Con una red que no solo apoya a las mujeres ciclistas, sino que también desafía los obstáculos históricos que enfrentan en el mundo del ciclismo. La deportista tiene como propósito que más mujeres encuentren su lugar en la bicicleta.
Isidora Solari nunca imaginó que una experiencia de bikepacking sin experiencia previa marcaría el comienzo de su relación con el ciclismo. «En 2019 decidí irme con una amiga a hacer bikepacking durante un mes, sin saber nada de bicicletas. No teníamos ropa adecuada, ni sabíamos cómo cambiar una cámara pinchada, pero lo logramos igual», recuerda con una sonrisa.
Ese viaje de aventura y autodescubrimiento encendió una pasión por el ciclismo que ha marcado su vida. «Fue una experiencia transformadora. Me di cuenta de lo que podía lograr en la bici, lo que significaba estar fuera de mi zona de confort. Desde ahí, la bici me atrapó», comenta Isidora. Desde entonces, ha hecho de este deporte su medio para explorar tanto su capacidad física como emocional.

Para ella, el ciclismo no solo es un deporte, sino una forma de explorar, conocer nuevos lugares y personas. «Siempre me han gustado los deportes de endurance. Con la bicicleta, no importa si es una hora o 100, siempre se puede disfrutar», dice. Sin embargo, ser ciclista no ha sido un camino fácil.
«La bicicleta me desafía constantemente, por eso me gusta y no me aburre. Cuando alguien me dice ‘a ti te sale fácil, no te cansas’, les respondo que si fuera tan fácil, ya me habría aburrido», comparte con una mirada decidida. La perseverancia y la resistencia mental son claves en su vida ciclista, y sabe que el ciclismo, al igual que cualquier otro deporte, tiene altos y bajos, pero cada pedalazo siempre trae consigo una recompensa.
La génesis de Girls Cycling Community
Consciente de las dificultades que enfrentan muchas mujeres al entrar en el ciclismo, Isidora fundó Girls Cycling Community con el objetivo de reducir la deserción femenina en el deporte. «Muchísimas mujeres dejan el ciclismo, no porque no les guste, sino porque quizás no tuvieron las herramientas adecuadas para disfrutarlo desde el principio. Con esta comunidad, quiero darles los recursos para que se sientan seguras y se diviertan sobre la bici», explica.
Esta comunidad busca ser un refugio para aquellas que se sienten intimidada por la falta de conocimientos técnicos o por un entorno que, muchas veces, puede parecer poco accesible para ellas. «La idea es que no se sientan solas ni perdidas. Queremos enseñarles lo básico, como reparar una rueda, hasta cómo desenvolverse en rutas más complejas, pero siempre con apoyo mutuo», agrega Isidora. Se ha convertido en un espacio donde la confianza y el compañerismo son la base para crear una nueva generación de ciclistas femeninas.

Aunque la comunidad acaba de comenzar, en tan solo dos meses, ha logrado generar un impacto palpable. «Estamos en pleno proceso de pruebas y ajustes, pero invito a todas las mujeres que aún no se atreven a salir solas o que no tienen con quién hacerlo, a que se unan. Aquí podrán aprender, practicar y encontrar apoyo en un espacio seguro», agrega Isidora.
Las clases y encuentros organizados han sido una herramienta clave para las participantes, quienes se animan a dar sus primeros pasos sobre la bicicleta o perfeccionar sus habilidades junto a otras mujeres que comparten la misma pasión. Además, las sesiones de entrenamiento en grupo se han convertido en una oportunidad para crear vínculos duraderos y una red de apoyo sólida, un aspecto crucial en un deporte tan técnico y exigente.
En un deporte históricamente dominado por hombres, Isidora reconoce los desafíos que aún persisten. «El mercado del ciclismo fue creado para hombres, como muchos otros, pero eso no nos impide avanzar. Lo importante es creernos fuertes, inteligentes y capaces de lograr lo que nos propongamos», subraya. Para ella, lo más crucial es fomentar una mentalidad de empoderamiento en las mujeres ciclistas.
«Hay que dejar de ver el ciclismo como algo exclusivo para los hombres. Nosotras podemos tener los mismos logros, disfrutar de los mismos paisajes, y afrontar los mismos desafíos. La diferencia está en atrevernos a empezar y a seguir», afirma. Además, señala la importancia de que las mujeres se reconozcan como parte de una comunidad creciente que no solo busca visibilidad, sino también igualdad de oportunidades en el deporte.
El camino hacia la inclusión no está exento de obstáculos, y para la deportista, el trabajo es constante. «Las marcas, los eventos y las rutas deben ser más inclusivas. A veces no hay suficiente información o equipos adecuados para mujeres, pero estamos trabajando para cambiar eso», dice. En este sentido, la comunidad tiene un papel fundamental: «Necesitamos ser el ejemplo de que sí podemos, y hacerlo juntas, sin que nos frenen los estereotipos ni las dificultades que puedan presentarse».

El futuro de Girls Cycling Community tiene un objetivo claro: que más mujeres se sumen y encuentren en el ciclismo una forma de desafiarse a sí mismas. «Mi gran proyecto es motivar a más mujeres a que sigan pedaleando, que no abandonen. Es increíble ver cómo aprendemos y mejoramos juntas», concluye con optimismo.
En sus próximos pasos, Isidora planea expandir la comunidad y ofrecer más recursos educativos. «La clave es seguir aprendiendo. No queremos ser solo una comunidad de ciclistas, sino una red que también se apoye en otros aspectos del deporte, como la nutrición o la preparación mental», afirma.
El ciclo de crecimiento y aprendizaje dentro de Girls Cycling Community continuará, con la ambición de ver cada vez más mujeres tomando la bicicleta con confianza. «Mi visión es que cada vez más chicas se animen a ir más allá de lo que creían posible. Que cada vez más mujeres se unan a la comunidad, no solo por aprender a andar en bici, sino por el compañerismo y la fuerza colectiva que tenemos».
Para las mujeres que quieren iniciarse en el ciclismo, Isidora tiene un consejo sencillo pero poderoso: «La clave es intentarlo, una y otra vez, como todo en la vida. No importa tener la mejor bici o la ropa adecuada, solo importa que tengas tu bici y tu casco. El resto viene con el tiempo». Es un mensaje de perseverancia y humildad, invitando a las mujeres a disfrutar el proceso y a no tener miedo al principio, porque el ciclismo, como la vida misma, es un viaje de aprendizaje continuo.






