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Polo en Chile: escenario actual de un deporte en crecimiento que combina estrategia y tradición

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Gonzalo Martino, jugador y armador de Montebravo, destaca que el polo chileno vive uno de sus mejores momentos, con equipos estructurados, caballos de alto rendimiento, y jóvenes talentos que aseguran su crecimiento y proyección internacional.

El polo chileno atraviesa hoy uno de sus mejores momentos históricos. Según Gonzalo Martino, jugador y armador del equipo Montebravo, «el actual momento del polo, yo diría que está en lo más alto que se ha visto en Chile». Este auge no surge de la noche a la mañana. “Podríamos hablar de que están jugando hasta terceras o cuartas generaciones de familia. Para que una estructura de polo sea efectiva, de alguna u otra forma, tiene que pasar tiempo. Esto no es apretar un botón, comprar caballos y generar jugadores. Se demora, se demora mucho”, explica. 

La combinación de tradición familiar, constancia y una estructura bien organizada ha permitido que el país se posicione entre los cuatro mejores del mundo, sólo detrás de Estados Unidos, Argentina e Inglaterra, y que siga creciendo de manera notable. “El Abierto de Chile es un ejemplo de ello. Es un evento de primerísimo nivel, que refleja el desarrollo del deporte en la región y que posiciona a nuestro país. Si bien nunca será un deporte masivo, es muy sólido y de altísimo nivel. Esta visión no la tengo sólo yo, sino también muchas personas dentro del polo que ven a Chile como un referente en la región”, relata Martino. 

“Para que una estructura de polo sea efectiva, tiene que pasar tiempo. Esto no es apretar un botón, comprar caballos y generar jugadores. Se demora mucho”.

Agrega que “Argentina sigue siendo indiscutiblemente el mejor del mundo y esa cercanía nos beneficia. Desde la genética de los caballos hasta jugadores que vienen a competir o a enseñar, todo influye para elevar nuestro nivel. Chile tiene aún mucho camino por recorrer, pero podemos sentir un orgullo enorme: estar entre los cuatro mejores del mundo no es fácil, y en un deporte pequeño y exigente como el polo, esa posición es histórica y merece ser reconocida”.

El caballo, una pieza clave del equipo

El desarrollo del polo chileno no depende únicamente de los jugadores, sino también de un ecosistema humano y técnico complejo. “Todo lo que ocurre fuera de la cancha es tan importante como lo que pasa dentro de ella. Detrás de cada equipo hay un grupo humano enorme y especializado: veterinarios, petiseros, transportistas, proveedores de alimento y suplementación, entre muchos otros”, detalla Martino.

Cada caballo es entrenado como un atleta de alto rendimiento. “Los más experimentados dicen que el 80% del rendimiento de un jugador depende de su caballo y, la verdad, no podría estar más de acuerdo. El caballo no es un medio, es un jugador más del equipo. Puedes tener a los mejores polistas del mundo, pero si están mal montados, no van a ganar”, añade.

La selección de caballos es un proceso cuidadoso y estratégico, especialmente para jugadores en formación, donde la combinación entre el nivel técnico del jugador y las cualidades del caballo es fundamental para el rendimiento en cancha.

“El caballo no es un medio, es un jugador más del equipo. Puedes tener a los mejores polistas del mundo, pero si están mal montados, no van a ganar”.

Al final del día, el jugador debe olvidarse de sí mismo y pensar en el equipo, pero lo hace a través del caballo, que se convierte en una extensión natural de su cuerpo y de su instinto. “La preparación de los caballos es tan exigente como la de cualquier atleta de alto rendimiento, porque en realidad lo son. Entrenan todos los días, siguen rutinas específicas y se cuidan hasta el más mínimo detalle. La selección también es determinante: un buen caballo debe tener potencia, resistencia, capacidad para girar con precisión y, sobre todo, temple. Necesita soportar la presión de un partido intenso, mantener la calma y responder con agilidad a cada jugada”, explica Martino. 

“Puedes tener a los mejores polistas del mundo, pero si están mal montados, no van a ganar. En cambio, un equipo sólido, bien montado, puede marcar una gran diferencia. Es tanto así, que en un partido compuesto por seis chukkers de siete minutos y medio cada uno, la entrada de un solo caballo desequilibrante puede cambiar por completo el resultado. Así de decisivo es su papel en el juego”, complementa. 

