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Lucho Birkner – Ser buen escalador no te hace ser buen ser humano
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Lucho Birkner – Ser buen escalador no te hace ser buen ser humano

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Por Lucho Birkner


Siempre he creído que somos espíritu y energía, y que nuestro cuerpo es solo una herramienta que usan ambos para estar en constante movimiento y balance. Antes de ser escalador, aprendí que el amor y la bondad debían estar sobre todo acto que realizara. Que es “el camino correcto a seguir“, independiente de lo que recibas a cambio.
Al conocer la escalada todo fue tomando forma. Me encantaba estar en un lugar natural para practicar la disciplina que había escogido. Era una conexión perfecta, y con los años me apasioné cada vez más con este estilo de vida, y con las personas que habitaban las zonas donde se escala, su entorno y la magia todo el proceso, desde armar la mochila hasta volver a casa.

Estos valores los puse a prueba en muchos lugares, más aún cuando la escalada se transformó en mi vida. Y como equipador de rutas, soy también consciente que el impacto que se generará en la zona que estoy equipando será grande, que llegarán cientos de personas, pero me cuesta creer que el visitante no logre comprender que ese lugar es su casa, que todos somos parte del mundo y que su cuidado debe ser obligatorio.
Sé que es más fácil ser descuidado que cuidadoso, impaciente que paciente, etc; pero ser fiel a principios fundamentales te convierte en algo más que un escalador, te convierte en un buen ser humano. Si voy a un sector de escalada y paso frente a la casa de los cuidadores del terreno, debo saludar, decir hola y luego chao. Conversar un rato, conocerlos, saber si tienen hijos y si alguna vez necesitarían algo. ¿Qué fácil que suena o no?
Qué fácil que suena hacer caso si ellos nos dicen “por favor no pasen con sus perros por acá, pues alteran a los nuestros”. Qué fácil que es decir bueno y no traerlos la próxima vez. Qué fácil suena bajar a buena hora del sector sin meter ruido y con las luces apagadas cuando pasamos frente a su casa. Y qué fácil sería demostrarles a los dueños que cuidamos el lugar, que no dejamos basura, que no hacemos fuego y que usamos su lugar para conectarnos con la naturaleza y nuestro deporte, no para cúmpleaños, asados y grandes fogatas. Qué fácil es ser un buen ser humano y ser respetuoso, educado y consciente de que todos somos uno. Que el universo funcionaría mucho mejor si nos rigiéramos por los valores de la bondad. 

Lamentablemente, no lo es. Es muy difícil. El ser humano es muchas veces un ser egoísta, que solo piensa en el bien personal y no colectivo. No piensa sus actos repercuten en el resto, en este caso, toda una comunidad amante de un mismo propósito. Así se van cerrando muchas zonas de escalada no sólo en Chile, sino que en el mundo. ¿Y por qué? Porque decidimos de alguna manera ser flojos, mal educados y optar por el camino fácil, donde el respeto esta en el último rincón.
Hoy lo vivimos en una de las zonas de escalada más emblemáticas de Chile, el Bosque Mágico de El Arrayán. Y no porque lo teníamos descuidado, pues teníamos el sector bastante bien manejado con carteles y proyectos de conservación. Es más, era un jemplo y modelo para otras zonas. El cierre de este sector es únicamente responsabilidad de que el ser humano prefirió convertirse en mejor escalador, que en mejor ser humano.

Seamos nosotros mismos el cambio que queremos ver en el mundo, no esperemos a que un grupo tome iniciativas, seamos independientes al momento de tomar nuestras decisiones. Recojamos un papel si lo vemos en el suelo aunque no sea nuestro, seamos la voz defensora de la naturaleza cuando veamos algun acto que atente a ella, pues quedarnos callados nos hace igual de culpables. Seamos respetuoso con las personas y siempre recordemos que todos, pero todos, valen por lo que son. Disfrutemos la escalada desde que despertamos hasta que nos acostamos. Que no sea solo un deporte o actividad que hacemos, que sea nuestra maestra de vida.

Fecha: 29 de agosto, 2018
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