lunes, octubre 12, 2026
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Club Deportivo de Montaña Las Trancas: Donde la montaña construye comunidad

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Más que promover deportes de montaña, el club ha tejido una red de familias, voluntarios y niños que encuentran en el valle un espacio para crecer, colaborar y aprender a cuidar el entorno que los une.

Existen lugares donde el deporte se organiza en torno a una cancha o un gimnasio. En el Valle Las Trancas ocurre algo distinto. Aquí, las primeras lecciones llegan caminando por un sendero, aprendiendo a leer la nieve o entendiendo que una montaña siempre merece respeto. El paisaje no es el telón de fondo de la historia, sino el protagonista.

Felipe Sepúlveda, presidente del club, relata que «nació gracias a un grupo de amigos y amantes de la montaña que compartían un mismo sueño: crear un espacio donde niños, jóvenes y adultos pudieran desarrollarse a través del deporte y el contacto con la naturaleza”.

«El territorio no es solo el lugar donde entrenamos; es parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra manera de vivir».

Rodeado de bosques nativos, volcanes y una de las principales puertas de entrada a Nevados de Chillán, este rincón de la Región de Ñuble ha construido una identidad profundamente ligada a la vida al aire libre. Fue precisamente esa relación con el territorio la que motivó, en 2014, la creación del Club Deportivo de Montaña Las Trancas

“Con el tiempo, el club se transformó en una organización que impulsa el ski, el mountain bike, el desarrollo de senderos y eventos deportivos, fortaleciendo el deporte y la comunidad del valle», explica Sepúlveda. 

La organización ha crecido junto con el valle. Hoy desarrolla escuelas deportivas, impulsa actividades durante gran parte del año y participa activamente en la conservación y habilitación de senderos. Sin embargo, el objetivo sigue siendo el mismo que inspiró a sus fundadores: formar personas antes que deportistas.

Para quienes crecen en Las Trancas, la montaña forma parte de la vida cotidiana. No es un lugar al que se va durante las vacaciones, sino un espacio que acompaña la infancia y moldea la forma de relacionarse con el entorno.

“Es aprender, colaborar y crecer junto a otras personas que entienden que el deporte, la naturaleza y la comunidad van de la mano.

Para  Felipe Sepúlveda «crecer aquí significa tener un entorno privilegiado donde la montaña se convierte en una sala de clases. Crecer en este lugar les enseña a respetar la naturaleza, a ser resilientes, a enfrentar desafíos y a disfrutar de una vida activa al aire libre».

Ese aprendizaje, explica, va mucho más allá de dominar una disciplina deportiva. El club entiende cada salida, entrenamiento o jornada de trabajo comunitario como una oportunidad para transmitir valores que acompañarán a niños y jóvenes durante toda su vida.

«Promovemos el respeto por la naturaleza, el compañerismo, la solidaridad, el esfuerzo, la perseverancia, la humildad y la responsabilidad. Creemos que el deporte es una herramienta para formar personas comprometidas con su comunidad y con el cuidado del entorno», destaca.

La identidad del club también está marcada por el lugar donde nació. No existe una separación entre el deporte y el paisaje; ambos forman parte de una misma historia.

«Nuestra identidad está profundamente ligada al Valle Las Trancas. Vivimos rodeados de montañas, bosques, volcanes y nieve, y eso define nuestra forma de entender el deporte. El territorio no es solo el lugar donde entrenamos; es parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra manera de vivir», señala el presidente del club. 

Una comunidad que se construye entre todos

Si hay un elemento que distingue al Club Deportivo de Montaña Las Trancas es el rol que cumplen las familias. Padres, madres, hermanos y voluntarios no solo acompañan a niños y jóvenes en sus actividades deportivas; también participan en la organización de eventos, el mantenimiento de senderos y distintas iniciativas que fortalecen la vida comunitaria del valle.

