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Arnaud Frennet: Covid-19 vs. Ecología – Reflexión sobre los esfuerzos para cada crisis.
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Arnaud Frennet: Covid-19 vs. Ecología – Reflexión sobre los esfuerzos para cada crisis.

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Viernes 5 de junio, unos 200 surfistas locales se juntan en Punta de Lobos para manifestar su descontento con la prohibición de practicar deportes náuticos y de usar el borde costero. Impuesta en abril, la medida sanitaria apunta a controlar la pandemia limitando la llegada de turistas. Pero ha sido un foco de desacuerdo y división en Pichilemu, la autodenominada Capital Mundial del Surf.

La última vez que los surfistas organizaron una protesta fue 14 años antes, en el 2006, para detener  un proyecto de emisario que pretendía verter las aguas usadas de la Ciudad directo al mar. Esa vez fue éxito. Se consiguió un gran apoyo de la población local, y en consecuencia de los políticos. Así se logró la construcción de una planta de tratamiento que ha permitido evitar un gran daño ambiental y sus consecuencias en el turismo y desarrollo del pueblo. Ha sido un hecho fundamental para la comuna.

El éxito de una protesta y el fracaso de la otra me hacen reflexionar sobre algo que es evidente: es más importante tratar sus desechos, que de surfear en tiempos de pandemia. Es tan obvio que la comparación llega a ser absurda. Pero nos lleva a algo más profundo:  ¿qué es más fundamental? ¿Tomar medidas para la conservación del medio ambiente, o para controlar la pandemia?

La crisis sanitaria nos hace olvidar por un momento la ecológica… ¿qué impacto tendrá el Covid-19 en la historia de la humanidad? Bien poco en comparación a la crisis del medio ambiente.

Las pandemias son procesos naturales, de los tantos que le entregan un cierto equilibrio al planeta. La naturaleza esta alterada por nuestro comportamiento, y nos manda señales como este minúsculo Covid, junto con otros muchos más relevantes como el calentamiento global, la extinción masiva de especies, y tantos más.

Los esfuerzos para controlar la Pandemia han sido extremos, algo jamás visto a nivel global. La coordinación fue bien torpe, es cierto, pero vimos como medidas radicales se expandieron con mucha velocidad en gran parte del mundo. Cambios repentinos y sustanciales que no hemos visto hasta ahora para remediar a la crisis ecológica.

Mientras tanto a nivel local, aparecen cada vez más iniciativas y personas dedicadas al medio ambiente. En Pichilemu por ejemplo, tenemos a personas como Ramon Navarro y Rodrigo Farias, que se han transformados en verdaderos militantes ambientalistas. Tenemos a la fundación Punta de Lobos, que cuenta con un equipo dedicado a la preservación y a la educación medio-ambiental, o también a “Punto Lobos Reciclaje” para nombrar otro ejemplo. Es cierto el surf, como deporte Outdoor, te lleva a tener una conexión íntima con el medio ambiente, de ser más eco-responsable, pero esto no solo ocurre en Pichilemu. Cada año salen nuevas iniciativas en todo Chile y el mundo. Varios puestos de trabajo difícil de imaginar años atrás y que se han hecho posibles gracias a la visión ecológica de algunas empresas, en su gran mayoría financiado por privados.

Tremendamente positivo, pero a la vez tristemente insuficiente. Que sea a nivel local o mundial necesitamos cambios más rápidos. En los últimos 30 años hemos depravado el planeta más que en toda la historia de la humanidad. Los próximos 30 años no nos van a perdonar.

En Chile creamos un ministerio del medio Ambiente en el año 2010. Aún no tenemos algo tan básico como un sistema nacional de reciclaje… ¿Que hicieron durante estos 10 años? Estamos en el año 2020. No reciclar tus desechos debería ser un delito, punto. En cambio todavía se deja a la conciencia de cada individuo decidir si es necesario o no. Es una libertad que tenemos. Surfear en pandemia es un acto delictual, mientras no hay problema en consumir botellas plásticas todos los días, sin reciclarlas… ¿otra comparación absurda? Me encantaría saber lo que se dirá de esto en 100 años más…

Para cambiar el comportamiento de cada humano la única forma es con verdaderas intenciones políticas, y medidas a nivel planetario. Vamos a necesitar un plan global de cómo debe ser nuestra nueva sociedad, de cómo controlar nuestra sobrepoblación, y de cómo nos pondremos en sintonía con nuestro entorno. Tenemos que dejar de alterar el equilibro del planeta y volver a ser parte de Él.