Formación y trabajo en equipo

La formación de un jugador y su integración en un equipo también requieren tiempo, disciplina y guía. Martino recuerda su propia experiencia: “Como en la formación de cualquier deportista, el polo requiere de un instructor y de buena gente, en el más amplio sentido de la palabra. Se me dio la suerte de trabajar con Alejandro Vial, que es un deportista súper conocido en este mundo, que me ha tratado increíble y me ha ayudado a ir construyendo toda la parte técnica”. A esto se suma la coordinación entre jugadores y caballos, y la selección de cada uno de ellos según el nivel técnico.

“Como en cualquier disciplina deportiva, el polo requiere una buena guía. Es esencial contar con un instructor que no sólo te enseñe la técnica, sino que también te forme con una mirada de largo plazo. Es fácil caer en manos de personas que no necesariamente buscan tu desarrollo real como jugador”, sostiene, agregando que “en mi caso, tuve la suerte de formarme junto a Alejandro Vial, un referente en este mundo, que ha sido un gran maestro. Con él he podido construir una base técnica sólida y comprender mejor los distintos aspectos del juego”.

Pero el aprendizaje no termina ahí. Después viene la formación de los equipos, que tiene su propia complejidad. “Hay que saber elegir bien a los compañeros, porque de esa química depende el funcionamiento en cancha. Y luego está la selección de los caballos, que es otro capítulo esencial. En las etapas iniciales, los caballos deben estar en sintonía con el nivel técnico del jugador; son los que te dan seguridad y te permiten desarrollar tus habilidades. Al final, entre el jinete y el caballo se forma una sola unidad, y contar con un buen coach facilita muchísimo ese proceso”, advierte Martino. 

El funcionamiento de un equipo no se limita a la habilidad individual. “Los equipos se componen por cuatro jugadores y la suma de sus hándicaps determina la categoría en la que compiten. En Chile se juega año corrido, con dos grandes etapas: marzo a mayo y septiembre a noviembre, y en diciembre se disputa el Abierto de Chile, que llega hasta 24 goles. En el resto del año se juega hasta 16 goles”, explica. La planificación y la estrategia detrás de cada equipo incluyen no sólo la configuración de jugadores y caballos, sino también la logística y el cuidado de cada elemento.

“Siempre he creído que el deporte se trata de valores: templanza, resiliencia y compañerismo son fundamentales».

​​Más allá de la estrategia y la planificación, el polo en Chile es un deporte que transmite valores. “Siempre he creído que el deporte se trata de eso: de valores. La templanza y la resiliencia son fundamentales, porque no siempre las cosas salen como uno quiere. Es un deporte de equipo donde hay que buscar entendimiento con los otros jugadores, reconstruir después de cada derrota y felicitar a quienes corresponde en los triunfos. La caballerosidad y el compañerismo son esenciales, porque se juega a caballo, a más de 60 kilómetros por hora. Una mala decisión puede tener consecuencias graves”, explica Martino.

El deporte ecuestre sigue siendo costoso y poco masivo, pero Martino confía en su desarrollo a largo plazo: “En Santiago es un deporte caro, pero en zonas rurales puede ser más accesible. Lo que habría que hacer es fomentarlo con fondos de la federación o subsidios de gobierno para deportes nuevos. Chile ya ha tenido resultados espectaculares a nivel internacional, así que hay mucho talento que aún no se está descubriendo”.

El futuro del polo chileno luce prometedor. “La misión es positiva, porque tenemos varias generaciones jugando y jóvenes talentos con gran proyección. Familias como la Vial ya destacan internacionalmente y se empieza a vislumbrar un camino de exportación de jugadores de primer nivel. El Abierto de Chile es un ejemplo de la calidad que hemos alcanzado, posicionando al país como referente regional y, a mi juicio, cuarto en el polo mundial”, resalta. La combinación de tradición, estructura, formación de jugadores y caballos, y la profesionalización de la gestión, han convertido a Chile en un ejemplo dentro de este deporte.

El polo chileno, aunque pequeño y de nicho, ha logrado consolidarse gracias a años de esfuerzo, disciplina y pasión. Para Gonzalo Martino y otros actores del deporte, el camino es claro: fortalecer la base, profesionalizar cada vez más la gestión y mantener vivo un deporte que exige técnica, estrategia y valores humanos en cada jugada.

Montebravo: un equipo en crecimiento

Gonzalo Martino forma parte del equipo Montebravo, creado hace tres años y dirigido por Alejandro Vial, un polo mánager chileno con amplia experiencia nacional e internacional. “Desde sus inicios, el equipo comenzó participando en campeonatos ‘sueltos’ con bastante éxito, llegando a casi todas las finales en distintas categorías”, relata Martino.

