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Antonio Leiva: El campeón que se rehusa a soltar su bicicleta

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Un campeonato mundial de Downhill Master no fue suficiente para el atleta Antonio Leiva. Luego de 25 años de carrera, está enfocado en transmitir su experiencia a sus alumnos y sueña con llegar a otro mundial.    

Antonio Leiva es un deportista chileno que se crió en Angol, lugar donde desde pequeño le apasionó salir de su hogar y aventurarse con distintos deportes que iba aprendiendo. Así comenzó a practicar tenis, ski, buceo, pesca, windsurf, surf y distintos deportes de agua. En su mente el pequeño Antonio solo pensaba en pasarlo bien junto a sus primos y amigos.

A Antonio lo recuerdan sus amigos de la infancia, como un chico sin miedo, cerro abajo esquivando ramas, árboles, rocas, lo que se le presentara en el camino.

Es conocido como “leyenda del Downhill”, aunque él prefiere que le digan “il tonino”, apodo que obtuvo en su estancia en Italia, lugar donde vivió por una temporada. Desde ese entonces así lo llaman sus amigos, compañeros y rivales.

Actualmente Leiva quiere desarrollar su carrera como diseñador con una marca propia de ropa de ciclismo. Además “quiero hacer crecer mi empresa de escuela y de tours en donde llevo guiando más de 12 años, posicionarla en el mercado internacional y mostrar nuestro hermoso país al mundo, con eso colaborar a que el turismo crezca en Chile, y que entendamos que es una industria que se encuentra en pañales, de la cual podríamos ser los líderes”, comentó el atleta en exclusiva a HD SPORTS. Él lidera su escuela de Mountainbike llamada: Escuela y Guiados MTB. Donde van deportistas de todos los niveles, tanto de manera recreativa o competitiva. Su principal misión es transmitirles seguridad, técnica y confianza a sus pupilos.

“Para mi hacer Downhill es una forma de conectar con mi esencia, con mi parte más básica y profunda de ser, pierdes la noción del tiempo, el espacio, llegas a un estado de meditación profunda, uno con la bici, uno con el universo, una luz por la montaña, uno con la naturaleza. Creo que esa es la adicción que me ha mantenido ligado a este deporte de manera tan fuerte”.

¿Cuándo fue tu primer acercamiento a las competencias de Downhill?

A los 12 años me fui a vivir a Santiago, hice amigos del barrio en Ñuñoa y con ellos fuimos al Cerro San Cristóbal. Aquí comenzó todo. Justo ese día había una competencia de Cross Country, la vi y dije, “¡quiero participar!”. Al fin de semana siguiente nos inscribimos en un Downhill en San Carlos de Apoquindo y desde ese entonces nunca mas paré”

¿Cómo es para ti dedicarle tu vida a este deporte?

Lo he vivido con todo. Muchas victorias, viajes a través de todo el mundo, vivir la cultura del Downhill en otros lados del planeta, con caídas, accidentes graves y otros no tanto. Con mucha preparación y entrenamiento. Adrenalina, felicidad y muchas amistades. Ahora como todo deporte, es generacional, uno pasa y llegan nuevas generaciones, espero que dejen la vara más alta de lo que la dejamos nosotros.

Hasta hoy ¿cuáles han sido tus mayores logros? 

Hasta ahora mi mayor logro es seguir arriba de la bici después de 25 años, en un país en donde si no eres de una familia acomodada, cuesta mucho salir a hacer carrera al extranjero. Además,  es una disciplina que no está reconocida por el comité olímpico por ende el apoyo estatal es poco o nada.

A nivel deportivo, mis mejores logros han sido 7 títulos nacionales, Campeón Panamericano Junior, Elite, Master y 4X, Top Ten en Copa del Mundo, 4 veces ganador del mítico Valparaiso Cerro Abajo y mi título más reciente, Campeón Mundial Master en Canadá 2019.

¿Cómo proyectas tu carrera deportiva?

La verdad es que en el Downhill mi carrera ya está escrita. Cuando voy a los eventos muchos hablan de mí como “leyenda”, siempre he mantenido mi perfil bajo y la clave es la humildad. Me gustaría competir en otro mundial en Master para el 2024 como también el circuito mundial de Enduro.

Cuéntanos sobre la Escuela y Guiados MTB ¿Cuáles son tus propósitos con esta Escuela de Downhill?

