El circuito juvenil se ha consolidado en casi tres décadas como una plataforma clave para el desarrollo de jóvenes golfistas en Chile. Más allá de la competencia, abre puertas académicas y deportivas que permiten proyectar carreras en el extranjero. La historia de Francisca Moritz, subcampeona juvenil, refleja cómo este espacio forja tanto deportistas como personas.
El golf juvenil en Chile encontró en Golf Action un espacio de desarrollo sostenido desde 1996. Creado con la idea de elevar el nivel competitivo, el circuito se ha convertido en el lugar donde los menores no solo aprenden a competir, sino también a crecer con valores que trascienden la cancha.
“El objetivo es poder formar jóvenes capaces de competir al máximo nivel internacional, pero también inculcarles valores como honestidad, respeto, perseverancia y disciplina”, explica Benjamin Etchebarne, uno de los responsables de promover y organizar el tour en el país.
El circuito ha sido semillero de figuras como Joaquín Niemann y Mito Pereira, referentes que inspiran a los actuales participantes. “Ambos son muy importantes para los jugadores. Ambos están dejando a Chile en lo más alto y estamos orgullosos de haber formado parte de su historia”, comenta Etchebarne, subrayando el impacto que tiene contar con modelos cercanos de éxito.

Golf Action no solo es un espacio competitivo: también se transforma en una herramienta para abrir puertas académicas. La vitrina que otorgan los torneos nacionales e internacionales permite que los jóvenes puedan acceder a becas en universidades extranjeras, principalmente en Estados Unidos.
“Para nosotros, el golf y los estudios tienen la misma importancia. Buscamos que los jugadores triunfen en la cancha y fuera de ella”, señala Etchebarne. El desafío hacia adelante, dice, pasa por fortalecer la presencia femenina y expandir el circuito a más regiones del país, con el fin de acercar el golf a una mayor cantidad de jóvenes.
El circuito organiza 11 torneos anuales de un día, sumados al Abierto Juvenil de Chile y al Campeonato Interescolar, lo que les da a los jugadores múltiples instancias para medirse ante rivales nacionales e internacionales. Además, mantiene convenios concretos: por ejemplo, la International Junior Golf Academy (IJGA) en Orlando entrega ocho becas anuales de una semana para que jóvenes chilenos vivan una experiencia formativa intensiva.
Estas oportunidades permiten que quienes se destacan en el ranking puedan mostrar lo que hacen en escenarios que llaman la atención de universidades y entrenadores en Estados Unidos. Etchebarne insiste en que “buscar que los jugadores triunfen en la cancha y fuera de ella” no es solo un lema, sino una estrategia para que los menores construyan perfiles atractivos académica y deportivamente.

Pero no basta con participación; la clave está en la expansión regional y en la inclusión femenina, dos frentes que Etchebarne considera esenciales. “El desafío hacia adelante… fortalecer la presencia femenina y expandir el circuito a más regiones del país” apunta a no dejar fuera talentos que, por distancia, falta de recursos o visibilidad podrían quedar escondidos.
Este esfuerzo puede aumentar las probabilidades de becas reales, pues los scouts universitarios buscan diversidad geográfica y rendimiento constante. Como parte de ese impulso, los rankings de Golf Action clasifican a jóvenes destacados para eventos de alto nivel en Sudamérica y Norteamérica, lo que facilita que dichos jugadores puedan postular con antecedentes internacionales.
“Más allá de lo deportivo, el golf te entrega valores muy importantes para la vida que estamos constantemente intentando inculcarles a nuestros jugadores. Honestidad, respeto, perseverancia y disciplina son algunos de los valores que entrega el golf y que ayuda en la formación de los golfistas”, sostiene Etchebarne.
Francisca Moritz: una historia de formación y proyección
En este ecosistema, la experiencia de Francisca Moritz muestra el alcance del circuito. Su vínculo con el golf comenzó de manera sencilla: acompañando a sus padres en el club y jugando casi de manera improvisada. Con el tiempo, la pasión creció y encontró en Golf Action un espacio determinante.
“Competir en el circuito lo ha sido todo. Fue lo que me dio exposición internacional y me abrió nuevas posibilidades. Además, me permitió conocer a gente que hoy son como mi familia”, recuerda Francisca.