Actualmente compite en la categoría B y está conformado por Andrés Vial, jugador de 6 goles; Fernando Fantini, de 3 goles; Matías Echavarrí, de 2 goles; y Gonzalo Martino, jugador de 0 goles y armador del equipo. “Montebravo sigue un proceso de construcción que requiere paciencia y experiencia. Aún estamos completando los 11 goles de hándicap necesarios para la categoría B, y la prioridad es acumular kilómetros de juego y consolidar la coordinación del equipo”, explica.

El objetivo inmediato es competir con éxito hasta fin de año, mientras que a mediano plazo, la idea es mantener la misma formación para optimizar el rendimiento. A largo plazo, la meta es ascender a la categoría A, que implicará mayores exigencias económicas y logísticas.

El éxito de los equipos no depende sólo de los resultados inmediatos, sino también de la planificación a largo plazo y la acumulación de experiencia. “Como jugadores, hemos participado en decenas de campeonatos separados o juntos, pero nunca todos juntos. Ésta es la primera vez que el equipo se configura así, y la idea es ganar experiencia y cohesión para que, a mediano plazo, el funcionamiento del equipo sea más ágil, preciso y sólido”, comenta Martino. La paciencia, el conocimiento de cada jugador y caballo, y la constancia en los entrenamientos son factores determinantes para alcanzar un rendimiento óptimo en cancha.

A futuro, Montebravo busca consolidarse en la categoría A, lo que implicará un mayor esfuerzo económico y organizativo. “A largo plazo, queremos estar jugando en la ‘A’, lo que requiere caballadas, estructuras, sponsors y jugadores bien integrados. Por eso estaremos en la ‘B’ un tiempo, hasta configurar un equipo sólido en todos los aspectos. La idea es avanzar paso a paso, con paciencia y planificación, para competir al más alto nivel”, asegura Martino. Este enfoque evidencia que el polo chileno combina tradición, estrategia y visión, y que su crecimiento se cimenta en la constancia y la excelencia en todos los niveles.

Estrategia y hándicaps: cómo se componen los equipos de polo en Chile

Los equipos de polo se componen por cuatro jugadores y la suma de sus hándicaps determina la categoría en la que compiten. En Chile existen distintas series: A, B, C y D.  El nivel de cada una depende precisamente de ese puntaje acumulado.

La temporada nacional se extiende prácticamente durante todo el año, con dos grandes etapas: la primera entre marzo y mayo, y la segunda entre septiembre y noviembre. En ese período los caballos entrenan y compiten de forma intensiva, mientras que el resto del tiempo descansan y se preparan para la siguiente fase.

El nivel más alto que se juega en Chile corresponde a los 16 goles, salvo en diciembre, cuando se disputa el Abierto de Chile, que se juega a 24 goles. En esa instancia suelen incorporarse jugadores extranjeros —principalmente argentinos— para completar los hándicaps más altos. Han participado figuras de renombre mundial como Adolfo Cambiaso, verdadera leyenda del polo, algo así como tener a Messi y Ronaldo compartiendo la cancha.

Durante el resto del año, los torneos se desarrollan en categorías que van desde los 16 hasta los 12 goles, o menos. Los jugadores pueden tener hándicaps que van de 0 a 10, y la suma de sus puntajes debe coincidir con el total exigido por cada serie. Por ejemplo, un equipo de 12 goles puede estar formado por un jugador de hándicap 3, otro de 4, uno de 2 y otro de 3, o cualquier otra combinación que cumpla con el total. Esa estructura hace que cada equipo deba equilibrar cuidadosamente talento, experiencia y estrategia.

El polo chileno combina tradición, estructura, formación de jugadores y caballos, y profesionalización de la gestión. Aunque pequeño y de nicho, ha logrado consolidarse como un referente internacional. Para Gonzalo Martino y otros actores del deporte, el camino es claro: fortalecer la base, profesionalizar cada vez más la gestión y mantener vivo un deporte que exige técnica, estrategia y valores humanos en cada jugada.

«Chile tiene mucho camino por recorrer, pero siempre con mucho orgullo de que sea un referente. No es fácil estar entre los cuatro mejores del mundo en un deporte tan exigente, y ésa es la historia que invito a conocer», concluye.

Sherides Chile: la moto como herramienta de libertad y empoderamiento femenino

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La iniciativa creada por Javiera Vera busca derribar prejuicios y abrir un espacio seguro para que las mujeres se acerquen al motociclismo. Desde el aprendizaje básico hasta la organización de encuentros, la propuesta combina deporte, comunidad y empoderamiento.

Cuando Javiera Vera decidió aprender a andar en moto, pronto se dio cuenta de que el proceso no sería fácil. No solo por el desafío técnico, sino también por el contexto en el que debía desenvolverse. “Cuando empecé a tomar clases no tenía ninguna mujer con quien compartirlo, y me tocaba estar con personas muy expertas. Sentía nervios, inseguridad y la sensación de que atrasaba la clase”, recuerda.