Así lo plantea Felipe Sepúlveda: «Las familias son el corazón del club. Son quienes acompañan, motivan y hacen posible que niños y jóvenes participen. Además, algunos colaboran como voluntarios en actividades, eventos y proyectos, generando un verdadero sentido de comunidad donde todos aportan desde su experiencia». 

Ese trabajo colectivo ha permitido que, con el paso de los años, aumente el interés por las actividades al aire libre y también la conciencia sobre la importancia de proteger el entorno que las hace posibles.

«La comunidad ha crecido y se ha fortalecido. Hoy existe una mayor participación de niños, familias y voluntarios, además de un mayor interés por el deporte al aire libre y el cuidado de los senderos. También ha aumentado la conciencia sobre la importancia de conservar nuestro entorno para las futuras generaciones», asegura.

Reflexiona que «la montaña enseña respeto, trabajo en equipo, autocuidado y capacidad para tomar buenas decisiones. También nos recuerda la importancia de adaptarnos a las condiciones, valorar los procesos y entender que los mejores resultados llegan con dedicación y constancia».

Aunque el club ha consolidado una comunidad activa y comprometida, sus integrantes saben que el crecimiento trae nuevos desafíos. El principal es mantener ese desarrollo sin perder la cercanía que caracteriza al proyecto desde sus inicios.

«Uno de nuestros principales desafíos es seguir creciendo de manera sostenible. Queremos continuar con las escuelas deportivas de ski, snowboard y mountain bike, mantener y desarrollar la red de senderos, conseguir más apoyo para nuestros proyectos y lograr que cada vez más niños puedan acceder al deporte», afirma.

La mirada también está puesta en fortalecer la organización durante todo el año, ampliar su infraestructura y seguir generando oportunidades para que nuevas generaciones encuentren en la montaña un espacio de encuentro.

Desde esa perspectiva explica que «imaginamos un club consolidado, con una buena estructura que le permita funcionar todo el año. Queremos seguir creciendo junto a la comunidad, con más infraestructura, más actividades y más oportunidades para que las nuevas generaciones vivan la montaña de manera segura y responsable». 

Las Trancas ha logrado convertirse en un punto de encuentro para quienes entienden que la vida en la montaña también implica cuidar el lugar que la hace posible.Pertenecer a él “significa ser parte de una comunidad que comparte la pasión por la montaña”. 

“Es aprender, colaborar y crecer junto a otras personas que entienden que el deporte, la naturaleza y la comunidad van de la mano. Es sentir orgullo por nuestro valle y asumir el compromiso de cuidarlo para quienes vendrán después», concluye Sepúlveda.

 

Wingfoil en Chile: Aprender a volar sobre el viento y el mar

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Desde un inicio experimental hasta la formación de una comunidad activa, el wingfoil avanza en Chile apoyado en el aprendizaje colectivo y en espacios de encuentro como el Foil Fest.

El wingfoil llegó a Chile sin grandes anuncios y se instaló primero en las redes sociales y luego en playas como Matanzas, Puertecillo y Topocalma como una forma diferente de entender el viento y el agua. Hoy es un deporte con identidad propia, que plantea una nueva relación entre costa, recursos naturales y comunidad deportiva.

Josefina Schwerter

El wingfoil es un deporte acuático en el que un practicante se mantiene sobre una tabla equipada con un hidrofoil —una superficie hidrodinámica bajo el agua que eleva la tabla al reducir la fricción— y se impulsa con una vela inflable sostenida con las manos. A diferencia del windsurf, donde la vela está montada de manera rígida a la tabla, o del kitesurf, con líneas largas y cometa a distancia, la vela del wingfoil se controla directamente, lo que permite mayor libertad de movimiento. Este deporte requiere de mucha precisión, práctica de equilibrio y coordinación para manejar ambas partes de manera fluida. Esta combinación técnica produce una sensación de volar sobre el agua, permitiendo navegar con vientos moderados, lo que lo hace accesible en una amplia gama de condiciones.

