto a los objetivos del próximo año ya están claros: «El objetivo principal en los Odesur es ganar para poder clasificar a los Juegos Panamericanos de Lima 2027. Ya nos estamos preparando para este desafío, que es muy importante, porque nos enfrentaremos a competencias muy exigentes con Brasil y Colombia, rivales que respetamos mucho. Queremos llegar preparados y con la meta de ganar esos Juegos Panamericanos».

Talento emergente: Nicolás Campos y Theodora Garrido

El brillante desempeño de la selección chilena también se refleja en las actuaciones individuales. Entre las figuras emergentes, Nicolás Campos (17) y Theodora Garrido (18), se consolidaron como las mejores marcas técnicas junior de su categoría, dejando en evidencia el trabajo constante y la disciplina que caracteriza a este equipo.

«Es un honor haber obtenido la mejor marca técnica. Esto refleja todo el trabajo que hemos realizado y los logros que hemos alcanzado como equipo. Estoy muy contento y motivado para seguir adelante. Aunque sentimos que no fue nuestra mejor competencia, obtener este resultado nos impulsa aún más a seguir entrenando», sostiene con convicción Nicolás Campos.

El joven deportista cuenta que la preparación ha sido intensa: muchas horas de técnica, gimnasio y elasticidad, sumadas a las siete rutinas que competí. “Estoy feliz con lo que hemos logrado y con ganas de continuar entrenando para dejar a Chile en lo más alto». 

«Quiero motivar a otros niños y jóvenes a sumarse a este deporte. Si realmente les apasiona, que lo intenten, sin miedo al qué dirán. La natación artística es un deporte bello y exigente, y aunque es más difícil para algunos, especialmente hombres, me encantaría que cada vez más chicos se involucraran», sostiene

Explica que «este deporte está evolucionando y cada vez hay más hombres compitiendo. Además, quien se dedica a la natación artística aprende valores de sacrificio y disciplina, pero recibe mucho a cambio: conoce lugares que nunca imaginó, se rodea de personas increíbles y tiene la oportunidad de interactuar con gente de otros países y culturas. Todo eso hace que valga completamente la pena».

Theodora Garrido, por su parte, destacó la perseverancia y el aprendizaje constante durante el año competitivo. «La verdad es que no me lo esperaba para nada. Estoy muy feliz y orgullosa de mí misma. También quiero agradecer a todas las personas que han estado detrás de esto: mis entrenadoras, mi familia y mis compañeras. Sin su apoyo, nada de esto sería posible».

«Estoy orgullosa de lo que hemos logrado como Chile, que representa un avance tremendo. Ha sido un año de entrenamiento muy intenso, con alrededor de seis u ocho horas de práctica de lunes a sábado. Hemos aprendido de cada competencia, ya que desde abril hasta septiembre no tuvimos pausas, y eso nos permitió mejorar paso a paso hasta el Sudamericano, que fue nuestra última competencia del año», señala. 

Reflexiona que «esto demuestra que todo es posible si realmente te lo propones. Yo empecé a los nueve años y, nueve años después, he alcanzado muchos logros. Todo se puede lograr si hay compromiso y ganas». 

El presente de la natación artística chilena no es fruto de la casualidad, sino de un proyecto que combina trabajo técnico, visión a largo plazo y una nueva generación dispuesta a sostener y ampliar estos logros. Sandra Mella y su equipo han marcado un estándar que ya trasciende los resultados inmediatos y apunta a un desarrollo estructural del deporte. Con jóvenes como Theodora Garrido y Nicolás Campos empujando los límites desde la base, Chile no solo vive un gran momento: está construyendo un futuro competitivo y sólido en el escenario internacional.

Renato Brito: el bicampeón que navega directo hacia la élite

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A sus 17 años, el joven navegante empieza a medir el alcance real de su talento. Formado en una escuela gratuita, hoy se proyecta al circuito internacional con la mira puesta en un título mundial de vela.

Renato Brito, con 17 años y cursando tercero medio, ya entiende algo que muchos deportistas tardan décadas en descubrir. El talento abre puertas, pero sólo el trabajo sostenido marca diferencias. Su segundo título consecutivo en la Semana de Buenos Aires no es un golpe de suerte ni una temporada especialmente inspirada. Es la confirmación de un proceso que partió hace años en la Escuela de Vela gratuita del Club de Yates Higuerillas, un espacio que formó su carácter antes que su técnica.

Los primeros años fueron más intensos de lo que recuerda cualquiera que lo vea hoy dominar con naturalidad la clase ILCA 4. “Al principio me costaba, porque aunque me iba bien, igual tenía que aprender a manejar la presión y a tomarme las cosas con calma. Pero esos años fueron súper entretenidos porque aprendí mucho, disfruté el club y empecé a entender de verdad el deporte”, recuerda. 