Aquella sensación de desajuste fue el impulso para crear un espacio distinto, pensado exclusivamente para mujeres. “Ahí me di cuenta de lo necesario que era tener un espacio diferente, donde pudiéramos aprender a nuestro ritmo, con confianza y sin juicios. Así nació Sherides, con la intención de abrir ese camino y mostrar que este deporte también es para nosotras”.

El inicio no estuvo exento de dudas. Vera dejó atrás su vida corporativa para lanzarse a un emprendimiento poco común. “Me cuestionaba mucho el renunciar a mi vida corporativa y emprender, era ir a lo desconocido. A mi familia al principio también le costó entender que quería seguir un sueño que mi vida de oficina no me daba. Fue desafiante en todo sentido”, reconoce. Sin embargo, esa decisión se convirtió en el punto de partida de una comunidad que crece cada día.

«Así nació Sherides, con la intención de abrir ese camino y mostrar que este deporte también es para nosotras”.

Las participantes de Sherides no responden a un perfil único. Son mujeres de distintas edades y trayectorias, unidas por la búsqueda de experiencias nuevas. “Algunas llegan buscando salir de la rutina, otras quieren cumplir un sueño de infancia y varias vienen simplemente a probar algo nuevo. Lo que las une es el mismo motor: atreverse, desafiarse y descubrir que son mucho más capaces de lo que pensaban”, explica la fundadora.

Ese primer contacto con la moto suele ser transformador. Para muchas, es la primera vez que desafían un prejuicio arraigado. “Es un momento mágico. Primero hay nervio y duda, pero cuando dan el primer paso y se dan cuenta de que sí pueden, todo cambia. Muchas veces se bajan de la moto con una sonrisa que lo dice todo: no solo aprendieron a manejar, también ganaron confianza en ellas mismas”.

La confianza es el corazón de la propuesta. Sherides no se define únicamente como una escuela, sino como un espacio que combate estereotipos con hechos. “La barrera más grande son los prejuicios: que las motos son muy pesadas, que son peligrosas para mujeres, que esto ‘no es para nosotras’. Lo hemos derribado con hechos. Cada alumna que se sube a la moto y aprende, está rompiendo con esos estigmas. No hemos necesitado convencer con palabras, sino con la experiencia misma”.

“Cada alumna que se sube a la moto y aprende, está rompiendo con los estigmas. No hemos necesitado convencer con palabras, sino con la experiencia misma”.

Los testimonios refuerzan esa idea. Javiera recuerda especialmente a una alumna que llegó temblando, con miedo incluso de ponerse el casco. “Me dijo que siempre le habían repetido que este deporte no era para ella. Terminó la clase manejando, riéndose y con una emoción enorme. Después me contó que esa experiencia le dio valor para enfrentar cosas personales que también la asustaban. Esa transformación es lo que más me inspira a seguir”, confiesa.

El proyecto ha logrado consolidar una red que trasciende la pista de entrenamiento. En los encuentros se construyen vínculos, se comparten experiencias y se refuerza un sentido de pertenencia poco común en disciplinas consideradas de riesgo. “No se trata solo de aprender a manejar. Es un espacio donde cada mujer se da cuenta de que es capaz, y donde encuentra comunidad. La moto es la excusa para conectarnos con algo mucho más profundo”, agrega Vera.

“Le diría que no espere a sentirse lista, porque la confianza se construye en el camino”.

El futuro de Sherides se proyecta con ambición, pero siempre fiel a su propósito inicial. “Sueño con llegar a más mujeres. Quiero que Sherides esté presente en distintas ciudades de Chile, poder organizar campeonatos femeninos y también abrirnos a otras disciplinas dentro del motociclismo. Mi sueño es que Sherides se convierta en un referente y siga siendo un espacio donde las mujeres encuentren comunidad, confianza y deporte”.

A las que todavía dudan en dar el paso, Javiera les habla desde la experiencia. “Le diría que no espere a sentirse lista, porque la confianza se construye en el camino. Que venga, que aquí le damos todo: moto, equipo y un espacio seguro para aprender desde cero. Lo único que tiene que traer son las ganas. Y le aseguro que, cuando se baje de la moto, va a pensar: ‘¿por qué no lo hice antes?’”.

Con cada alumna que se sube a una moto, Sherides demuestra que los prejuicios se pueden romper con práctica y que el empoderamiento también se conquista a través del deporte. En ese cruce entre confianza y com