Esa misma libertad que distingue al wingfoil también plantea una diferencia cultural. Mientras que disciplinas como el windsurf o el kitesurf tienen circuitos de aprendizaje, escuelas y una infraestructura consolidada, el wingfoil llegó como práctica híbrida, que toma elementos del surf, del SUP y de los deportes de vela, pero sin un molde técnico establecido. Esta en fase de desarrollo, es muy innovador, lo hace un deporte altamente atractivo hoy en día.

Chile ha sido receptivo a ese nuevo lenguaje del agua. Sus costas ofrecen un espectro amplio de escenarios: desde la fuerza constante del viento sur en Matanzas hasta los breaks más técnicos de Puertecillo, pasando por las condiciones variables de Topocalma o las aguas más tranquilas del Lago Rapel. “Tenemos condiciones sobresalientes”, dice Andrés Vásquez, impulsor clave del wingfoil en el país. “Si un día no hay viento, hay ola; si no hay ola, hay espacio para remar. Eso permite practicar foil prácticamente todo el año”, explica. Esa continuidad climática, pocas veces simultánea en otros países, ha sido un factor decisivo para el crecimiento local.

Andrés Vasquez

El desarrollo del wingfoil en Chile comenzó realmente entre 2021 y 2022, en plena pandemia. Más que escuelas o clases estructuradas, lo que hubo fue curiosidad e improvisación, dice Vásquez: “Se aprendía con lo que había, con equipos muy básicos y experimentales. Nadie sabía bien cómo usarlos y muchas veces se compraba a ciegas”. El principal obstáculo era materializar esa curiosidad en práctica: pocos equipos, alto costo y sin referentes técnicos claros complicaban los primeros pasos.

Los primeros años fueron, en efecto, una etapa de exploración. Riders de surf, kitesurf y windsurf se encontraban en el agua sin un historial común de práctica y, a menudo, con equipos que funcionaban solo como prototipos. “Era mucha curiosidad, muchas ganas de volar sobre el agua”, recuerda Vásquez, “eso empujó a las marcas a mejorar rápido, porque lo que servía un año al siguiente ya quedaba obsoleto”. En ese proceso, las marcas buscaron entender qué configuraciones de tablas, foils y alas funcionaban mejor, y los propios practicantes comenzaron a formar un cuerpo de experiencia colectiva.

El salto de calidad llegó gradualmente. En el último año, el equipamiento ha sido más específico, la seguridad más considerada y el aprendizaje más guiado. “Hoy hay más cuidado, más conocimiento y una comprensión más clara de cómo y dónde practicar. Ya no es solo improvisación”, afirma Vásquez. Eso se refleja en la técnica de los riders, que, comparado con los primeros intentos, muestran un dominio creciente del foil, de las maniobras y de la adaptación a distintos escenarios costeros.

Pese a ello, algunas barreras siguen vigentes. El costo del equipamiento y la necesidad de seleccionar correctamente el material necesario para cada condición siguen siendo filtros de entrada significativos. Además, el wingfoil debe convivir con deportes ya establecidos y con comunidades que llevan décadas ocupando los mismos espacios. “Es un deporte nuevo y tiene que aprender a respetar a los otros. No se trata de llegar y ocupar el lugar”, reflexiona Vásquez, subrayando la importancia del respeto mutuo en playas como Matanzas o Puertecillo.

En ese contexto, la construcción de comunidad ha sido tan importante como la mejora técnica. El intercambio entre practicantes, la realización de clínicas y la posibilidad de probar material antes de comprar han cumplido un rol decisivo para facilitar el acceso y reducir errores comunes de iniciación. “El gran error es comprar sin probar. Cuando eso pasa, la gente se frustra y abandona. Compartir experiencias cambia completamente el proceso de aprendizaje”, señala.

Ese espíritu fue la base del Foil Fest Chile, un evento que no se planteó como una competencia tradicional, sino como un espacio de encuentro, aprendizaje y prueba de equipos. “La idea no era correr, sino meterse al agua, probar equipos, hablar con marcas, con riders, con curiosos”, explica Vásquez. El compromiso de las marcas por poner material a disposición de los asistentes fue un elemento central que transformó la experiencia en algo palpable y accesible.