En mi escuela enseñamos de todo. Con eso me refiero a transmitir la parte técnica, lo que necesitan para sentirse seguros sobre la bici. Pero también los sentimientos que me conectan con el deporte, el respeto, la empatía, el amor por la naturaleza, la seguridad en uno mismo, ¡a creerse el cuento! Creo que ese tipo de valores son claves y que apuntan a tener una mejor sociedad, con una convivencia sana. El deporte es transversal y eso necesitamos fortalecerlo.

¿Cómo logras enseñarles a tus alumnos las distintas técnicas de este deporte?

Tengo planes para ir avanzando desde el nivel más básico a niveles avanzados en términos de técnica. La clase tiene una dinámica que he ido diseñando y aplicando para que sea progresiva, en donde la repetición es clave. En esa dinámica voy sumando mis historias, nos conocemos con los alumnos y creamos lazos de confianza y respeto. No faltan historias de mis experiencias para relatar.

 

Downhill aún no es un deporte popular en Chile, ¿cómo ha sido tú experiencia? 

Mi experiencia ha sido buena, he podido conectar con las personas correctas en los momentos precisos, y así lograr una cadena colaborativa en torno a mi carrera. No ha sido fácil, ya que es un deporte muy de elite, caro y en donde para hacer carrera debes salir a competir afuera, con eso me refiero Estados Unidos, Canadá o Europa Central. Recuerdo haber realizado comidas para conseguir fondos, campañas solidarias, etc. También en su momento recibí apoyo de la federación hasta que por fin me contrató un equipo internacional, de Alemania y pude hacer una temporada completa en Europa, específicamente desde Italia.

Para mi hacer Downhill es una forma de conectar con mi esencia, con mi parte más básica y profunda de ser, pierdes la noción del tiempo, el espacio, llegas a un estado de meditación profunda, uno con la bici, uno con el universo, una luz por la montaña, uno con la naturaleza. Creo que esa es la adicción que me ha mantenido ligado a este deporte de manera tan fuerte.

“Busco enseñar los sentimientos que me conectan con el deporte, el respeto, la empatía, el amor por la naturaleza, la seguridad en uno mismo, ¡a creerse el cuento! Creo que ese tipo de valores son claves y que apuntan a tener una mejor sociedad, con una convivencia sana. El deporte es transversal y eso necesitamos fortalecerlo”

¿Cuál es el legado que quieres dejar?

 Me gustaría dejar establecido un modelo en donde el mountainbike es parte importante del desarrollo educacional de niños desde el colegio, y en adultos como una oportunidad laboral, en donde el desarrollo de proyectos turísticos y capacitación de guías es clave. Creo que todo está en educar y mejorar nuestra sociedad con esta herramienta que es la bicicleta, no hay nada mejor que la bici. Es la solución a la contaminación, a la vida sana, al transporte, a la salud, a la camaradería, y así solo cosas positivas.

Ha sido una experiencia poder desarrollar una escuela, hace unos 15 años soñaba con poder hacerlo pero éramos tan pocos los que andábamos en bici que el mercado era muy muy pequeño, hoy en dia la industria y la tendencia lo ha empujado y tenemos miles de personas, que no solo quieren hacer mountainbike, sino usar la bicicleta como un medio de transporte o estilo de vida. Es ahí creo que en donde quiero tener impacto. Gente que no sabe cómo pararse bien sobre los pedales, pero que se ven sobre la bici por un tema de conciencia, a ellos los quiero ayudar, educar, por un andar más seguro sobre la bici, y de poco llevarlos a entrar al cerro, a conectar con su esencia, es lo que la gente necesita y pide a gritos sin darse cuenta como hacerlo, la bici es la solución

Paulo Oppliger: Ningún resultado, en ningún aspecto de la vida llega por casualidad, todo es trabajo. Sólo la constancia y el sacrificio pagan.

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La historia comenzó en Lagunillas. Tenía solo 10 años cuando lo descubrió un entrenador francés, quien lo preparó para que al año siguiente corriera su primera carrera a nivel profesional en el Campeonato Nacional Infantil, saliendo primero en la categoría de descenso. A los 17, obtuvo el triunfo más importante de un chileno en disciplinas olímpicas de invierno, ganando la medalla de bronce en la modalidad descenso en el Mundial Juvenil de Alaska, y con solo 22 años, llegó a estar entre los 20 mejores esquiadores en el Mundial de Morioka, Japón. Este es solo un resumen de lo que fue la gran carrera profesional de Paulo Oppliger, coronado hasta hoy como el mejor esquiador chileno de todos los tiempos.