Hoy en día los mejores avances a nivel global se enfocan en el calentamiento global. Amenaza que ya se hace sentir y tendrá consecuencias mucho peores que esta famosa pandemia del año 2020. Pero los acuerdos políticos apuntan nuevamente a controlar el equilibro en vez de adaptarse. Seguimos pensando a corto plazo. Queremos limitar el calentamiento a 2°C máximo. Con eso creemos que podremos seguir el mismo camino de desarrollo.

Es cierto, somos responsables del  calentamiento, por lo menos de su aceleración, y con urgencia tenemos que limitar nuestras emisiones de dióxido de carbono. Pero el planeta siempre tuvo alternancias de periodos cálidos y helados. Si el ser humano no se puede adaptar tendrá que sufrir las consecuencias, como pasó con otras especies. El calentamiento global no es más que otra consecuencia del problema de fondo: nuestra desadaptación.

Los procesos ecológicos son demasiados lentos para la escala humana. Las generaciones de turno prácticamente no se ven afectadas por las consecuencias de sus actos, por lo tanto son muy pobres las motivaciones de romper la dinámica. Los ejes siguen siendo el crecer, ganar más, desarrollar más, invertir para más,… y si se complica nos organizamos para tratar de controlar la situación y poder seguir para adelante.  Inventamos bonos de carbono y listo. Se capitaliza el problema… ¡Genial! Ensucias tú, yo te cubro, y todos seguimos ganando, pasa piola…

En el fondo tenemos que entender que no se trata de “Salvar el Planeta”, y menos por una diferencia de 2°C. Sería muy pretencioso. Nuestro hogar seguirá existiendo mucho después de que hayamos desaparecido como humanidad. Lo hará más caliente o más frio, habiendo encontrado un nuevo equilibrio, y eliminado las especies que no se supieron adaptar. No se trata de controlar a la naturaleza, sino a nosotros.

Los cambios necesarios son dolorosos. Tendremos que dejar libertades como por ejemplo elegir cuantos hijos tener para evitar la sobrepoblación. Tendremos que adaptar todas nuestras actividades, que sean productivas o recreativas. Quizás incluso se tenga que dejar de surfear, esta vez por razones bien fundadas, por ser una amenaza al equilibrio ecológico.

Personalmente me siento incomodo en criticar tanto, y aportar tampoco. Mis actos también son tremendamente insuficientes a pesar de mi consciencia del problema. Soy parte del sistema como cualquier otro. Me he desarrollado siguiendo las reglas del juego. Trato de hacer lo que puedo, pero los costos de marginarse del modelo socio-económico son muy altos y los efectos casi nulos lamentablemente. Necesitamos cambiar todos juntos.

No pierdo esperanza, al contrario. El despertar ambiental es contagioso. Hoy solo una minoría de pioneros lucha por cambiar las cosas, pero cada día crece. Llegará el momento donde todos nos veremos afectados. De no cambiar el compromiso político quizás tendremos que pasar por una transición violenta, tal como las revoluciones y guerras que alguna vez rectificaron el camino de la humanidad.

Tengo fe que lo solucionaremos simplemente porque no tenemos otra opción. Si pudiera subirme a la máquina del tiempo viajará al año 2120 a ver como lo habremos resuelto. Como habrá ocurrido la Revolución Ecológica, y cuales habrán sido sus consecuencias. Como se harán reinventado las ciudades que 1 siglo antes estaban al borde del colapso. Como se habrá logrado implementar un control mundial de natalidad, y a cuales libertades habremos renunciado para ponernos en sintonía con nuestro entorno. Y obviamente trataría de ver cuales deportes sobrevivieron, y si aún está permitido surfear.

Fecha: 30 de octubre, 2020
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