Más allá de reunir a practicantes locales, el Foil Fest también cumplió un rol de ordenamiento y visibilización. Reunió a una comunidad dispersa entre el norte, la zona central y el sur, evidenció el estado real del mercado chileno y permitió conectar a Chile con riders y marcas internacionales. Fue más que un festival: se convirtió en un punto de referencia para una disciplina que todavía busca definiciones colectivas.

Hoy, el wingfoil en Chile sigue siendo un deporte joven, costoso y en constante ajuste. Ya no es apenas una curiosidad pandémica, sino una práctica con identidad, territorio y comunidad propia. Como dice Vásquez, “sigue siendo un deporte de descubrimiento, pero ya no estamos a ciegas”. Y en un país donde el viento y el mar siempre estuvieron ahí, aprender a volar sobre ellos parece apenas el siguiente paso.

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Matanzas como laboratorio natural para el wingfoil

La localidad costera de la región de O’Higgins se ha consolidado como uno de los escenarios más relevantes para el desarrollo del wingfoil en Chile, no solo por sus condiciones naturales, sino por la forma en que esta disciplina se ha ido integrando de manera progresiva a un ecosistema deportivo ya existente.

“Matanzas reúne condiciones muy favorables para el desarrollo del wingfoil”, explica Josefina Schwerter, colaboradora estratégica del Hotel Olas de Matanzas, además de practicante activa de wingfoil. “Es un spot reconocido internacionalmente por sus olas potentes y exigentes, especialmente valoradas por riders expertos, pero que también ofrece días en que un oleaje más pequeño permite el acceso a deportistas de niveles intermedios”.

Esa dualidad —condiciones desafiantes junto a momentos más accesibles— ha permitido que el wingfoil crezca de forma orgánica, sin forzar su inserción en el territorio. A esto se suman vientos constantes, una playa amplia y una larga historia de deportes de viento que han aprendido a coexistir en el borde costero.

Desde su experiencia en el agua, Josefina también destaca la importancia de abordar Matanzas con respeto y preparación. “Es un lugar increíble para el wingfoil, pero sus olas y corrientes pueden ser exigentes. Por eso es clave que quienes visitan el spot se informen bien, se asesoren con gente local y comprendan las condiciones antes de entrar al mar. Eso es parte de mantener el deporte seguro y sostenible para todos”.

Desde la mirada de Olas de Matanzas, el interés por potenciar el wingfoil no responde a una moda pasajera, sino a una lectura más amplia del ecosistema de los deportes de viento. “Lo vemos como una evolución natural. Es una disciplina que amplía el acceso al mar, permite navegar en distintas condiciones y se suma de manera armónica al windsurf y al surf, disciplinas con una historia profunda en Matanzas, donde el respeto y la buena convivencia en el agua son esenciales para que todos los deportes puedan desarrollarse de forma segura”.

La aproximación ha sido deliberadamente cuidadosa. El foco ha estado en observar, escuchar y acompañar. “Nos motiva apoyar este crecimiento entendiendo el territorio y dialogando con la comunidad”, explica Schwerter. En lo concreto, el trabajo actual está en fase de diseño e identificación de oportunidades: facilitar la logística para los practicantes, integrar el wingfoil a la oferta deportiva existente y generar colaboraciones con riders y escuelas especializadas.

En esa línea, junto a la escuela de surf de Olas de Matanzas ya existe un espacio habilitado para el lavado de equipos, y se proyecta además la implementación de un lugar de guardado, pensado para facilitar la experiencia de quienes practican deportes de viento en la zona. A esto se suma la ubicación de OMZ y sus accesos directos a la playa, que lo posicionan como un punto de llegada natural para deportistas que buscan combinar comodidad, cercanía al mar y una práctica deportiva intensa. “El desafío es acompañar el crecimiento del wingfoil sin romper el equilibrio con el territorio ni con los otros deportes que ya conviven en la costa”, concluye.

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