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Coco Zurita: ascenso y lucha de un pionero chileno del BMX

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Pionero, guerrero e inspiración. La historia de este deportista nacional es testimonio de cómo los sueños pueden volar alto cuando se acompañan de esfuerzo y convicción. Su camino no solo abrió paso a nuevas generaciones, sino que demuestra que la pasión, vivida con disciplina, puede trascender fronteras y dejar huella.

Desde los cerros de Santiago hasta las rampas más exigentes del mundo, Jorge “Coco” Zurita ha construido una carrera que va más allá del deporte. Su nombre es sinónimo de perseverancia, talento y una ambición inquebrantable por desafiar los límites del BMX. A lo largo de su trayectoria, no solo ha conquistado podios internacionales, sino que también ha inspirado a nuevas generaciones a perseguir sus sueños sobre dos ruedas.

Nacido y criado en Chile —aunque hoy radicado en Estados Unidos— Coco descubrió su pasión por el BMX en su adolescencia, cuando aún era un deporte poco conocido y sin muchos recursos. “Cuando empecé, no había muchas facilidades. Teníamos que improvisar nuestras rampas y buscar espacios donde entrenar”, recuerda. Sin embargo, su determinación lo llevó a perfeccionar su técnica y soñar con competir en el extranjero.

“Lo más importante es nunca rendirse. Si tienes un sueño, tienes que luchar por él con todo lo que tienes”.

“La verdad es que nunca me imaginé llegar tan lejos. Siempre lo tuve en mente, claro, pero ni siquiera era un sueño tan cercano. Sólo anhelaba mucho poder llegar a Estados Unidos, andar en bici afuera… pero mis metas eran más bien a corto plazo. Vivía el presente: los próximos dos meses, los viajes, los amigos, pasarlo bien andando en bici”, reflexiona.

Zurita reconoce que si se hubiese puesto como meta desde el inicio llegar a los X Games, probablemente se habría desmotivado. “Mi motivación nunca fue solo llegar a una meta específica, sino progresar, disfrutar, expresarme como joven y crecer con la bicicleta. Siempre soñé con llegar lejos, pero el foco estaba en el proceso, no en el destino”.

Su primer gran paso fue mudarse a Estados Unidos, un desafío que marcó un antes y un después en su carrera. “No fue fácil dejar Chile, pero sabía que si quería llegar lejos, tenía que entrenar con los mejores”, afirma. En suelo estadounidense, Zurita encontró un ecosistema competitivo que le permitió desarrollarse y demostrar su capacidad en eventos internacionales.

Una vida de luchas e hitos

A lo largo de los años, Coco ha sido un competidor constante en los X Games, el evento más prestigioso del mundo en deportes extremos. Su especialidad, el BMX Vert, lo llevó a enfrentarse con leyendas de la disciplina y posicionarse como uno de los mejores exponentes sudamericanos del deporte. “Siempre he creído que en la vida hay que arriesgarse. Esta disciplina me enseñó que las caídas son parte del proceso y que siempre hay que levantarse con más fuerza”.

“El foco siempre estuvo en el proceso, no en el destino. Mi motivación era progresar, expresarse y crecer con la bicicleta”.

También recuerda los desafíos más duros, los que van más allá del deporte. “Las caídas duelen, ya sea físicas o económicas. A veces no había presupuesto para viajar, competir o simplemente vivir. Venir a Los Ángeles, pagar arriendo, bencina, seguro, comida… los gastos se disparaban”.

“Tuve momentos muy críticos. Me lesionaba y tenía que pagar hospitalizaciones enormes. Me partí la cara, ocho puntos en el labio, con solo 19 o 20 años, y terminé pagando tres millones al hospital, en cuotas mensuales de 600 mil pesos. Lo que quedaba del mes era solo para sobrevivir”.

A eso se sumaban otras batallas más profundas. “Romperte una pierna, pasar por cirugía, estar en recuperación sin saber cómo va a quedar tu cuerpo ni cómo vas a volver a sentirte… Mi mejor técnica para salir adelante siempre fue estar apegado a Dios. Soy cristiano, muy espiritual, y me encanta lo que enseña la Biblia. Esa fe de confiar con los ojos cerrados fue mi refugio”.

