miércoles, agosto 26, 2026
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Isidora Assler y Club Freeride Chile: La montaña enseña primero

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Después de abrirse camino como una de las referentes del snowboard freeride chileno, Isidora Assler decidió asumir el desafío de formar a las próximas generaciones e impulsar una manera de entender la montaña.

En el freeride no existen puertas, trazados ni recorridos obligatorios. Cada descenso comienza mucho antes del primer giro, cuando el deportista observa la montaña, interpreta las condiciones del terreno y decide cuál será su propia línea. Esa capacidad de leer el paisaje, conocerse a sí mismo y asumir las consecuencias de cada decisión es, para Isidora Assler, la verdadera esencia de un deporte que ha crecido con fuerza durante la última década en Chile.

Assler conoce bien ese camino. Ha sido tricampeona sudamericana de snowboard freeride, representó al país en el circuito internacional y, en 2026, consiguió el mejor resultado histórico de una chilena en un Mundial FIS de Freeride, al finalizar séptima en Andorra. Sin embargo, mientras su carrera deportiva sigue creciendo, comenzó a mirar hacia otro desafío que tiene que ver con acompañar a quienes recién están descubriendo la montaña.

«La montaña siempre reflejará lo que somos y lo que tenemos que trabajar».

Esa inquietud está presente en Club Freeride Chile, un proyecto que hoy lidera y que busca formar niños y jóvenes en una disciplina donde el rendimiento nunca puede estar por encima del criterio y que, como explica, “nace con la necesidad de poder acompañar a los niños en sus procesos de crecimiento como atletas enfocados mayoritariamente en la disciplina del freeride”. 

La deportista profundiza que “es un deporte que requiere mucha educación por la importante toma de decisiones que involucra elegir por dónde bajar una montaña, siendo que no existe una pista demarcada como en otras disciplinas de nieve. Hoy eso cobra todavía más fuerza pensando en los Juegos Olímpicos de 2030, donde el freeride ya fue incorporado como deporte olímpico».

Cuando comenzó a competir, el freeride era prácticamente desconocido en Chile. Las competencias reunían a un puñado de deportistas y la disciplina era vista con cierta distancia por buena parte del mundo de la nieve. En pocos años, ese escenario cambió por completo: «Hace diez años el freeride no era conocido y en las competencias participábamos cuatro personas por categoría», señala. 

«El freeride hoy se enseña mucho desde el compañerismo».

“Hoy, en las competencias junior participan más de 10 niños por categoría y cada vez vemos más atletas interesados en iniciarse en esta disciplina. También hemos ido construyendo una cultura distinta. Poco a poco ha dejado de ser visto simplemente como un deporte peligroso. Como cualquier disciplina tiene riesgos, pero esos riesgos se pueden gestionar cuando existe educación», sostiene.

Además, advierte, «todos quieren hacer fuera de pista, todos quieren aprender a randonear, y eso es buenísimo. La pregunta es cuántos realmente conocen los riesgos y están preparados para tomar decisiones desde el conocimiento. He visto muchas personas bajando terrenos complejos sin mochila, sin casco y sin el equipamiento adecuado. Ahí todavía tenemos mucho trabajo por hacer». 

El crecimiento no solo se refleja en el número de practicantes. También aparece en una nueva forma de entender la montaña. Cada vez son más las personas interesadas en salir de las pistas demarcadas, aprender randonnée o explorar nuevos terrenos. Esa expansión entusiasma a Assler, aunque también la obliga a poner el foco en un aspecto que considera urgente.

La montaña no tiene una pista marcada

Para Assler, enseñar freeride implica mucho más que perfeccionar una técnica de descenso. Cada jornada en la montaña comienza antes de deslizarse por la nieve. Primero viene la observación, la lectura del terreno, el análisis de las condiciones y la capacidad de reconocer los propios límites. Solo después aparece el movimiento.

«Enseñar freeride hoy no es una tarea fácil. Es una disciplina que combina muchos aspectos, pero el más importante es estar conectado con uno mismo y con el entorno. Que los niños aprendan a observar la montaña, conocer sus capacidades y tomar decisiones acordes a ellas es clave. Para algunos será saltar una roca más grande; para otros, bajar una línea más técnica. Cada atleta tiene su estrategia y es importante que aprenda a conocerse para sacar el máximo provecho al terreno», relata.