Paulo nació en Porto Alegre (Brasil), y a los 5 años llegó a Chile con su familia a estudiar en el Colegio Suizo de Santiago. Durante su etapa escolar era asiduo al deporte, practicaba equitación y atletismo hasta que llegó a esquiar a Lagunillas, lugar donde asegura haberse enamorado del esquí. Y ese amor y pasión son indudables, con una corta pero intensa carrera, Paulo logró posicionar este deporte literalmente en la cumbre de la montaña, en tiempos donde el esquí en Chile no era demasiado conocido, la temporada de invierno era breve en Sudamérica, y los recursos económicos siempre han sido escasos. Sin embargo, siempre apoyado por su familia, y sin duda el gran talento que demostró desde pequeño, lo impulsaron a salir adelante y sobrepasar los desafíos que se le iban interponiendo en su camino. Fue gracias a ese legado, que hoy al decir su nombre, aún es reconocido y recordado como uno de los grandes deportistas que representó a nuestro país en el deporte de montaña.

A pesar de sus triunfos, fueron una serie de factores los que lo hicieron decidir en 1995, retirarse del esquí profesional para dedicarse a su familia. Hoy con 50 años dice no arrepentirse de nada, sigue más que nunca ligado al esquí, traspasando la experiencia adquirida en Europa y en el Protour Americano, a un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad Católica a quienes entrena, y asegura “exigirles bastante, es la única forma de lograr resultados”.

Conozcamos más sobre la historia del esquiador chileno, Paulo Oppliger…

¿A qué edad y cuáles fueron tus primeras competencias profesionales?

Comencé a competir desde muy chico. Ya a los 12 años me fui a Europa a entrenar, luego a los 16 me fui a un internado de alto rendimiento en esquí alpino, en Suiza, el Handelsschule que es una especie de escuela de negocios, se podría decir que era un internado específico para esquiadores, donde la modalidad de estudio era al revés que acá, estudiábamos en verano y en invierno estábamos libres como para entrenar.

 

 ¿Qué capacidades crees que vieron en ti?

Yo soy un enamorado de las montañas, la sensación de libertad que te da deslizarte bien por la nieve es incomparable, hay que tener una sensibilidad con la nieve y creo que eso vieron, lograba deslizarme bien y en una buena posición, sin tener ningún entrenamiento de por medio. Y bueno, sin duda mis ganas y entusiasmo.

 

¿Cuándo empezaste a correr profesionalmente y cómo comenzaste a destacar entre tus rivales? ​

A los 11 años empecé a correr de manera más profesional, y comencé a salir campeón nacional casi todos los años. Hasta ese momento, la verdad es que no tenía rivales de mi generación, pero sí más grandes, y de mis rivales directos estaba Mauricio Rottela, Juan Pablo Santiagos, Diego Margozzini.

 ¿Y cómo fue que llegaste al equipo suizo?

Siempre quise correr por Chile, pero la falta de recursos me hizo pensar en cambiarme de país para representar en las corridas. La primera opción que se me dio era correr por Francia, pero yo no tenía la nacionalidad francesa, entonces tenía que esperar dos años, seguir corriendo y después hacer el cambio. Al mismo tiempo nació la posibilidad de correr por Suiza porque yo tenía muy buenos puntos en Super G y en esa época no había muy buenos corredores de Super G en Suiza y bueno, decidí correr por ellos. Hice el cambio en abril-mayo y como Suiza está en la Federación Internacional, no me cambiaron el código, ni me sacaron los puntos y eso me ayudó mucho. Me fui entonces a vivir a Berna que es la capital.

 O sea, de pequeño que comenzaste a viajar por el mundo y viviste lejos de tu país y de tu familia, ¿cómo recuerdas esa época?

Ese es un tema que viven todos los deportistas de este lado del hemisferio, que están lejos de los centros neurálgicos de competencia, de sus familias. Todo depende de la motivación, condiciones, y focalización. El trabajo sicológico es fundamental para el deportista de alto rendimiento, para aguantar la soledad, el dolor, el cansancio y la presión sin tener familia o amigos cerca. Creo que jamás perder las metas de vista ayuda mucho.

 ¿Cuál de todas las carreras que has corrido es la que más recuerdas? ¿Por qué?