Uno de sus mayores logros llegó en 2013, cuando se convirtió en el primer latinoamericano en ganar una medalla de plata en los X Games en la categoría BMX Vert. “Ese momento fue increíble. Sentí que todo el esfuerzo y sacrificio había valido la pena”. Su desempeño lo consolidó como referente de la disciplina y le abrió nuevas puertas en el mundo de los deportes extremos.

“He tenido muchos podios: en Alemania, en el Mundial, en los X Games, Dew Tour… Pero uno de los momentos más memorables fue ganar el Campeonato Mundial compitiendo contra Matt Hoffman. Él era mi ídolo desde niño, lo veía en videojuegos, revistas… Mi segunda bicicleta fue una ‘Hoffman’. Competir contra él fue una locura. Aunque ya no estaba en su mejor momento, la presión mental fue altísima. Fue una bendición y otra razón para agradecer a Dios”.

Más allá de la competencia

Además del éxito deportivo, Zurita se ha transformado en un embajador del BMX. Ha trabajado en diversos proyectos para promover esta disciplina en Chile y acercarla a más jóvenes. “Mi objetivo siempre ha sido inspirar a otros a seguir sus pasiones. Quiero que los niños en Chile sepan que no hay límites cuando se trabaja con dedicación”.

“Sí se puede. Esa es mi frase, mi bandera, mi legado: ser el cambio de una generación”.

“El BMX me dio identidad. Pasé de ser un cabro chico de cuarto medio que peluceaba en las calles a ser el mejor atleta del país, uno de los mejores del mundo. Me dio voz, me puso en el radar. Pero también me mantuvo con los pies en la tierra. Nunca me afectó el ego. Me enseñó fe, perseverancia, coraje”.

Coco también ha explorado nuevos caminos: fundó su propia marca de ropa, tiene una agencia audiovisual y participa en el mundo del automovilismo. “Siempre estoy buscando nuevos desafíos. La adrenalina es parte de mi vida, ya sea en la bicicleta o detrás del volante”.

Actualmente lidera tres proyectos: su agencia audiovisual, el bike park Signal Park y su incursión en el automovilismo. “La agencia partió en 2016 y es el motor detrás de todos los contenidos de BMX y redes sociales, tanto míos como de otros proyectos. Signal Park es un proyecto familiar que mi papá inició en 2006. Cuando falleció en 2013, yo asumí el compromiso. Hoy funciona con auspiciadores y apoya a jóvenes deportistas”.

Además, en California dirige un estudio audiovisual donde desarrolla autos de carrera y campañas de marketing. “Ya trabajé con marcas como Shell y Acura. Tengo tres autos propios listos para competir”.

El legado del guerrero

Más de dos décadas después de su primer salto, Coco Zurita sigue pedaleando con la misma energía y convicción. Lejos de bajar el ritmo, continúa compitiendo, entrenando y buscando formas de contribuir al desarrollo del deporte, dentro y fuera de las pistas.

Su historia es más que una colección de podios: es una lección de vida. “Lo más importante es nunca rendirse. Si tienes un sueño, tienes que luchar por él con todo lo que tienes”, dice con la serenidad de quien ha superado caídas físicas y emocionales, pero también con la humildad de quien entiende que el verdadero triunfo está en el camino, no solo en la meta.

Zurita habla de propósito, de legado, de trascender: “Creo que fui un cambio generacional. Entré en una generación guerrera del BMX, y con los años muchos se fueron alejando. Yo seguí. Y eso dejó un mensaje para quienes vienen detrás: sí se puede. Esa es mi frase, mi bandera, mi legado: ser el cambio de una generación”.

Ese espíritu indomable es el que hoy lo mantiene como un referente para miles de jóvenes en Chile y el mundo. “Me gustaría ser recordado como alguien que ayudó al deporte, que abrió caminos, que inspiró a otros. Una especie de guerrero del BMX”.

Rodrigo “Canuto” Errázuriz: Pedaleando hacía un cambio real

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El destacado ciclista chileno ha llevado su pasión más allá de la competencia, convirtiendo los kilómetros en una causa solidaria. A través de Fireflies Patagonia, une el esfuerzo y la resistencia del ciclismo con la lucha contra el cáncer, demostrando que el deporte es un motor de cambio.