«Espero que competir siga siendo secundario y nunca perdamos la esencia de practicar este deporte porque nos encanta»

Ese aprendizaje tampoco ocurre de manera individual. En una disciplina donde muchas decisiones se toman lejos de un centro de esquí y en terrenos donde las condiciones cambian constantemente, comprender el valor del grupo forma parte de la formación desde el primer día. Saber esperar, comunicar una decisión o reconocer cuándo es mejor detenerse son habilidades tan importantes como elegir una línea o ejecutar un descenso. 

La confianza entre quienes comparten la montaña no aparece de manera espontánea: se construye con el tiempo, la experiencia y el cuidado mutuo. «El freeride hoy se enseña mucho desde el compañerismo y desde entender que las personas que me acompañan en la montaña cuidan de mí y yo cuido de ellas en todo momento», destaca.

Esa relación también se fortalece a través de gestos que muchas veces pasan inadvertidos. Mantenerse atento al compañero cuando hace una bajada, compartir la lectura del terreno, observar cómo resuelve una situación compleja o celebrar el logro de otro son prácticas cotidianas que ayudan a construir una cultura donde el progreso individual nunca está por encima del bienestar del grupo.

Para Assler, esa dimensión humana es tan importante como cualquier maniobra técnica: «Queremos que los niños celebren a sus amigos cuando llegan a la meta después de competir. También buscamos que sean humildes. En el deporte hay que tener cuidado con decirles que son los mejores. Es mucho más importante que entiendan que siempre hay algo por aprender y que esa actitud los ayudará a seguir creciendo». 

En ese sentido, la montaña se convierte en algo más que un escenario para practicar deporte. Cada salida representa una oportunidad para aprender a confiar en otros, asumir responsabilidades y comprender que las mejores decisiones no siempre son las más espectaculares. En el freeride, formar buenos compañeros resulta tan importante como formar buenos deportistas.

Andes Park – Air Bag Landing: Entrenar como los mejores para competir con los mejores

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Durante décadas, los deportistas chilenos de freestyle debieron viajar al extranjero para acceder a instalaciones de nivel mundial. La inauguración de Andes Park, en Matanzas, busca cambiar esa realidad y abrir una nueva etapa para el desarrollo del ski y snowboard freestyle en Chile y Sudamérica.

Los trucos en el freestyle comienzan mucho antes del momento en que un deportista realiza el salto. Detrás de esa maniobra existen cientos de intentos, caídas, correcciones y horas de entrenamiento que, hasta ahora, obligaban a los atletas chilenos a buscar en el extranjero la infraestructura necesaria para progresar con seguridad.

Durante años, esa fue una de las principales diferencias entre Chile y las potencias del freestyle. Mientras países como Canadá, Estados Unidos, Japón o Suiza desarrollaban centros de entrenamiento equipados con airbags de última generación que permiten practicar maniobras durante todo el año, los deportistas nacionales debían concentrar gran parte de su preparación en cortas temporadas sobre nieve o viajar al exterior para seguir evolucionando.

«Si queremos competir en las grandes ligas, debemos entrenar como en las grandes ligas.»

Con la inauguración de Andes Park Air Bag Landing, en Espacio Chorrillo, Matanzas, esa realidad comienza a cambiar. La nueva infraestructura, única en Sudamérica, incorpora una rampa con superficie sintética y un sistema de recepción mediante un colchón inflable de grandes dimensiones, permitiendo replicar las condiciones de un snowpark con mayores niveles de seguridad y continuidad de entrenamiento.

Para Ismael Cuadra, entrenador del Equipo Nacional de Freeski y uno de los impulsores del proyecto junto a Luciano Sánchez Fares, la iniciativa nació a partir de una necesidad que acompañó durante años el desarrollo de esta disciplina en Chile.

«Andes Park Air Bag Landing nace de una necesidad muy concreta: poder entrenar freestyle de alto rendimiento durante todo el año en Chile. Por años vimos la gran diferencia que existía con los países líderes de nuestra disciplina, donde el uso de airbags permite progresar de forma más segura y constante. Con Luciano compartíamos siempre una idea: si queremos competir en las grandes ligas, debemos entrenar como en las grandes ligas», explica.

Más que incorporar una nueva infraestructura deportiva, el proyecto busca modificar la manera en que se forman los atletas. Poder repetir una maniobra decenas de veces sin depender exclusivamente de la nieve reduce los riesgos, acelera los procesos de aprendizaje y permite planificar el entrenamiento con estándares similares a los de los principales centros internacionales.