Sin duda la carrera en Anchorage, donde obtuve la medalla de bronce, y los descensos de Kitzbuhel. Estar en la salida de esa carrera es intimidante, llegar abajo sin caerte ya es un triunfo. Representar a Chile en mundiales y en dos Juegos Olímpicos es algo que me da mucho orgullo.

¿Cuáles son los mayores logros que más destacas dentro de tu carrera?

Además de los buenos resultados, el haber podido optar a ser parte de equipos europeos como el de Suiza. Me aceptaron muy bien, aunque siempre la prioridad la tenían los esquiadores del país, pero creo que ahí reuní mucha experiencia, viví el alto rendimiento como lo viven los equipos con recursos ilimitados.

¿Qué es lo que te impulsó a siempre querer llegar más lejos?

Primero el amor y la pasión por el esquí y la montaña. Optar por una vida lejos de tus compañeros de colegio y saltarse todas las etapas de tu adolescencia no fue fácil, pero empezamos a ver resultados muy rápido. A los 16 años ya había sido cuarto en un mundial juvenil, y al año siguiente obtener medalla de bronce en la disciplina reina del esquí alpino (DH) en Anchorage. Imagínate con esos resultados, viniendo de un país al fin del mundo, era una rareza. Esa medalla fue una inyección de energía tremenda para seguir escalando.

El trabajo sicológico es fundamental para el deportista de alto rendimiento, para aguantar la soledad, el dolor, el cansancio y la presión sin tener familia o amigos cerca. 

¿Cuáles crees que fueron los valores que te entregó esta disciplina?

Precisamente esos: disciplina, horarios, cumplir siempre. Ningún resultado, en ningún aspecto de la vida llega por casualidad, todo es trabajo. Sólo la constancia y el sacrificio pagan, y eso me lo enseñaron todos los años de competencia y entrenamiento.

 

¿Quiénes han sido tus grandes influencias a lo largo de tu carrera?

Creo que son muy importantes los entrenadores que te entregan energía positiva, experiencia, sabiduría y ganas de ser mejor. Recuerdo siempre a mis compañeros del equipo de Francia y Suiza, fueron quienes me respetaron y apoyaron.

¿Cómo ves el futuro semillero de esquiadores que hoy están saliendo a competir internacionalmente, y está representando a nuestro país?

Siempre los vamos a ver con futuro. El optimismo es necesario en cualquier actividad deportiva de alto rendimiento. Lo importante es que reciban todo el apoyo posible de los clubes, federaciones y especialmente sus familias para lograr sus objetivos.

¿Cómo crees que influyó este deporte y la tremenda carrera que conseguiste en tu vida actualmente?

El esquí siempre ha sido mi vida. Hoy sigo ligado a él como entrenador, entregando esa experiencia que acumulé en mis años en Europa y en el Protour Americano. Hoy tengo un grupo de 27 alumnos de la Universidad Católica, con los que disfruto enseñándoles, pero les exijo bastante, es la única forma de lograr resultados. Aunque te insisto, algunos me tienen miedo (jajaja) pero al final todos entienden que hay una razón detrás para exigirles en la pista.

¿Cuáles son los desafíos que hoy identificas que tienen los futuros esquiadores de alto rendimiento?

El factor económico siempre fue, es y será una dificultad. Los presupuestos del deporte en Chile (y eso que ha mejorado) todavía no pueden competir con los recursos de los equipos europeos y americanos. Hemos avanzado, pero el resto también avanza y las distancias no se acortan. Sigue siendo un factor de distracción el tener que buscar recursos, cuando el resto de los competidores internacionales se focaliza sólo en rendir.

Cuéntanos sobre tu presente, a qué te dedicas, cuál fue el rumbo que tomaste luego del retiro de esta disciplina.

Sí, me retiré joven, pero había empezado de muy chico. A los 24 años fui padre así que opté por la familia. Hoy soy un orgulloso padre de 3 esquiadores hechos y derechos (Sofia, Lucas y Nicolas). Además, tengo una importadora de esquís, bicicletas, representaciones de algunas marcas como Rocky Mountain y Stockli.  La verdad es que estoy muy relacionado con la montaña, el deporte al aire libre, creo que es algo que ahora lo vamos a necesitar más que nunca después de estar encerrados por la pandemia. Se está valorando mucho más el recuperar el derecho a disfrutar el entorno después de tantas cuarentenas.