Rodrigo “Canuto” Errázuriz es un nombre reconocido en el mundo outdoor y específicamente en el ciclismo de ultra distancia chileno, tanto por su talento sobre la bicicleta como por su incansable labor en la promoción del deporte. Con una carrera que abarca desde el XC maratón, enduro hasta Gravel, su trayectoria es reflejo de su pasión y compromiso.Sin embargo, más allá de su desempeño competitivo, ha sabido canalizar su experiencia hacia una causa mayor: FirefliesPatagonia, una iniciativa que combina el desafío físico con un propósito solidario..

Fireflies Patagonia es una travesía ciclista de larga distancia inspirada en el icónico Fireflies Tour de Europa, que reúne a ciclistas de todo el mundo para recaudar fondos en la lucha contra el cáncer. “Es un desafío físico tremendo, pero lo que realmente te impulsa es saber que cada pedaleada tiene un propósito mayor”, comenta “Canuto”. En cada edición, los participantes recorren rutas épicas a través de la Patagonia, enfrentándose a terrenos exigentes y condiciones climáticas impredecibles, todo en beneficio de la investigación oncológica y el apoyo a pacientes con cáncer.

Para “Canuto” Errázuriz, involucrarse en Fireflies ha significado un giro en su carrera, permitiéndole combinar su amor por la bicicleta con una causa que trasciende lo deportivo. “Uno a veces cree que el ciclismo es solo rendimiento, pero cuando te das cuenta de que puedes hacer algo más con esto, cambia todo”, reflexiona. Su rol dentro de la organización ha sido clave en la planificación y desarrollo del evento en Chile, asegurando que cada edición mantenga el espíritu desafiante y solidario que caracteriza a la iniciativa a nivel global.

El impacto de Fireflies Patagonia ha ido más allá de lo esperado, logrando no solo un importante apoyo económico para la causa, sino también una comunidad de ciclistas comprometidos con generar un cambio. “Ver a gente que no se conocía antes unirse con tanta fuerza por algo así es impresionante. La bicicleta nos conecta de muchas formas”, dice “Canuto”. Gracias a su trabajo y al esfuerzo del equipo organizador, el evento no solo ha crecido en convocatoria, sino que también ha inspirado a más personas a vincular el deporte con causas sociales.

Para el futuro, tiene claro que quiere seguir impulsando Fireflies y el ciclismo como un motor de transformación. “Mientras tenga piernas para pedalear y energía para empujar proyectos así, ahí estaré”, asegura. Con su experiencia y visión, seguirá dejando una huella en la comunidad ciclista chilena, demostrando que la pasión por el deporte puede ir de la mano con un compromiso genuino por los demás.

¿Cuáles han sido los hitos más importantes de tu carrera sobre la bicicleta?

Para mí, cada momento sobre la bicicleta es un hito. Si bien hay carreras o eventos que pueden marcar puntos clave en mi trayectoria, cada experiencia tiene su propio valor. Fireflies, Across Andes, Transandes, o competencias en el extranjero, todas han dejado una huella. Cada desafío trae consigo un tipo distinto de cansancio, triunfo o aprendizaje. Con los años, cada pedalazo suma experiencia y me forma no solo como ciclista, sino también como persona.

¿Cómo ha evolucionado tu relación con el ciclismo a lo largo de los años?

El ciclismo ha sido parte de mi vida desde siempre. Ya en los años 80, en mi etapa escolar, pasaba horas sobre la bicicleta. En aquel entonces, el mountain bike era casi inexistente, y cuando llegaron las primeras bicicletas de montaña, fueron una revolución. Mis primeras carreras en 1987 parecían una locura: un grupo de apasionados explorando sin saber bien qué hacíamos. Aunque tuve una etapa como corredor de montaña y trail running, la bicicleta siempre fue mi mejor complemento. Con el tiempo, pasé del mountain bike al gravel y la ruta, pero la bicicleta nunca ha dejado de estar presente en mi historia.

¿Cómo llegaste a involucrarte con Fireflies y qué significa para ti esta causa?

Fue una combinación de buenas amistades y estar inmerso en la escena deportiva. Un gran amigo me presentó a Polo Luissetti, uno de los fundadores de Fireflies Patagonia. En 2019, Polo me invitó a participar, y después de esa primera experiencia, quedé enganchado para siempre. Hoy soy parte del directorio, con un rol enfocado en el desarrollo de rutas y la planificación técnica del evento. Fireflies es un desafío increíble, que no solo combina la pasión por la bicicleta, sino también una mirada estratégica sobre cómo diseñar rutas que nos permitan recorrer lugares extraordinarios de nuestro país.