Construir el futuro desde Chile

Aunque el airbag es el elemento más visible de Andes Park, detrás de la obra existe una idea mucho más amplia. El objetivo no es solamente ofrecer un lugar para entrenar, sino construir un espacio capaz de reunir a deportistas, clubes, entrenadores y nuevas generaciones alrededor del freestyle.

«Creemos que este espacio puede marcar un antes y un después para el freestyle en la región.

«Creemos que este espacio puede marcar un antes y un después para el freestyle en la región. Permite entrenar durante todo el año de forma más segura, progresiva y con estándares internacionales, acercando oportunidades que antes solo existían en el extranjero. Más que un centro de entrenamiento, queremos que sea un punto de encuentro para formar deportistas, entrenadores y seguir fortaleciendo la comunidad del freestyle», señala Cuadra

La elección de Espacio Chorrillo tampoco fue casual. Después de dos intentos fallidos por instalar el proyecto en Santiago, sus impulsores encontraron en Matanzas un lugar que reunía las condiciones necesarias para convertir la idea en realidad.

Así lo destaca el entrenador del Equipo Nacional de Freeski: «Espacio Chorrillo reunía todo lo que necesitábamos: infraestructura, maquinaria, experiencia técnica y un entorno ideal para desarrollar una obra de esta magnitud. Además, su ubicación, las instalaciones deportivas y el entorno natural lo convierten en un socio estratégico para impulsar el crecimiento del freestyle en Chile y Sudamérica».

«Más que un centro de entrenamiento, queremos que sea un punto de encuentro para formar deportistas, entrenadores y seguir fortaleciendo la comunidad del freestyle».

La inauguración reunió a más de 220 personas entre deportistas, entrenadores, autoridades, representantes de la Federación Deportiva Nacional de Ski y Snowboard de Chile y miembros de la comunidad local, quienes pudieron conocer una instalación diseñada para funcionar durante todo el año y proyectar el desarrollo del freestyle a largo plazo.

El impacto de Andes Park trasciende a quienes hoy integran las selecciones nacionales. Para las nuevas generaciones, significa la posibilidad de acceder desde etapas tempranas a una herramienta que hasta hace poco solo existía en algunos centros especializados del extranjero.

También representa un cambio cultural. Durante años, el crecimiento del freestyle chileno dependió principalmente del esfuerzo individual de deportistas y entrenadores que debían salir del país para continuar evolucionando. Hoy, parte de ese proceso comienza a desarrollarse en territorio nacional, permitiendo que más jóvenes puedan progresar sin enfrentar las mismas barreras que marcaron a las generaciones anteriores.

«Esto nos permitirá tener una progresión clara y probar nuestros trucos para luego llevarlos a la nieve. Toda la vida hemos viajado para entrenar en este tipo de instalaciones y ahora lo tenemos acá; esto es histórico», afirmó el snowboarder chileno Álvaro Yáñez durante la inauguración.

«Yo puedo esquiar con mi mamá, con mis hijos y con mis sobrinos al mismo tiempo».

Esa visión también fue compartida por Stefano Pirola, ex presidente de la Federación Deportiva Nacional de Ski y Snowboard de Chile, quien destacó el carácter estratégico del proyecto para el desarrollo del deporte nacional.

«Este proyecto representa mucho más que una infraestructura; es un legado que perdurará por años. Ha sido un camino largo y estamos confiados en que este es un aporte real para, en el futuro, contar con grandes resultados en estas disciplinas y, por qué no, soñar con una medalla olímpica», planteó. 

Para Ismael Cuadra, sin embargo, el mayor valor de Andes Park no se medirá únicamente por los resultados deportivos que puedan llegar en el futuro. También estará en la posibilidad de que niños y jóvenes encuentren un lugar donde aprender, equivocarse, progresar y desarrollar su talento sin tener que abandonar el país para acceder a herramientas de primer nivel.

Después de años viajando para entrenar, el freestyle chileno comienza a construir un escenario distinto. Andes Park no reemplaza la montaña ni la nieve, pero sí acorta la distancia que históricamente separó a los deportistas nacionales de las grandes potencias. Y, quizás por primera vez, permite imaginar que el próximo salto hacia la élite mundial pueda comenzar mucho antes de despegar.