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Jim Clark Revival, un gran festival de autos legendarios
Foto por: Ricardo Kobler
Jim Clark Revival, un gran festival de autos legendarios

Foto por: Ricardo Kobler

Aunque la distancia no supera los 350 kilómetros, el viaje se me hace más largo de lo esperado. Hay trabajos en el camino. Y, aunque hay zonas de velocidad libre, – done aunque vayas a 160 klh….por la pista izquierda te pasan como si estuvieras parado – es necesario reducir cada cierto tramo hasta 80klh, respetando -al igual que todos los demás – las sucesivas zonas de restricción.

Pero el letargo del camino se empieza a pasar en cuanto uno divisa los primeros letreros con el símbolo de un monoplaza y la palabra Hockenheimring! Te pone alerta, ansioso, excitado! Faltan alrededor de 11 kilómetros solamente!

Ya en el último desvío, miro por el retrovisor y diviso un Peugeot 504 Cabriolet… se acerca rápido. Detrás, un Corvette 1970 amarillo lo sigue de cerca… no hay dudas hacia donde van!

Una vez ya estacionado, sigo a un grupo de personas que caminan decididamente, y aunque se introducen por un sendero informal hacia el interior de un pequeño bosque, se nota que saben qué dirección tomar.

Delante de mí camina con cierta dificultad un señor en sus 70s, pelo blanco, un poco más largo de lo convencional, viste una polera piqué celeste, deslavada, con letras blancas…”Grand Prix 1968” alcanzo a leer.

En la manga izquierda destaca en verde y amarillo el emblema de Lotus. Estoy bien acostumbrado a discernir entre la pátina artificial, tan de moda en algunas prendas nuevas de hoy, y la verdadera patina producto del tiempo….y podría asegurar que la polera que lleva es original!! Podría asegurar que la conservó y la viste hoy, especialmente para la ocasión, 50 años después! Porque cada uno homenajea a sus ídolos, a los eventos que lo marcaron en su juventud, de diferentes maneras y de la mejor forma que puede… y hoy acá en Hockenheim se homenajea a uno de los más grandes pilotos de la historia del automovilismo moderno y se conmemora además, aquel fatídico día de 1968 en que perdiera la vida -acá mismo- a bordo de aquel Lotus 48 rojo y dorado que terminaría despedazado contra los pinos de un bosque tan similar al que recorro en este momento, que de pensarlo… se me pone la piel de gallina!

Porque la entrada a este autódromo te hace perder la noción del tiempo.

Camino distendidamente por este tranquilo sendero, bajo el sol de abril que proyecta una luz casi de “diapositiva Kodachrome” exacerbando ese espíritu de los 60 que aún conserva el lugar. Por el lado derecho, me acompaña el área de camping destinada a quienes deciden pernoctar en carpa, al más puro estilo de aquellos tiempos! Escucho casi en otra dimensión el murmullo de los acampantes y los ruidos típicos de esa actividad.

Por la izquierda, un talud, pasto y árboles, esconden insipientes la pista que serpentea a mi lado. Escucho un motor en franca aceleración…hasta que el reverberar de lo que inconfundiblemente son “varios” carburadores Weber, me indican que el piloto ha quitado por completo su pie del acelerador. Hay una curva cerca…muy cerca!

El altoparlante – entusiasmado- dice algo en alemán que el sonido de los motores no me permite entender, pero me hace recordar donde estoy. Aún no siento esa certeza del presente! Bien podría ser 1968!!!

Pero, lo primero es lo primero…hay una muestra o exposición dedicada al mismísimo JIM CLARK.

Y casi como un convidado de piedra, su “tótem” vestido con su clásico buzo Firestone de aquel último periodo, nos mira a todos los que nos acercamos con su inconfundible sonrisa. Esa que te provoca ganas de mirarlo de vuelta y sonreírle también!

Indudablemente es un momento lleno de melancolía… que abruptamente es interrumpido –nuevamente- por el altoparlante que indica que está por ponerse en marcha la serie CAN-AM. No me lo pierdo por nada!!

Estos verdaderos monstruos de principios de los 70s, con más de ocho litros de cilindrada y por sobre 800 HP, son un espectáculo desde que se encienden hasta que se les ve pasar por la recta cercanos a los 400 klmh!

Entro al box y ahí están… Porsche, Mc Laren, Lola, Chevron etc. Los iconos de aquellos Sport Prototipo que llegaron a ser verdaderos misiles, mortales… pero sin duda sobrecogedores!

Tan sobrecogedor como lo es escuchar el sonido de varios de ellos en su fase de calentamiento haciendo fantástico eco, cual galope de una cuadrilla de caballos dentro del box antes de salir a la pista.

La gente a mi alrededor se tapa los oídos… yo no quiero…

No solo quiero escuchar, quiero sentir cuando el cuerpo entra en resonancia con aquella vibración que se transmite por el aire y te parece que incluso tu corazón palpita al unísono con ese ruido galopante, y el resto de tus sentidos recogen -a la vez- ese olor dulce del aceite de ricino –de seguro un Castrol R – mezclado con bencina que indudablemente tiene más de 100 octanos y que al quemarse en conjunto, dejan en el aire el más delicioso de los olores…Te abruma! tengo que admitir que sentí en ese momento reales ganas de llorar! No sé por qué!

Pero lo interesante de este evento es que no solo está reservado para los carrozados, para los Sport. Los monoplaza son grandes protagonistas. En varias de sus categorías, F3, F2 y F1. Y aunque no siempre se les denomino así, ver a los “Junior” –como se les llamaba en los 60- es tan emocionante como ver pasar el Williams Honda que piloteara Keke Rosberg, o el March-Hesketh de James Hunt.

¿Hace cuánto que no veía las palabras “March” y “Hesketh” juntas en una misma pieza de carrocería!

Y, al ver los monoplaza completamente desvestidos, es imposible no pensar en cómo ha cambiado incluso el color predominante, medular, espinal del auto de formula. Donde hoy, en cualquier GP predomina el negro “carbón fiber”, en estos boxes el aluminio es el “rey” y los remaches son sus súbditos! A su servicio, alineados en perfecto orden y distancia! Coludidos, artesanía e ingeniería con un fin común!

Me pregunto si ¿serán todos estos ingredientes los que lo hacen a uno sentirse tan cómodo en un evento así? ¿Será que a la mayoría de los que estamos hoy aquí nos pasa lo mismo?

O…será que nos sentimos cómodos porque predominan a nuestro al rededor las canas y el poco pelo? Sera esa la verdadera razón de la sensación de pertenencia?

Porque no hay dudas de que la edad promedio tanto de los mecánicos como la de los pilotos es de sobre los 60 años!

Y aunque los autos lucen tan bien como el día de su debut décadas atrás….por los pilotos ha pasado inexorablemente el tiempo, y sus “restauraciones” no han sido tan exitosas como las de sus compañeros de metal!

Pero como dicen por ahí…”cuando el tiempo pasa tan de prisa… el alma no tiene tiempo de envejecer” y estos eternos pilotos, van a morir con el casco puesto!

Fecha: 26 de abril, 2018
Autor: Ricardo Kobler - Campeonato Histórico de Velocidad