Relata que “la vela dejó de ser un pasatiempo cuando me di cuenta de que me motivaba más que cualquier otra cosa. Yo jugaba fútbol y un día simplemente sentí que esto me apasionaba más, que acá podía crecer y conseguir cosas importantes. Cuando empecé a viajar por competencias entendí que tenía que tomármelo en serio y entrenar mejor, preparar cada regata y asumir que este deporte podía ser mi camino”.

El bicampeonato en Buenos Aires fue la prueba de que ese camino empezó a cuajar. “Significó muchísimo porque es ahí donde ves que todo el esfuerzo vale la pena. No hay casualidad cuando repites algo así”, dice con una honestidad sencilla. Renato ganó dos de las cinco regatas y administró el resto con cabeza fría, algo que él mismo identifica como el aspecto que más ha tenido que trabajar. “Lo mental es clave. A veces partes mal y tienes que cambiar el chip al tiro. También hay que saber aguantar cuando vas adelante. Esa parte me ha hecho crecer”.

A su edad, es natural que conviva con referentes inmediatos. No habla de ídolos distantes ni de figuras legendarias de la vela internacional. Su círculo es más cercano y concreto. “Mi familia es fundamental, igual que el club, que siempre me ha apoyado. Mis compañeros también. Pero mis entrenadores han sido clave. Cada uno me enseñó algo distinto en momentos distintos. Gracias a ellos estoy donde estoy”.

Cuando mira hacia atrás identifica un hito que no aparece en rankings ni en medalleros. Son los tres campeonatos que ganó este año sin saber realmente qué tan competitivo llegaría a ser. “Al principio del año no tenía idea si iba a pelear arriba. Ganar esos tres títulos me mostró que todo el trabajo estaba funcionando”. 

Esa claridad, poco común en un deportista de su edad, explica su relación con los más pequeños del equipo, sobre todo los becados de la escuela que ven en él un modelo real y cercano. “Sí, me siento responsable. Los niños te miran y uno tiene que ser buena persona. Mostrarles que con respeto y perseverancia se pueden lograr las cosas. Todo sirve cuando entrenas de verdad”.

Su proyección mantiene la misma mezcla de ambición y cautela que lo caracteriza. No se adelanta ni promete imposibles, pero sabe exactamente lo que quiere. “Ahora estoy navegando en Sunfish y quiero llegar lejos ahí. A futuro mi sueño es ganar un Mundial. Ese es mi objetivo más grande. Sé que falta, pero me motiva avanzar paso a paso”.

Renato Brito todavía no termina la enseñanza media. Aún divide sus días entre el colegio, los entrenamientos y los viajes que empiezan a volverse más frecuentes. Pero ya convive con algo que define a los navegantes con proyección real: una brújula interna que no depende de la convicción. 

La doble hazaña en Buenos Aires 

La última edición de la Semana de Buenos Aires terminó de situar a Renato Brito como una de las figuras juveniles más consistentes de la región. En una competencia masiva y exigente, el conconino volvió a quedarse con el oro en ILCA 4, revalidando el título que había obtenido el año anterior. 

El triunfo no fue por inercia ni por una buena racha. Brito ganó dos de las cinco regatas y administró el resto con la templanza que él mismo identifica como parte fundamental de su crecimiento. “Repetir el título en Buenos Aires significó muchísimo. Es la prueba de que todo el trabajo que uno hace —los entrenamientos, el tiempo invertido y el esfuerzo diario— realmente vale la pena. Cuando ganas dos años seguidos te das cuenta de que nada es casualidad”, comenta.

El logro de Brito se dio en un marco donde otros chilenos también destacaron, como Pola Elton y Domingo Baeza en Optimist Principiantes, pero su bicampeonato terminó siendo el punto que marcó la actuación nacional. No solo por el resultado, sino por lo que representa para un deportista que partió en una escuela gratuita y que hoy entiende, con una madurez poco habitual para su edad, el peso de lo que está construyendo. 

“El bicampeonato de Renato nos llena de alegría y orgullo, porque es fruto de su esfuerzo y talento, combinado con el apoyo de su familia, nuestros socios y la empresa privada, todos quienes mantienen viva nuestra Escuela de Vela, junto con representar un tremendo logro es una señal más de que el futuro de este deporte se construye desde la base, que es nuestra apuesta como club”, dijo Aurelia Zulueta, Presidenta del Club de Yates Higuerillas.

En Buenos Aires no solo reafirmó un título. Confirmó que está dejando de ser una promesa para convertirse en un proyecto deportivo real, uno que empieza a sostenerse en resultados, método y una mentalidad que a veces parece ir un poco más adelante que su edad.