Fireflies es más que una ruta extrema en bicicleta, es un movimiento solidario. ¿Cómo describirías la esencia de esta iniciativa?

Definir Fireflies no es fácil. Aunque es un recorrido en bicicleta, no es una carrera ni un simple paseo. Se trata de un desafío físico y emocional donde se crea una conexión especial entre los participantes. Lo que lo hace único es su propósito: generar conciencia y recaudar fondos para el cáncer infantil. Además, tiene un impacto social en las comunidades que visitamos, donde donamos libros, computadores, cascos y otros recursos según las necesidades de cada lugar. Fireflies es mucho más que pedalear; es dejar una huella significativa.

¿Qué desafíos has enfrentado como parte de Fireflies y qué aprendizajes te ha dejado?

Fireflies es un evento extremo que implica una planificación meticulosa. Desde la logística de rutas y hospedaje hasta la coordinación con escuelas y comunidades, todo requiere meses de preparación. Además, está el desafío humano: hay ciclistas de distintos niveles, algunos buscando superar sus propios límites. La clave es que todos lleguemos al final de cada jornada, sin importar el ritmo. Cada edición deja aprendizajes y nos obliga a hacer ajustes, como en la vida misma. Fireflies me ha enseñado que, al igual que en el deporte y el trabajo, siempre hay que estar dispuesto a adaptar el camino para alcanzar los objetivos.

¿Cómo crees que el ciclismo puede impactar en la vida de las personas más allá del deporte?

El ciclismo, como cualquier deporte, es una pasión que nos lleva a superar límites personales. Más allá del ejercicio físico, enseña disciplina, resiliencia y compromiso, valores que pueden trasladarse a todos los aspectos de la vida. Entrenar para un desafío, equiparse, enfrentar el miedo al fracaso y atreverse a intentarlo son aprendizajes que van más allá de la bicicleta. Creo firmemente que cualquier actividad que nos impulse a crecer tiene un impacto positivo en nuestra vida.

¿Has visto cambios en la comunidad ciclista respecto a causas sociales o solidarias en los últimos años?

Sí, sin duda. Cada vez hay más conciencia sobre el impacto que el ciclismo puede tener más allá del deporte. La comunidad ciclista crece año a año, con más participación de mujeres, niños y personas de todas las edades. Y con ese crecimiento, también ha aumentado el interés en causas sociales. Eventos como Fireflies y otras iniciativas solidarias han demostrado que el ciclismo puede ser una poderosa herramienta para generar cambios y ayudar a quienes más lo necesitan.

¿Qué consejo le darías a quienes quieren combinar su pasión por el deporte con un propósito mayor, como el que impulsa Fireflies?

Mi consejo es atreverse. Muchas veces, los límites nos los ponemos nosotros mismos por miedo a fracasar o sentir que no estamos preparados. Pero la verdadera satisfacción llega cuando nos desafiamos y lo logramos. Intentarlo es el primer paso, y aunque haya obstáculos en el camino, la recompensa es enorme. Si tienes un propósito, persíguelo con determinación, prepárate bien y da ese primer paso sin miedo. Lo peor que puede pasar es que tengas que volver a intentarlo.

¿Cuál es tu próximo desafío en el ciclismo o en Fireflies?

Este año ha sido más tranquilo en términos competitivos. Decidí darme un respiro para dedicar más tiempo a la familia y el trabajo. Sin embargo, siempre estoy buscando nuevos desafíos. Fireflies es una cita obligatoria en mi calendario, porque su impacto va más allá de lo deportivo. En cuanto a futuras competencias, estoy evaluando opciones como Across Andes o algún otro reto de larga distancia. Pero, por ahora, disfruto esta pausa antes de embarcarme en lo que venga.

Si pudieras definir en una frase lo que ha significado la bicicleta en tu vida, ¿cuál sería?

La bicicleta es un vehículo de cambio. Me ha permitido conocerme mejor, generar impacto en otros, mantenerme activo y vivir experiencias inolvidables. Es una máquina que no solo te lleva de un lugar a otro, sino que te transforma en el proceso.