A sus 18 años, su recorrido la ha llevado a representar a Chile en torneos fuera del país, experiencias que describe como emocionantes y llenas de aprendizaje. “El golf me enseñó que no todo es talento y esfuerzo. Con una buena mentalidad se puede llegar muy lejos”, afirma.
El Abierto de Las Brisas de Chicureo 2024 fue uno de los hitos más significativos en su trayectoria, ya que le permitió entrar al ranking mundial amateur. Ese torneo fue, dice, el impulso que necesitaba para confirmar que el golf podía convertirse en su futuro.
Al igual que muchos jóvenes golfistas, Francisca visualiza el deporte como un puente hacia la educación superior. Su meta es obtener una beca que le permita estudiar en una universidad extranjera, sin dejar de lado el alto rendimiento. “El golf abre puertas y caminos que uno nunca pensaría que existieran. Busco estudiar una carrera que me guste y, si se da la oportunidad, llevar mi golf al siguiente nivel y jugar de manera profesional”, proyecta.
La compatibilidad con sus estudios no ha sido sencilla, sobre todo en el último año escolar, pero ha sabido organizarse para mantener un equilibrio. Practica entre 4 y 6 horas semanales, a lo que suma la participación en torneos de fin de semana. “Debo ser muy ordenada con el colegio para poder faltar cuando hay campeonatos y mantener siempre mis notas altas”, explica.
“Quiero verme graduada en una carrera que me apasione y me haga feliz, y al mismo tiempo seguir ligada al golf, ojalá de manera profesional. Más que convertirme en la mejor, mi sueño es ser alguien en quien otros puedan reflejarse y encontrar inspiración. Aspiro a motivar a las personas a dar lo mejor de sí mismas y a creer que siempre es posible llegar más lejos”, sostiene.
Una generación que se atreve a soñar
La mirada de Francisca aporta un ángulo necesario, es decir, la baja presencia de mujeres en el golf juvenil chileno. Aunque reconoce que muchas veces se percibe como un deporte masculino y costoso, defiende la idea de que las niñas tienen que persistir. “Les diría que no dejen que lo que digan los demás las detenga. Si lo hacen, están dejando que ganen”, comenta con convicción.
En este sentido, Benjamin Etchebarne advierte que el desarrollo del golf juvenil en Chile no está exento de desafíos. Uno de ellos es aumentar la participación femenina, ya que todavía existe una brecha evidente en comparación con los varones. El otro gran reto es la expansión territorial, con la meta de llevar el circuito a más regiones y abrir el acceso a menores de distintas realidades sociales y geográficas. Para él, ambos objetivos son cruciales si se busca que el golf deje de ser un deporte concentrado en ciertos sectores y se convierta en una plataforma inclusiva capaz de descubrir talentos en todo el país.
Es por ello, que Francisca Moritz Inspirada por referentes como Antonia Matte y Felipe Aguilar, busca proyectar en su juego la actitud positiva y la energía que admira en ellos. Su aspiración, a largo plazo, es convertirse en una jugadora profesional, pero sobre todo en alguien que pueda motivar a otros.
Golf Action sigue siendo el punto de partida para muchos. Con casi 30 años de historia, el circuito no solo forma jugadores, sino que entrega una visión integral del deporte como herramienta de vida. En palabras de Etchebarne, el desafío está en expandir el alcance del golf juvenil y consolidar el crecimiento del femenino.
Francisca, mientras tanto, representa a esa generación que se atreve a soñar con jugar al más alto nivel sin dejar de lado sus metas académicas. “Más que ser la mejor golfista, quiero ser alguien que inspire a otros a ser mejores”, resume.
El futuro del golf en Chile se proyecta como un proceso de construcción paciente, donde la disciplina y la constancia marcan el ritmo tanto como en cada golpe dentro de la cancha. Más que una meta inmediata, se trata de un camino que combina formación, oportunidades internacionales y la transmisión de valores que acompañarán a los jóvenes más allá del deporte. En esa mezcla de perseverancia y visión a largo plazo se juega la verdadera consolidación de una nueva generación de golfistas chilenos.






